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Barbarie en Francia
Por Margarita Carrera - Guatemala, 16 de noviembre de 2005

¿Estamos a tiempo para impedir que el mundo se convierta en otro pavoroso Irak?

Francia, país donde nacieron los derechos humanos, está sufriendo una era de inusitada violencia proveniente de descendientes de inmigrantes árabes que se sienten marginados y olvidados por el Estado francés. Carmen Rosa de León (Siglo Veintiuno, 16 Nov.), hace referencia a estos “desheredados”, analizando las profundas causas que los mueven a cometer barbaries.

El fenómeno merece un análisis científico que explique la conducta humana. Carmen Rosa revela algo que todo el mundo calla: si los inmigrantes son aceptados es porque realizan trabajos que los propios nacionales no quieren efectuar.

El problema, afirma, no se da con la primera generación de inmigrantes. Son los hijos de éstos quienes, al llegar a Francia en busca de oportunidades, chocan con una cultura y sociedad diferentes, que los rechaza, señala y margina.

Ello provoca que los hijos de la autoexpulsión construyan una actitud de revancha y violencia, descargando su frustración a través de redes, códigos y lenguajes que los identifican entre sí y les proporciona identidad.

Concluye: “La causa de los desórdenes en Francia está fuertemente asociada a la inequidad social y económica que sufren las áreas poblacionales. Cada vez se aleja más la proporción entre núcleos ricos y pobres dentro de la misma demarcación geográfica”.

Porque los inmigrantes ocupan áreas urbanas empobrecidas, a las que escasamente llega la educación, la salud y la seguridad. Como consecuencia fatal: jóvenes plenos de ira que se lanzan a la destrucción de la propiedad privada.

Desde el punto de vista bíblico: “Lo que se siembra se cosecha”. Desde el punto de vista científico: todo comportamiento humano tiene su causa. Es lo que se llama “determinismo”, descubierto por Darwin en el campo de la animalidad y reforzado por Freud en el campo de la sicología profunda.

No, si no es tan fácil condenar a los implacables terroristas de origen musulmán. Para prevenir semejantes conductas, conviene estudiar qué fenómenos históricos los conducen a estrellar aviones en contra de edificios de la ciudad más poderosa del mundo o quemar carros en el país que se destaca por su filosofía humanista.

Eso cual no significa que no se castigue duramente a quienes se han convertido en fanáticos monstruos religiosos que están dispuestos a destruir al mundo occidental, inmolándose como bombas humanas.

Yendo más lejos, recordemos la Guerra Santa durante las cruzadas que veía en cada mahometano un demonio. Leamos Mío Cid Campeador y veamos cómo matar a un moro equivalía a ganarse el cielo. Algo idéntico a lo que creen fanáticos religiosos islámicos.

Fuente: www.prensalibre.com


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