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Abril mes de Gerardi
Por Margarita Carrera - Guatemala, 28 de marzo de 2005

Abril es el mes de monseñor Gerardi, temido y asesinado por su auténtico espíritu cristiano.

Para comprender a cabalidad el espíritu de monseñor Gerardi, hemos de recordar que él militaba dentro de la nueva Iglesia, aquélla que no se limita a predicar para la otra vida, sino en tratar de rescatar a los pobres de las situaciones infames en que viven.

Pero, ya que la teología de la liberación era vista por los gobiernos militares como aliada del comunismo, creía oportuno aclarar que esta teología no implicaba ni revolución ni subversión: “Ni mucho menos una oposición sistemática, abierta o solapada, a las instituciones eclesiales tal y como Cristo las quiso y fundó”.

Sin duda, el señalamiento de que la Iglesia debe de participar en los problemas relacionados con la posesión de riquezas materiales, fue lo que más inquietó a los gobernantes de la época de la guerra sucia, que estaban bajo las órdenes de Washington y al servicio de terratenientes y empresarios.

En 1973, siendo aún obispo de La Verapaz, publicó otro documento que toma como punto de partida la “II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Medellín”, en donde se establecía que “Dios quiere salvar al hombre entero, alma y cuerpo” y cambiar las condiciones de vida de menos humanas a más humanas. Este segundo documento se denomina “Expectativas de la Iglesia de Verapaz. Su ministerio con los grupos indígenas”.

Entre otro puntos señalaba que la Iglesia se sentía hondamente cuestionada ante la realidad y situación de explotación, de marginación, analfabetismo, enfermedades endémicas, pobreza y hasta miseria.

Hasta entonces la Iglesia de Guatemala se había preocupado tan sólo del aspecto espiritual. Es más, se le acusaba de ser aliada de los poderosos finqueros, capitalistas y hasta del Ejército.

Pero la situación empezó a cambiar desde 1968. Ahora un obispo se atrevía a hacer señalamientos a los gobernantes y poderosos que abandonaban y explotaban a los indígenas.

“A través de los acontecimientos, el sufrimiento de los explotados, la miseria de los oprimidos, la negación de sus derechos fundamentales como personas humanas, Dios nos está hablando claramente”, decía.

Palabras que hacían temblar a los victimarios y opresores dueños del poder. Sobre todo, cuando exponía que la “misión de predicar el Evangelio en el tiempo presente, requiere que nos empeñemos en la liberación integral del hombre, ya desde ahora en su existencia terrena, porque es la persona del hombre uno y total, cuerpo y alma”.

En las zonas de mayor conflicto, como el área de Quiché, muchos niños ingresaban en las filas de uno y otro bandos. El ejército llevaba a cabo reclutamientos forzosos de niños mayores de 12 años. Lo mismo la guerrilla. Vivir en la montaña significaba huir de los rigores militares que acosaban los pueblos indígenas.

Fuente: www.prensalibre.com


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