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Guerra no declarada
Por Marielos Monzón - Guatemala, 25 de noviembre de 2008

A la luz de las terribles cifras de asesinatos, violaciones, ataques sexuales, violencia intrafamiliar y lesiones graves contra las mujeres, podemos concluir que el valor de la vida humana de las mujeres no existe en nuestro país. Es como si nuestra vida y seguridad no importara, o como si esto de los asesinatos y la violencia fuera un problema solamente nuestro y, por lo tanto, nosotras debemos buscar cómo resolverlo.

En Guatemala, la violencia contra las mujeres se justifica como parte de la cultura y de las relaciones “naturales” entre hombres y mujeres; además, se le quiere hacer ver como un problema doméstico y privado, a partir de lo cual se ha construido un manto de silencio e impunidad a su alrededor, que va desde el policía que le pregunta a la mujer agredida que llega a denunciar: qué le hizo a su marido para que le pegara así, hasta el diputado que pide que por ser “un asunto de mujeres” se vaya a la Comisión de la Mujer, pasando por el juez —señalado de maltrato intrafamiliar— que solamente es trasladado a otro juzgado.

Por si fuera poco, las mujeres violentadas deben cargar, además, con la culpa de lo que les ocurre, el terrible señalamiento de “crimen pasional” está a la orden del día y sirve para justificar al victimario; a esto se suman los argumentos de “llevaba minifalda” o “estaba vinculada a pandillas juveniles”, como si estas fueran razones suficientes para asesinar, agredir o golpear a una mujer.

En lugar de disminuir, la violencia contra las mujeres sigue en aumento y coloca a Guatemala muy lejos de los países que pueden considerarse civilizados. De acuerdo con datos de la Policía, entre enero y octubre de este año, fueron asesinadas 568 mujeres, y hasta el mes de agosto, lesionadas de gravedad 681 mujeres más. El 80 por ciento de los asesinatos y el 72 por ciento de las agresiones graves se cometieron con arma de fuego. La mayoría de los cuerpos de las mujeres presentan señales de violación, tortura o mutilación, lo que nos habla de la saña y el odio con el que se cometen los crímenes y nos permite afirmar que lo que está ocurriendo en este país no es otra cosa que femicidio, es decir, la muerte violenta de mujeres por su condición de mujeres.

A pesar de que se han cometido tres mil 853 asesinatos de mujeres entre los años 2001 y 2008, solamente se han obtenido 52 sentencias condenatorias; lo que nos da una idea del paraíso de impunidad en el que se ha convertido Guatemala para aquellos que se dedican a agredir, violentar, acosar y asesinar mujeres. En el mismo período de tiempo, en la guerra de Afganistán, han muerto menos de mil soldados norteamericanos, lo que significa que es más peligroso ser mujer en Guatemala que soldado enfrentado a Al Qaeda.

Lo que no puede ser es que las cosas continúen así y empeoren; lo que no puede ser es que la respuesta a la violencia contra las mujeres sea la indiferencia y el silencio. Abordar de manera integral, inmediata y multidisciplinaria la problemática de la violencia contra las mujeres es imprescindible. Es preciso empezar a crear una cultura de denuncia y de tolerancia cero a la agresión. Los esfuerzos deben encaminarse también a la prevención a través de una masiva campaña de educación y sensibilización; a la aplicación de las leyes vigentes —en especial la del femicidio y otras formas de violencia— y a la creación de nuevas leyes —como la de armas— que contribuyan a erradicar el problema y no a empeorarlo. La violencia contra las mujeres no es natural y no debe ser tolerada, es tiempo de alzar las voces por la vida y la seguridad de las mujeres.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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