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Golpe de Estado
Por Marielos Monzón - Guatemala, 30 de junio de 2009

Las imágenes en la televisión me remontaron inmediatamente al pasado. Tanquetas, aviones sobrevolando, gente en las calles llorando y exigiendo a los militares respeto al gobierno democráticamente electo. Unas horas después, en conferencia de prensa, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, en pantalón y camisa de dormir, denunciando —junto a su homólogo de Costa Rica, Óscar Arias— cómo hombres encapuchados asaltaron su casa, le apuntaron con fusiles en la cabeza y el pecho y le golpearon, para luego subirlo a un avión con destino desconocido. A través de las cadenas internacionales, Xiomara Castro, esposa del presidente Zelaya, denunciaba escondida en una montaña de Honduras, “cómo con fusiles buscan acallar la voz del pueblo”.

Del otro lado, un montón de diputados y diputadas golpistas, tratando de justificar lo injustificable, queriendo disfrazar el golpe de Estado contra un presidente legítimamente electo de “transición democrática del poder”. Con una maniobra burda, el secretario del Congreso hondureño leyó una supuesta carta de renuncia que les llegó por “correspondencia” donde, entre otros motivos, el presidente Zelaya argumentaba “razones de salud” que le impedían “concentrarse” en sus obligaciones. ¿? A lo largo de la jornada, transmitida en directo por canales internacionales porque los locales fueron sacados del aire, las declaraciones de los diputados presentes no hacían más que evidenciar el complot: “Esto no es un golpe de Estado por cuestiones personales, sino para corregir el rumbo”, dijo uno de estos legisladores en un arranque de prepotencia —suele suceder, ¿verdad? dicen lo que realmente piensan porque se sienten impunes—. La tapa al pomo la puso el comisionado de derechos humanos de Honduras, cuando dijo: “Los pueblos del mundo van a ir entendiendo lo que pasó, es mejor haberlo sacado del país y mantenerlo en el exilio, que estarlo juzgando aquí y meterlo preso por delitos de orden público”.

Pues fíjense que no, ningún pueblo del mundo necesita tiempo para entender lo que sucedió, porque lo ocurrido está muy claro: en Honduras hubo un golpe de Estado, promovido por los oligarcas —representados en los partidos políticos de la derecha conservadora— con tentáculos en todos los poderes del Estado. ¿Les suena? Zelaya lo resumió muy bien: “Este es un golpe del grupo oligárquico y las élites políticas, que instauraron un Estado burgués altamente conservador y utilizan las fuerzas armadas para mantener el statu quo”. Está clarísimo que la democracia les sirve —única y exclusivamente— cuando les es funcional a sus intereses, pero cuando un gobierno empieza a “meter las narices” en temas que según ellos no le competen no dudan en dar el zarpazo y echar por tierra el sistema. Ayer mismo, escuchábamos en Guatemala a algunos personajes justificar el secuestro de Zelaya, su canciller y algunos de sus ministros, avalar el estado de Sitio, la persecución de los líderes sociales y hasta la brutalidad en el accionar de las fuerzas armadas.

Las instancias más representativas a nivel mundial —desde las Naciones Unidas hasta el Sistema de Integración Centroamericana, pasando por la Unión Europea y los propios Estados Unidos— han condenado el golpe y pedido la inmediata restauración del orden constitucional vía la vuelta a la presidencia de Manuel Zelaya. A su alrededor, todos los demócratas debemos cerrar filas.

Lo ocurrido en Honduras es una muestra de lo que son capaces de hacer estos personajes oscuros y fascistas —disfrazados de demócratas— las estrategias son diversas, pero todas tienen la misma intención: que todo se mantenga tal como está para seguir mandando en estos sus estados-fincas.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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