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Pensando el nuevo sujeto posible: apuntes para la discusión
Por Mario Castañeda - Guatemala, 5 de abril de 2007
marioecastamal@yahoo.com

Negarse a aceptar lo inaceptable debiera ser una práctica cotidiana. Me resulta urgente pensar, repensar y hacer un ejercicio de vida sobre la negación de lo divinamente concebido o terrenalmente aceptado como irreversible para que esa negación no se convierta en un grito carente de movimiento y ausente de mostrar con el rostro obrero (utilizo el término obrero para referirme al sujeto convertido en objeto y hacedor de trabajo vivo en toda sus dimensiones) al capital y a sus domadores, el dulce sabor de la venganza gradual de la conciencia desde la negación misma del sistema hasta la rebelde escupida de la palabra cargada de violencia histórica por la generacional explotación institucionalizada mediante la cosificación humana.

La algarabía de los neoliberales de sentirse plenos sobre la “bondadosa” mano invisible del mercado germina del trabajo físico e intelectual de gente asalariada, y solo puede ser vista desde sus ojos de manera dicotómica como: el agradecimiento que los receptores de la “oportunidad de trabajar” deben tener hacia los dadores de empleo, y como el derecho a tener y defender propiedad privada para acumular e institucionalizar las diferencias de clase en el eterno solidarismo de las sociedades dependientes como la nuestra, más en época de supuesta paz.

Me parece fundamental el planteamiento abordado por Mario Palomo en el artículo: La negativa a aceptar una realidad inaceptable: imaginando a un sujeto posible, publicado el 3 de abril en ésta revista electrónica, particularmente cuando insiste en que regresar al sujeto es abrirse al conocimiento del mundo desde la categoría de la lucha, más aún: aprender el mundo como lucha. (…) Y es que no basta con comprender positivamente el carácter estructural del fetichismo que calca las relaciones sociales de las que activamente participamos y sus múltiples expresiones cotidianas (la política, el arte, la espiritualidad, las relaciones amorosas, étnicas y de clase, etc.); ya que limitarnos a asumir el conocimiento de esa manera –aunque se haga desde postulados teóricos basados en Marx-, simplemente nos lleva a reproducir todos y cada uno de los aspectos y comportamientos de la realidad que queríamos demoler a través de la crítica.

Más claro no puede estar. Es necesaria la invención de un nuevo sujeto posible, un sujeto dispuesto a negar la realidad estando en ella. Un sujeto capaz de pertenecerse a sí mismo y que más que invención sea un sujeto práctico que no solamente conozca cómo es la dinámica del sistema sino que esté dispuesto a su transformación.

Pareciera que regresamos a una edad oscura en la que la destrucción es cada vez más inminente a partir del intenso crecimiento de los fundamentalismos religiosos y de la contradicción misma del capitalismo de reproducirse desde la explotación de la mano de obra y la negación del individuo y las colectividades, ante ello, es necesario plantearnos qué tipo de sujeto queremos para la transformación de este desastre.

Estoy claro en la importancia de ese nuevo sujeto, pero, me surgen algunas dudas que me arrastran a pensar en la viabilidad del mismo como ser pensante y hacedor de cambios profundos no solo intelectuales sino materiales. Por ejemplo, este nuevo sujeto posible ¿es individual o colectivo, o puede ser ambos a la vez?

Si nuestra realidad está condicionada por una dinámica de mercantilización de ofertas de cambio, especialmente en año electoral, ¿cómo puede desarrollarse este sujeto posible, que, precisamente, no es posible todavía porque no ha trascendido el conformismo producido por la represión, su cosificación, el lenguaje adormecedor del capital y el relativismo posmodernista?

¿Será más viable en nuestra sociedad un sujeto nuevo que se encamine por los senderos del liberalismo, asumiéndolo dentro de una lógica más acorde al contexto guatemalteco en el que los partidos suelen ser vistos como las únicas opciones de cambio dentro de la tristona esperanza de cada cuatro años, y porque hablar de socialismo actualmente es considerado como un desfase ideológico o como una añoranza de algo fallido?

¿Este nuevo sujeto posible puede caracterizarse como anárquico?

¿Si el enfoque leninista del sujeto puro revolucionario no empata con esta nueva forma humana de asumir la realidad, qué podemos entender en la construcción del nuevo sujeto posible por revolución y por revolucionario, o sería escueta pero pragmáticamente transformador?

¿Podría aproximarse este nuevo sujeto al sueño húmedo de una sociedad más digna desde el reconocimiento y la comprensión de lo nacional-popular e interclasista?

¿Qué responsabilidad histórica tendría y cómo habría de asumirla este nuevo sujeto ante la cooperación internacional, lo políticamente correcto y las izquierdas?

¿Podría o no ser parte de un movimiento social o un movimiento de resistencia, y de ser así, cuál o cuáles serían sus relaciones con ellos?

Reitero la necesidad de negar lo inaceptable y asumo el reto de esa búsqueda individual y colectiva de ese sujeto, pero, hago énfasis en que si no le damos curso a esta discusión a diferentes niveles, si no hacemos el compromiso de vincular teoría-práctica (no de manera separada como normalmente se piensa “teoría y práctica”) y mientras quienes tenemos la posibilidad de desnudar las falacias del neoliberalismo nos callamos o autocensuramos, este nuevo sujeto que imaginamos y deseamos construir, difícilmente sea posible.

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