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Los niños y los malabares
Por Mariano Cantoral - Guatemala, 9 de febrero de 2010

La guerra no logró acabar con todas las utopías, aún las hay posibles o al menos imaginables, quizá una de ellas sea la de procurar un mejor futuro para los niños, eso pensé como un mecanismo de defensa para evitar algún sentimiento lúgubre, después de que situado en una esquina de la zona uno, esperando que el semáforo diera verde, un niño descalzo salió como de la nada, se postró en medio de todos los automóviles y empezó a hacer malabares con dos pelotitas típicas de las que venden en la Antigua Guatemala y en el mercado central. Se notaba que apenas había aprendido la técnica pues incluso las pelotas parecían pesarle y dolerle cuando se separaban de sus dedos y por ley de gravedad regresaban a sus lánguidas manos, ha de suponer que nos entretiene y no faltará el frívolo que no vea en él más que a un infante “ganándose” su diminuta vida, a mí más bien me provocó tristeza. El niño ha de calcular en la mente el tiempo que dura el semáforo en rojo, y también sabe en qué parámetro preciso de tiempo dejar de hacer su show para pasar por cada ventana de cada conductor a solicitar una moneda que seguramente no servirá para comprar un su nacho, un su chupete o un su cuaderno y lapicero para escribir sus primeras novelas, sino para entregarlas íntegramente a su patrono. Quisiera haber tenido el tiempo necesario para explicarle a ese niño que existe un Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) regulada por la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de la Niñez, misma que cuenta con cincuenta y cuatro artículos y fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en noviembre de mil novecientos ochenta y nueve, que además existe un Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil aprobado el año de mil novecientos noventa y nueve por La Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo, sólo por mencionar algunas de las principales normas internacionales que jurídicamente lo deben proteger. Quisiera también haberle contado a ese ishtío que hay vigente un Código de Trabajo que prohíbe su explotación laboral y permite su trabajo sólo en casos excepcionales previo a cumplir requisitos y medidas de protección reglamentadas por la Inspección General del Trabajo, ah, y que por ahí cerca hay una Procuraduría General de la Nación que debe representarlo en el caso lamentable de que no cuente con una familia integrada que lo eduque y lo haga muy, pero muy feliz. Olvidaba que también quise comentarle que hay un gabinete específico (integración de varios ministerios) denominado Comisión Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil. Pero más rápido el semáforo se tornó verdoso en que yo pudiera cumplir mi objetivo.


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