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El REMHI y Gerardi - “ Eduquemos para el Nunca Más” de la ODHA persigue la Cultura de Paz en la niñez y juventud
Por Margarita Carrera - 2 de abríl de 2004

No sé si es ignorancia o mala fe lo que hace que un columnista de Siglo Veintiuno afirme que monseñor Gerardi “operó con los delincuentes subversivos” e incluso fue uno de los “fundadores del grupo de sacerdotes que en México activó metralleta en mano al lado de la URNG”.

Me pregunto de dónde extrajo semejante calumnia y si alguna vez ha tratado de enterarse de la vida y obra del creador del Remhi yendo a fuentes históricas comprobables y verídicas.

Pero el objetivo de este articulista es, ante todo, desprestigiar la labor educativa de la ODHA, que, en base al Remhi y a la CEH, se dirige a preservar la memoria del terrorismo de Estado mediante un programa de educación dirigido a la niñez y juventud en Guatemala.

Se trata de una Propuesta Pedagógica intitulada “Eduquemos para el Nunca Más”, la cual tiene como finalidad contribuir a la construcción de la Cultura de Paz desde la niñez y juventud guatemalteca a través de una educación participativa, significativa y liberadora; para ello se toma como base la Memoria Histórica de los Pueblos, promoviendo valores que incentiven y mantengan el amor al prójimo, unido a la solidaridad, la verdad, la justicia y la reconciliación.

En ningún momento se trata de dañar la mente infantil ni incentivarla al odio, sino de ilustrarla de lo que sucedió en el pasado para que NUNCA MÁS vuelvan a repetirse las horrendas violaciones a los derechos humanos cometidas contra cientos de aldeas y poblaciones indígenas. Un estar alerta, un ALTO rotundo a la infamia y un anhelo de reconstruir el tejido social roto por la guerra sucia.

Sirva de ejemplo la siguiente anécdota: Cuando se iniciaba el trabajo del Remhi, estando reunidos víctimas y victimarios en un salón comunal de una aldea de Sacatepéquez, se lanzó la pregunta ¿qué pasó?

Un comisionado militar se levantó y dijo: “pues aquí no pasó nada; tranquilos, gracias a Dios y no hay problema”. Pero al fondo del salón, una señora de corte, cakchiquel, sin quitar los ojos del suelo, se levantó y dijo: “Si aquí no pasó nada, ¿quíén me puede explicar que hicieron con mi esposo y dónde están mis hijos?”.

No se trata de enseñar a odiar, sino de conocer la verdad histórica que condujo a la muerte a 200 mil civiles. Como Rosalina Tuyuc hay entre 70 y 80 mil mujeres indígenas que no saben de sus deudos desaparecidos. Cuando se les habla dicen: “Que Dios perdone a los que me hicieron esto”, pero siguen llevando dolor en su corazón.

El Remhi y la CEH recogen miles de testimonios de víctimas y victimarios.

 

Tomado del diario Prensa Libre- www.prensalibre.com


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