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Judith Miller y Antígona
Por Margarita Carrera - Guatemala, 29 de julio de 2005

Lo que permanece, lo que irradia luz, es la valentía de sostener una postura ética inconmovible.

El heroísmo de la periodista del The New York Times Judith Miller, al decidir ir a la cárcel antes que revelar el nombre de una fuente anónima, me ha hecho recordar el heroísmo de Antígona, aquella hija de Edipo, que prefirió ser enterrada viva en una cueva, antes que dejar insepulto a su hermano Polinice.

Asimismo, el fiscal Patrick Fitzgerald y el juez Thomas Hogan, al proceder en contra de Judith Miller, me trajeron a la memoria al infame Creonte, el rey de Tebas y tío de Antígona, quien dio la orden de muerte de la joven.

Mi colega y amigo, Mario Antonio Sandoval de Prensa Libre, compara a Miller con Sócrates, quien aceptó tomar la sicuta antes que renunciar a sus principios. Pero si se cree que tanto Antígona como Sócrates fueron los perdedores, se está muy equivocado.

Lo que permanece, lo que irradia luz, es la valentía de aceptar lo peor a cambio de sostener una postura ética inconmovible.

La prueba es que Antígona y Sócrates son recordados, después de miles de años, como dos seres ejemplares y dignos de encomio. Su memoria perdura en la mente de los justos. ¿No es éste el mayor triunfo? Sus nombres siguen siendo pronunciados con admiración y reverencia.

Mal parados quedan, luego, la revista Time, que obligó al periodista Mathew Cooper a revelar las fuentes, y el fiscal Firtzgerald, al lado del juez Thomas Hogan, quienes procedieron al encarcelamiento de Judith Miller.

Y si The New York Times mantuvo una postura ética y a favor de la libertad de prensa al apoyar a Judith, la revista Time procedió en contra de toda ética profesional al obligar a su reportero Mathew Cooper a revelar las fuentes al juez. Con ello demostró estar en contra de la libertad de prensa, un pecado capital en un país en donde reina la democracia.

Haroldo Shetemul, otro destacado columnista de Prensa Libre, hace ver que EE.UU., como miembro de la Organización de los Estados Americanos (OEA), está obligado a respetar uno de sus sagrados principios que dice: “Todo periodista tiene derecho a la no divulgación de sus fuentes informativas”.

¿Será verdad que Karl Rove, asesor político de Bush, filtró el nombre de la agente de la CIA, Valerie Plame, para castigar a su esposo, el ex embajador Joseph Wilson, quien denunció que Bush había utilizado información falsa para impulsar la guerra contra Irak?

En todo caso, el gobierno de Bush está actuando con perfidia, de la cual dice Maquiavelo que es más útil que la violencia, pues la violencia puede cesar alguna vez, no así la perfidia.

Sin embargo, hemos de recordar que siempre ha existido un divorcio entre la ética y la política.

Fuente: www.prensalibre.com


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