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¿Despertará Guatemala?
Por Marielos Monzón - Guatemala, 16 de enero de 2013

El año inició con la muerte violenta de tres mujeres, una de ellas desmembrada. El 2012 terminó también con cifras alarmantes sobre los asesinatos de mujeres caracterizados por un nivel grotesco de saña y de odio. Esto sin contar los casos de mujeres violadas, heridas y desaparecidas. En diciembre, el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva informó que entre enero y octubre del año pasado se contabilizaron dos mil 877 partos de niñas entre 10 y 14 años, número en el que no se incluye a las pequeñas que no quedaron embarazadas tras una violación sexual, porque todo embarazo en una persona menor de 14 años no es otra cosa que eso: un delito.

Muy lejos de Guatemala, en la India, el terrible caso de Amanat conmocionó a la sociedad como nunca antes había sucedido con una agresión sexual a una mujer. Amanat, pseudónimo con el que la prensa bautizó a la víctima, fue violada y torturada con una barra de acero, dentro de un autobús, por seis hombres, durante una hora. La joven de 23 años murió el 29 de diciembre del 2012, tras dos semanas de agonía.

“En un país en el que el desprecio a la mujer se traduce en uno de los niveles de acoso y agresiones sexuales más altos del mundo, se ha producido una auténtica rebelión social contra la tradicional pasividad e insensibilidad de la Policía y de la casta política hacia estos crímenes. Las manifestaciones espontáneas, muy violentas algunas de ellas, se produjeron desde el día siguiente de la fatal agresión de Amanat en Nueva Delhi y se han extendido a todo el país. Los medios han reproducido con profusión de detalles no solo la brutalidad sufrida por Amanat, sino las agresiones de las que son objeto a diario miles de ciudadanas en una democracia, la más grande del mundo, a la que se acusa de ser incapaz de proteger a la mitad de su población”, señala el editorial del diario español El País, titulado India despierta.

Me pregunto yo, entonces, si Guatemala algún día despertará de este letargo social en que estamos inmersos y que nos mantiene indiferentes y estáticos ante la violencia espantosa que sufren a diario las mujeres y las niñas chapinas. ¿Cuándo la indignación llegará al límite y producirá una masiva reacción que conmueva los cimientos más profundos de un país acostumbrado a ver los asesinatos, la violación sexual y la tortura contra las mujeres como algo normal y natural?

Los asesinatos y las violaciones sexuales son hechos deleznables en sí mismos, que sin embargo se agravan por la insensibilidad mayoritaria y también por la falta de justicia. La impunidad, que perpetúa un crimen, es una doble afrenta para las víctimas y un pésimo mensaje para los perpetradores y los victimarios que entienden que su conducta no será castigada y, por lo tanto, es admitida y puede repetirse.

Tenemos como país una tarea pendiente, la de desterrar una cultura misógina —de odio hacia las mujeres— y de desprecio por ellas, y sacudirnos esta terrible indiferencia que tiene su máxima expresión en la falta de justicia. Quizá el cambio de era y el inicio del año nos permitan reaccionar y un día amanezcamos con miles y miles en las calles para exigir no más violencia contra las mujeres y no más impunidad.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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