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Los Anti-Bush, la historia y el sistema
Por Mario Castañeda - Guatemala, 22 de marzo de 2007
marioecastamal@yahoo.com

A las izquierdas en Guatemala les cuesta comprender la dimensión humana de las luchas. Y cuando me refiero a las izquierdas, lo hago no necesariamente a la institucionalización de las mismas a través de partidos políticos, me refiero a sectores e individuos que se especializan en parcelar de la mano de la famosa cooperación internacional reivindicaciones que no tienen un carácter interclasista, sino solamente étnico, de preferencia sexual y que raya en lo ahistórico.

Y es que la dimensión humana de las luchas va más allá de proyectitos que se escudan en la trillada Memoria Histórica sin entender la historia desde el presente en un viaje circular explicativo hacia el pasado y con una permanente reflexión política, económica, cultural y social.

No hay una diferenciación entre lo que es luchar con cabeza y lo que es luchar con el resentimiento antiimperialista desfasado que se derrama en los labios con insultos y consignas que solamente el viento les pone atención porque no hay otro que se los lleve. Claro ejemplo fueron muchos de los discursos soeces y políticamente correctos que algunas organizaciones proclamaron de manera victoriosa durante el recorrido de la manifestación que se detuvo frente a la embajada estadounidense y culminó en la municipalidad capitalina previo a la llegada del finquerito que vino a supervisar su finca.

Los discursos anti-bush simplemente desnudan la poca visión de las organizaciones sociales y del momento histórico que nos toca afrontar, descargando en su lenguaje rabioso vanos argumentos descontextualizados del presente y del pasado. Todo se reduce a reivindicar una resistencia que parte del análisis de la intervención de la CIA en 1954 en Guatemala para derrocar al Coronel Jacobo Arbenz, sin tener plena conciencia de actores y procesos que vienen de la mano de condiciones precapitalistas desarrolladas con el deformado ideario del período liberal que los terratenientes, políticos y empresarios nacionales y foráneos desde principios del siglo XX practicaron.

Lo más triste es que se fijan posturas solamente de choque y no para rebatir con la palabra los argumentos del capitalismo, algo que ayudaría a tener consistencia al salir a las calles. Activismo barato que no resuelve y que complica la proyección que se le da al común ciudadano de su necesidad de participar, y que hábilmente es utilizado para justificar por los que se consideran de sangre azul y dueños de los espacios públicos maquillados para hacer creer que estamos bien, que las luchas populares no tienen sentido porque destruyen la propiedad pública y privada.

Por ejemplo, las pintas realizadas en el monumento de la conocida Plazuela o Plaza España son acciones que no consideran el valor histórico de monumentos que, independientemente de su connotación ideológica, son parte del imaginario y del pasado de este país, que, en mi opinión, debiera ser utilizado como parte de una educación liberadora para explicar tangiblemente la esencia de esa representación arquitectónica y sus efectos en la organización social en diferentes momentos de nuestra historia.

Yo no estoy en contra de las pintas siempre que no destruyan vestigios materiales de la historia guatemalteca. Estoy en contra también de pintar en las paredes oraciones que solamente se encarguen de recordarle su árbol genealógico a x ó y personaje. Falta creatividad y comprender que las marchas no deben ser solamente descargas emocionales sino manifestaciones pacíficas o violentas con una conciencia plena de qué es lo que se hace, por qué se hace, quiénes lo hacen y para qué.

Señalar a Bush como el único símbolo responsable de las ocupaciones militares en diferentes países y de la injerencia política y económica en gran parte del planeta, es poner la cara nosotros por los caprichosos europeos que exaltan su antiamericanismo y que financian proyectos en países como el nuestro para no quedarse fuera de la tajada beneficiosa que sus gobiernos y empresas hacen en ésta región dentro de la dinámica capitalista.

Es además, negar precisamente la importancia que tienen las empresas transnacionales en el apoderamiento de los recursos que día a día se agotan en el planeta. Culpar exclusivamente a Bush de la situación en el mundo no es más que la negación de las contradicciones del sistema y sus efectos devastadores. Debe haber un análisis más profundo para comprender que no solo Estados Unidos invade Irak, que también hay países europeos con tropas en diferentes partes del planeta y que el negocio de las armas que mantiene al terrorismo con sus diferentes expresiones en el mundo, responde a situaciones geopolíticas con un fondo económico.

Debe entenderse que Bush no tendría –como actor clave dentro del sistema mundial- el poder que tiene si no estuvieran a su servicio burguesías y oligarquías que al parecer no han comprendido los postulados liberales, y en su lugar, han apostado por acelerar sus contradicciones reproduciendo un neoliberalismo que a ellos mismos les cerrará el círculo de acumulación y hará de sus teóricos representantes obsoletos que se quedarán atrapados en el fin de la historia.

Mientras, las izquierdas tienen la responsabilidad histórica de lavarse la cara internamente para hablar públicamente, con responsabilidad y sin culpa, pero, además, con fundamento sobre las necesarias transformaciones estructurales que nuestra sociedad exige. A partir de eso, van a poder hablar y luchar sin verticalismos y actitudes inquisidoras; podrán hablar y hacer con su conciencia erguida un planteamiento claro y una práctica digna sobre Derechos Humanos; van a ser independientes económicamente y podrán dejar de hincarse, adular y poner la mano abierta para recibir las limosnas que hacen de su actuar representaciones teatrales coyunturales que les permite vivir de sus muertos, excepto de los que ellos hicieron.

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