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Patricia de Chea
Por Margarita Carrera - Guatemala, 27 de mayo de 2005

Mi admiración y respeto a Patricia de Chea.

En esta Guatemala en donde sólo una de cada cien personas lee, en donde el nivel cultural es precario y todo el mundo pide a gritos la pena de muerte, no es extraño que una profesional como Patricia de Chea sea criticada e incomprendida.

Cuando este 11 de mayo salió en primera plana de Siglo Veintiuno la foto de ella en el momento que los mareros de la cárcel le devuelven la famosa piscina portátil con dibujos y rosas, no pude dejar de pensar en Los miserables de Víctor Hugo.

Patricia me recordó al obispo M. Myriel, quien por su inmensa bondad y amor cambia el destino del ladrón Jean Valjean. Éste, después de que el obispo le diera posada, roba los cubiertos de plata del sacerdote y huye.

Sin embargo, cuando los gendarmes llevan al ladrón a la casa parroquial, M. Myriel les dice que lo dejen libre porque él mismo le ha regalado la plata; es más: que le alegra ver de nuevo a Valjean porque quería entregarle también los candeleros.

Es entonces que el alma de Jean Valjean sufre una profunda metamorfosis: a partir de ese momento se dedicará a superarse y a hacer el bien a los miserables.

La obra la leí a los 15 años y me conmovió profundamente. Como Valjean, yo también tuve una metamorfosis. Mi vida interior cambió y una nueva luz iluminó mi alma. Por eso no puedo quedarme callada ahora que Patricia de Chea ha sido agredida por la opinión pública. Aunque creo ver un gesto de arrepentimiento en la forma como uno de los medios que la acusaron parece querer redimirla.

En la primera página del periódico arriba mencionado está la foto de ella, micrófono en mano, con una dulce sonrisa ante los mareros que detrás de las rejas la miran con amor y respeto: “Este tanque representó mi salida del Sistema Penitenciario, pero no me importa, no me arrepiento”, dijo al recibir la miserable piscina portátil que le devolvieron los pandilleros recluidos en la Comisaría 31 de Escuintla.

Me parece que el gesto de Patricia, lo mismo que el gesto del obispo M. Myriel, significará un cambio en el alma de algunos de los jóvenes que la sociedad ha marginado convirtiéndolos en delincuentes.

Hace una semana, elPeriódico incluyó un amplio reportaje sobre los logros de Patricia mientras fue directora de Presidios.

Entre otros, destaca la terapia ocupacional a pandilleros recluidos en la Comisaría 31, cuyo ambiente hostil dio un giro de 180 grados después de implementar con ellos un programa de terapia ocupacional.

“Ellos necesitan un tratamiento diferente, especial, para mantener la cordialidad entre sí, sin generar mayores problemas...”. Para Patricia, los centros penales del mundo civilizado tienen la intención de ser no sólo lugares de castigo sino de rehabilitación.

Fuente: www.prensalibre.com


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