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Los torturadores
Por Margarita Carrera - Guatemala, 23 de septiembre de 2005

Del insulto a la tortura, de la tortura al genocidio. Existe conexión entre racismo y genocidio.

Asomarnos al Remhi es hundirnos en los abismos de la tortura. Porque de eso tratan los cuatro volúmenes de “Guatemala, nunca más”. De las torturas infinitas que sufrió el pueblo guatemalteco, sobre todo, las indígenas mujeres. Toda una herramienta del poder en manos de los militares que nos gobernaron durante los 36 años de guerra sucia, pero que se remonta más allá de la conquista, a la era de los inquisidores.

Eso de creer que torturando a un ser humano se purificaba su alma. Eso de creer que sembrando el terror con la tortura se ganaba la guerra contra la guerrilla. La Revista D del 11 de septiembre habla de los torturadores.

Que no nacen que se hacen. Que hay manuales y escuelas de tortura. Que desde 1963 existía en los Estados Unidos la famosa Escuela de las Américas en donde se enseñaban no sólo tácticas militares sino abominables formas de tortura.

Donde se daba entrenamiento y cursos sobre prácticas de tortura. La CIA tenía maestros especializados en tal materia. Expertos en tortura que buscaban comunistas por todas partes en América Latina: Guatemala, Chile, Argentina.

En donde se deshumanizaba al enemigo y se hacía posible la habituación a la crueldad. Todo ello protegido por la impunidad hasta hoy en día.

Si no véase cómo en Chile la Corte Suprema absuelve a Pinochet por los crímenes cometidos en la Operación Cóndor. Y no digamos Guatemala que jamás ha llevado a los tribunales a torturadores y genocidas.

Y si las mujeres indígenas eran las víctimas escogidas por la contrainsurgencia era porque a través de ellas se trataba de dañar al grupo de pertenencia social y étnico. “Las heridas de la tortura son también psicosociales”. La vida pierde valor.

A pesar de todas las torturas comprobadas en Guatemala a través del Remhi, ningún caso ha llegado aún a los tribunales porque los mismos torturadores son los que las investigan. No hay otro remedio, entonces, que acudir a la Corte Penal Internacional.

Cuando rememoro el suplicio a que fue sometida Rigoberta Menchú cuando fue escupida, insultada y golpeada por racistas seguidores de Ríos Montt, me viene a la memoria el genocidio cometido por el general.

Del insulto, a la tortura; de la tortura, al genocidio, ¿cuál es el límite? Me duele oír a guatemaltecos opinar contra Rigoberta. Que por qué llevó a los tribunales a quienes la injuriaron; que por qué no se limita a luchar contra el genocidio.

¡Como si no hubiera conexión entre racismo y genocidio! ¡Entre los que injuriaron a la premio Nobel y Ríos Montt! ¡Qué odio, qué envidia, qué cólera, qué vileza contra Rigoberta! Hizo bien monseñor Gerardi en entregarle a ella el Remhi. Hacen bien los grandes gobernantes del mundo: Girac y Lula en aclamarla.

Fuente: www.prensalibre.com


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