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La U en resistencia
Por Marielos Monzón - Guatemala, 1 de septiembre de 2010

Sin lugar a dudas, dotar a la Universidad de San Carlos de autonomía fue una de las grandes conquistas de los gobiernos revolucionarios. Con suma claridad, los políticos de la primavera democrática comprendieron la importancia de garantizar para la universidad pública del país el autogobierno.

Y no se equivocaron. Durante los años de la dictadura fue la Universidad, a través de sus docentes, trabajadores y sus estudiantes, quien, junto a otros sectores y movimientos sociales, encabezó la lucha contra la represión. Por eso la altísima cauda de sancarlistas exilados, torturados, secuestrados, desaparecidos y asesinados.

Las mejores cabezas de este país, que fueron cobardemente asesinadas, provenían, en su mayoría, de este espacio autónomo universitario, plural y democrático, que por ser público posibilitó que gente de todos los sectores sociales confluyera para constituir un tanque de pensamiento y de acción capaz de transformar las injustas estructuras económicas y sociales, impuestas por una cúpula oligárquica y defendidas por un ejército sanguinario.

A la embestida de la violencia política le siguió la acometida neoliberal, que no ha escatimado recursos y estrategias, para cooptar la Universidad y convertirla en otro de sus feudos. Sin tregua, como con todo lo público, se han dado a la tarea del desprestigio continuo, que justifique, en su momento, la privatización de la educación superior. Han infiltrado los movimientos estudiantiles, los claustros de profesores; han contaminado los procesos de elección de las autoridades en escuelas, facultades, gremios y en la propia Rectoría. Además, han tomado una serie de medidas que ponen en entredicho el carácter incluyente de la única universidad pública del país, y fomentado un silencio cómplice, que deja mucho que desear, de quien, por mandato constitucional, está llamada a contribuir a la solución de los problemas nacionales.

La acción de un grupo de jóvenes aglutinados en la agrupación Estudiantes por la Autonomía (EPA) ha logrado colocar en la agenda pública la situación por la que atraviesa la Universidad, no para destruirla ni para debilitarla, como sí están interesados en hacer muchos sectores (incluidos algunos grupos y personajes dentro de la propia Usac), sino para posibilitar una sacudida capaz de devolverle el rumbo. En un comunicado conjunto de varias organizaciones sociales se puede leer: “Este proceso, más que ser visto como un problema irresoluble, debe ser visto como la ventana de oportunidad para discutir y consensuar el rol y el papel que la Universidad Pública debe de jugar en la consolidación del Estado de Derecho y la democratización del país”. El documento deja en claro las razones por las que los estudiantes debieron optar por las medidas de hecho: “Posterior a las incontables propuestas que desde el sector estudiantil se han realizado, sin ser tomadas en cuenta, verbigracia del fracasado proceso de Reforma Universitaria iniciado en 1989, la resistencia ha sido el último camino a tomar, frente a autoridades que no propician diálogo con acuerdos y compromisos que sean respetados y cumplidos, sino más bien las recientes declaraciones públicas del Rector Magnífico sólo propician y estimulan la confrontación.”

A los jóvenes, que no visten camisas blancas, también les asiste el derecho de defender lo que creen. Defienden una causa común y democrática: la autonomía universitaria. Su resistencia debiera posibilitar un espacio de encuentro de los sectores progresistas, para el rescate de la Usac.

Fuente: www.prensalibre.com.gt - 310810


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