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El poder de la mujer
Por Margarita Carrera - Guatemala, 18 de noviembre de 2005

¿Detrás de un hombre perverso, también se encuentra una mujer perversa?

Generalmente, se dice que detrás de un gran hombre se encuentra una mujer. ¿Y detrás de un hombre perverso también se encuentra una mujer perversa?

Detrás de Pinochet se encuentra su esposa Lucía Hiriart, de quien se dice opinaba que ningún crimen o tortura era suficiente para los enemigos del régimen pinochetista. Si es así, qué bien que ella y su hijo estén siendo perseguidos por la actual justicia chilena, pero no para condenarlos por los crímenes de guerra cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet, sino para procesarlos como ladrones.

Sin duda a los genocidas se les perdona, no así a los saqueadores de las arcas de un pueblo. Tal el caso de Ríos Montt y Portillo. La verdad que ya cansa ver todos los días en la prensa escrita fotografías de este último: que si la justicia mexicana lo aprehende y lo envía a Guatemala para ser juzgado por los millones que se robó, que si, por el contrario, se hace la desentendida.

Para mientras, retratos de Ríos Montt van y vienen, pero no para sugerir que se le juzgue por genocida, o se le indague sobre el “Jueves Negro” y el “Viernes de Luto”, sino para pedir su opinión sobre cuestiones acerca de su partido político.

En ningún momento se mencionan los crímenes que cometió durante su férrea dictadura en la era del terror. De modo que entre matar, masacrar o torturar y robar, ¿es peor robar? Porque, además, ningún medio de comunicación escribe sobre los hombres que mató Portillo en México.

Habría que preguntarse si la esposa de Ríos Montt es, asimismo, el poder detrás del trono, como se dice lo fue y es la esposa de Pinochet. Mónica Madariaga, prima de Pinochet y ex primera ministra de Justicia en la época del terror en Chile, acusa a Lucía Hiriart de Pinochet de ser quien gobernaba a Augusto.

¿Tan malvada o aún más malvada que su esposo? Pero ¿qué lleva a esta prima del ex dictador a acusar a Lucía Hiriart de mandar al mismo Pinochet? Porque también Mónica colaboró durante el régimen dictatorial de éste.

Lo que queda claro es que Hiriart no era una mansa paloma, mucho menos una mujer sumisa y callada. Era un personaje público que disfrutaba hablando de temas políticos y económicos.

Aunque cuesta imaginársela -como la describe Mónica- echándole la puerta del baño a patadas a Pinochet para exigirle algún cambio en su gobierno.

¿Es que Pinochet era sumiso con ella, terrible con quienes le rodeaban e implacable y despiadado con sus adversarios? De todas formas, las acusaciones de Madariaga nos hacen pensar en el poder que la mujer puede tener sobre el varón.

Fuente: www.prensalibre.com


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