Se invoca la “soberanía” cuando se quiere defender a quienes cometieron “genocidio”.
Cuando se quieren justificar los crímenes de lesa humanidad y genocidio cometidos por militares guatemaltecos, generalmente se invoca la “soberanía” y se dice que no es necesario acudir a la Corte Internacional de Justicia, pues en Guatemala hay tribunales. Sin embargo, se ha comprobado, una y otra vez, que éstos no actúan y que dejan en libertad a los más temibles criminales de guerra.
A partir del holocausto del pueblo judío, llevado a cabo por los nazis, la “soberanía” dejó de ser sacrosanta. El mundo estaba listo para hacer justicia ante semejante “barbarie”. Pero este término no era lo suficientemente adecuado.
Es entonces cuando surge Raphael Lemkin y crea la palabra “genocidio”, que deriva del término griego genos, que quiere decir “raza”, y el derivativo latino cidium, que significa “matar”. En otras palabras, “genocidio” consiste en el exterminio físico de un grupo humano con el fin de despojarlo de todo rastro de identidad nacional.
“Lleva siglos y a veces milenios la creación de una cultura natural, pero el genocidio puede destruir una cultura en forma instantánea, como el fuego destroza un edificio en una hora”. Dar nombre a este tipo de crímenes era el primer paso, crear una ley internacional que lo prohibiera era el segundo.
Hacían falta normas de tipo universal que fueran más allá de lo que se llama “soberanía”. “La teoría de la raza superior debe sustituirse por la teoría de la moral superior”. En el New York Times del 8 de noviembre de 1946, un lector escribió algo que tiene vigencia en la actualidad: “Parece contradictorio con nuestros conceptos de civilización que vender droga a un individuo sea un asunto de importancia para el mundo, mientras que gasear a millones de personas sea de importancia interna (...)”.
Si la piratería es un crimen internacional, también lo debe ser el “genocidio”. “Sin duda, son más importantes los seres humanos y sus culturas que un buque y su cargamento”, así como “seguramente Shakespeare es más precioso que el algodón”.
Contra la Corte de Núremberg se alegaba que invadía la soberanía nacional. Para Lemkin, “el genocidio no es guerra. ¡Es mucho más peligroso que la guerra!” Por fin, “genocidio” se incorporó a la Encyclopédie Larousse, en 1953. El Oxford English Dictionary lo incluyó en 1955.
Algunos idiomas lo tradujeron como “matanza masiva”, que no es lo exacto. La RAE lo define bien: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política”. (Consultar: Problema infernal, de Samantha Power. Edit. FCE).