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Del acoyuntura y estructura de los problemas sociales
Por Mariano Cantoral - Guatemala, 2 de septiembre de 2010
chitomc@hotmail.com

Cuando los críticos escenarios sociales que se examinan son colocados bajo la lupa de la sociología e historia, es necesario discernir en ellos su naturaleza estructural o coyuntural, esto pues de la perspectiva que se elucide en ese sentido y sobre esa base, resultarán las metodologías más pertinentes y la configuración de una praxis a aplicar y utilizar en la búsqueda de respuestas y conclusiones abstractas y/o concretas, ya sea que germinen novedosamente o dimanen de otras anteriores para la posible solución de los mismos

Personalmente y con fines analíticos, concibo simbólicamente a los problemas sociales como árboles, cuya procedencia radica, según mi postura, en las distintas semillas que fueron sembradas con intenciones a veces benévolas, o a veces aviesas, en algún momento histórico de las naciones.

Así pues, en ese sentido figurativo, me permito definir a los problemas estructurales como el conjunto los síntomas y/o patologías sociales de naturaleza radical, esto es, que devienen de la raíz misma del árbol, y que para ser eliminados es menester atacarlos en la esencia misma de su origen, por ejemplo, problemas sociales como la cultura de violencia, la depredación de recursos naturales, la expoliación foránea, la pobreza impuesta por un sistema acaparador y explotador, el irrespeto a la leyes justas, la corrupción, la no priorización en temas de supervivencia por parte de quienes ostentan el poder, entre otros, son resultados consecuentes de dichas semillas históricas.

El contexto histórico de la siembra de estas semillas que constituyen los problemas sociales actuales son aproximadamente identificables mediante un repaso juicioso de la historia misma, en el caso de Guatemala, por ejemplo, en las conquistas violentas, en las enraizadas y perdurables ideas coloniales, en el sistema de castas privilegiadas (casi un sistema estamental), en el dinero como mecanismo para obtener prestigio social, en la represión institucional, entre otros, que como ya dijimos han condicionado nuestro presente, y hoy en día se manifiestan cándidamente en sus modernas, evolucionadas y contextualizadas versiones (en todo el follaje y ramaje de su esplendor) tales como: la facilidad de intervención en asuntos internos, las políticas colonialistas (el entreguismo en lo externo y las políticas neofeudales a lo interno), la explotación laboral en detrimento de derechos humanos-obreros, la discriminación, la estratificación tácita de ciudadanos por categorías, las leyes con dedicatoria, el crimen organizado, el crimen común o simple, la pasividad ciudadana, la falta de acceso a servicios sociales básicos, la intolerancia, el abuso oficial del poder y de la fuerza, entre otros.

Como puede ser colegido de lo anterior, a grandes rasgos podemos hallar una correlación entre esas semillas históricas y los frutos actuales, que son problemas de talante crítico puesto que los árboles-problemas a los que nos referimos llevan más de quinientos años de expansión y crecimiento desmedido, y que si bien, se han ido podando, en algunos momentos mediante políticas públicas y participación extraoficial (civil, ciudadana, privada-productiva, intelectual, etcétera), lo que se ha hecho es sólo eso, podar y repodar, cortar algunas ramas, limpiar el follaje, quitar la hojarasca del suelo y alguna que otra maleza circundante y en los casos más perversos, “el arbolito de nuestras miserias humanas” se ha regalo impunemente bajo la claridad del sol meridiano , entonces pues, no se ha atacado la raíz misma de los problemas, que es de donde mana la naturaleza incontenible de los mismos, la que se sufre en los escenarios humanos de interrelación, convivencia y supervivencia.

No pretendo, desde luego, con este artículo tan breve, analizar uno por uno los problemas a los que ya me he referido de manera superficial ni realizar propuestas concretas con matices dogmáticos o deterministas (algo que no admite gradación), sino más bien, contribuir, quizá menudamente, desde escuetos postulados teóricos, quizá abstractos, quizá alegóricos, al análisis crítico de los mismos, en pro de la búsqueda de soluciones, desde la vía institucional y no institucional, para lo cual se requieren acciones de alta envergadura, por lo ya expuesto.

Por otro lado, están los problemas coyunturales, que son, por definirlos de algún modo, expresiones sociales de caos en los ámbitos de desenvolvimiento humano y de interrelación, que no son directamente de naturaleza radical, sino ramal, es decir, aquellos que pueden ser identificados en las ramas del árbol simbólico, pero que derivan de un hecho o suceso presente y actual, y que puede ser solucionado, adoptando medidas de urgencia (cortar la rama de tajo con el hacha de la justicia), atendiendo a las circunstancias del mismo, pero que la dificultad o dilación en la solución de los mismos depende de situaciones estructurales (por ejemplo: el hacha no posee suficiente filo, o no hay suficiente habilidad en las personas legitimadas para realizar la tarea). Y lo que es peor, una situación coyuntural no resuelta puede transmutar y convertirse en estructural.

Nota: Lo anterior es una construcción teórica personal, por lo cual no se citan fuentes.

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