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Hombres necios
Por Margarita Carrera - Guatemala, 8 de octubre de 2004

Peor que vender el cuerpo es vender el alma.

La redondilla de Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón...”, me viene a la memoria ahora que en Guatemala se ha condenado al equipo de fútbol “Estrellas de la Línea”, formado por prostitutas.

Aunque no solamente son los varones quienes lo condenan, también algunas mujeres. Pero, ¿quién tiene la culpa, “la que peca por la paga / o el que paga por pecar?” También se podrían citar las palabras de Cristo ante la Magdalena: “Quien esté libre de castigo, lance la primera piedra”.

Si la prostitución (consecuencia del patriarcado) no fuera además de alivio, lucro para los varones, habría leyes que la prohibieran. Las mujeres que generalmente escogen este oficio no es por vicio sino por necesidad.

Porque el hambre las apremia y no consiguen otro trabajo para sobrevivir. Se les llame como se les llame, desde putas hasta sexoservidoras, la sociedad hipócrita, machista y sádica siempre las condena. Hay misóginos que lo dicen sin pelos en la boca cuando exclaman con soberbia: “A las putas por su nombre”.

Freud apunta que la civilización se inicia con la represión sexual incestuosa. De ahí a la monogamia hay sólo un paso. Una forma de quebrantar la monogamia sin perjuicio de la “sagrada familia” es acudir a las prostitutas. ¡Ah, sí, pero ellas son las cochinas, ellas son las malas!

A las “Estrellas de la Línea” se las acusó de usar lenguaje inapropiado. No son las únicas. Fácilmente se oye hablar con idéntico lenguaje a señoritas y damas que se dicen educadas. Además, las palabras son eso, palabras, y todas son necesarias.

Que las jóvenes de la clase media y alta que conforman equipos de fútbol tengan la suerte de tener un hogar que las proteja, no las hace superiores. Es más, al desconocer la lucha por la vida, aprenderían algo de las que, orilladas por la pobreza y el maltrato, se han visto obligadas a vender su cuerpo. Sabrían lo dura que es la existencia cuando se ha nacido dentro de los “condenados de la tierra”.

Uno puede ser tolerante, pero leer a mentecatos y oírlos vociferar en contra de las putas saca de quicio. Porque hay putos y hay putas. Los primeros más peligrosos porque lo son no del cuerpo, sino del alma.

Ni vicio ni enfermedad, la prostitución como oficio no es contagiosa. Creada por varones, es también la consecuencia de la falta de recursos económicos que impide a la mujer superarse, estudiar y optar por un trabajo mejor y de menos riesgo.

Hasta ahora no he visto una ingeniera, doctora o abogada prostituta. Tampoco a ninguna niña rica. Y esto va más allá de la simple democracia. Esto se llama humanismo en cualquier idioma y en cualquier parte del mundo. Y recuérdese: peor que vender el cuerpo es vender el alma.

Tomado del diario Prensa Libre- www.prensalibre.com


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