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Periodismo sin discriminación
Por Margarita Carrera - Guatemala, 14 de enero de 2005

A Rigoberta Menchú se la odia por ser una mujer maya que ha triunfado.

Así se titula el último libro de la Asociación Doses. Va dirigido a los medios de comunicación que, con frecuencia, usan discursos discriminatorios, principalmente al referirse a mayas y a mujeres.

El artículo “Penqueando a las viejas”, del columnista de Prensa Libre Francisco Beltranena, es un claro ejemplo de ello. No sólo esconde sadismo machista (que puede incitar a la violencia intrafamiliar), sino también encierra burla contra los mayas (al hablar del “Pegre” y “la María”).

Llega al colmo de hacer infame alusión burlesca a un libro árabe que explica cómo pueden pegar los maridos a sus mujeres sin dejar huella.

Ya Sam Colop, en su columna del 5 de enero en Prensa Libre, critica a Beltranena por su machismo y racismo.

Pero, más allá del grosero artículo de Beltranena, están los ataques y el trato que otros columnistas dan a Rigoberta Menchú, a quien odian principalmente por ser una mujer maya que ha triunfado; no le perdonan que, además de haber obtenido el Premio Nobel de la Paz, tenga 17 doctorados “honoris causa” de diversas universidades del mundo; tampoco el haber sido nombrada por Óscar Berger, “Embajadora de la paz” y mucho menos que éste último haya sugerido su candidatura para la Secretaría General de la OEA.

No son pocos quienes acusan a Rigoberta de impostora y calumniadora. Les duele que Rigoberta, por el talento innato que posee, haya demostrado que puede ser toda una empresaria al administrar una cadena de farmacias que vende medicamentos genéricos que benefician a las clases pobres.

¿Y qué si con ello se enriqueciera? No ha robado nada a nadie y su preocupación por los desposeídos es auténtica.

Ante los insultos de que es víctima, ella permanece callada y hace bien.

Discriminar, dice la RAE, es dar “trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etcétera”. “La discriminación se produce, entonces, cuando existe un trato desfavorable hacia cualquier persona de acuerdo con su clasificación como miembros de categorías particulares, entre éstas, raza, sexo, edad, clase social y otros.

La mayoría de las veces la discriminación se traduce en negación o violación de los derechos humanos de las personas discriminadas”.

En lo referente a la publicidad, en 1999 el Consejo Nacional de Publicidad suscribió un Código de Ética el cual consigna que la publicidad deberá respetar la dignidad y derechos de las personas, entidades e instituciones, rechazándose aquellos mensajes que estimulen la discriminación entre personas y grupos sociales por cualquier motivo.

Fuente: www.prensalibre.com


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