“Me enorgullezco de los libros que he leído, no de los que he escrito”. Borges.
El jueves 8 de diciembre llegamos Carolina Escobar Sarti y yo al Fondo de Cultura Económica en la zona 9, a eso de las 18.30 horas, invitadas para la primer venta nocturna de libros en Guatemala.
Al entrar, ya la gente se aglomeraba alrededor de las mesas en donde yacían los libros. Colas para pagar en las diferentes cajas eran larguísimas. Como si estuvieran comprando pan caliente, le comenté a César Ángel Aguilar, gerente general del Fondo. Pero, además de FCE, había estantes de otras editoriales: Norma, Artemis Edinter y Tipografía Nacional.
Los descuentos del 20 al 50 por ciento. Las ventas sobrepasaron los US$10 mil. ¡Y yo que he venido sosteniendo que en Guatemala nadie lee! Impresionada veía cómo los avorazados lectores se acercaban a los libros con fervor.
¡Buen regalo para Navidad! -me dije. Porque no hay nada que nos abra las ventanas al mundo como un buen libro.
La actividad había dado inicio a las 18 horas y se prolongó más allá de las 12 de la noche, porque la promoción era válida únicamente para ese 8 de diciembre. ¡Qué idea excelente!
Antes de Navidad promover la venta de libros en la forma como se hizo. Ya Borges decía: “Me enorgullezco de los libros que he leído, no de los que he escrito”. Porque leer un libro apasionante es viajar al mundo de las ideas, de los hechos históricos, de los descubrimientos de toda índole, de las narraciones del ayer, del hoy y del mañana.
¿Qué sería de mi vida sin la pasión que siento por la lectura? Me parece que no habría podido llegar a la edad que tengo: 76 años, con esa alegría que siento por vivir. Desconozco la palabra “aburrido”, porque quien tiene como mejor amigo al libro, jamás está solo, jamás se aburre.
Desde niña se me despertó esta afición. Primero, los cuentos de las Callejas; luego, novelitas; más adelante, Dostoyevski, Víctor Hugo y pronto, el insólito mundo de la poesía: desde Homero y las tragedias griegas hasta Dante y Borges.
En una entrevista que me hiciera, el 31 de octubre pasado, Valeria Ayerdi para el periódico de la Usac, dirigido por José Luis Perdomo, destaca una frase: “La poesía no lo desampara a uno nunca”. Es el alimento divino.
Y sobre los otros géneros literarios, es la única que se lee, relee y vuelve a leer. Y siempre con mayor entusiasmo. La novela, generalmente, se lee una sola vez, excepto cuando los narradores son del calibre de Cervantes o Proust. En la actualidad, confesé a Ayerdi, me encanta la poesía oceánica, a borbotones: Whitman, Neruda, Pessoa.
La verdad, Valeria me hizo preguntas y observaciones clave. Su entrevista es una de las que más me han agradado. Se refirió a la 2a. edición de En la mirilla del Jaguar, por FCE. Pero también abarcó mis memorias: Sumario del recuerdo, próximas a editar.