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Ética insobornable
Por Margarita Carrera - Guatemala, 4 de mayo de 2007

Los horrores de la mentalidad guatemalteca.

Gustavo Berganza, en su artículo “En Guatemala la izquierda no gana” (elPeriódico, 13/2/07), define los principios fundamentales que él llama de la izquierda.

Son ellos: 1) que el Estado tenga un papel rector en la economía; 2) que limite el rol del Ejército a la defensa de las fronteras; 3) que erradique la pena de muerte; 4) que amplíe los derechos de las mujeres; 5) que reconozca de facto y de iure la multiculturalidad; 6) que le dé primacía a la explotación ecológicamente sensible de nuestros recursos naturales.

Seis temas que “no tienen cabida en ninguna de las opciones que se anticipan como las más viables para competir por la Presidencia de la República”.

Pero hay otros temas que únicamente la izquierda impulsa: 7) el derecho a planificar el número de hijos que se desea; 8) el derecho del aborto; 9) el trato humano a los detenidos; 10) el respeto a las sexualidades alternativas; 11) la primacía del interés general por encima del interés individual.

Desde mi punto de vista, tales principios, no son sólo de izquierda, son principios que se han de considerar como imperativos categóricos, por lo tanto, de validez universal. Lo que me parece excepcional es cómo Berganza ha podido definir tales principios. Pero no sólo eso.

Además coloca, por otro lado, lo que caracteriza a la mayoría guatemalteca.

Veamos estos horrores: 1) que el Estado deje en desamparo a la colectividad (ejemplo: a los ahorristas); 2) apoyar la justicia por mano propia: linchamientos y limpieza social; 3) que se ataque sistemáticamente a quienes pugnan por los derechos humanos; 4) preferir un régimen totalitario a la democracia liberal; 5) que se abogue por una figura paternal, esto es, un dictador que ponga todo “en orden”, o en el orden acostumbrado: “a chicotazo limpio” (como decían y hacían antiguos educadores).

Lo más doloroso es que sólo unos cuantos tienen conciencia de los males que acarrearía una mano dura, a lo Ubico, Arana, Lucas, Ríos Montt. Pero no sólo gente que no lee y escribe, o lee y escribe poco, sino también gente que se llama a sí misma “culta” y que lee mucho, comulga con los que me atrevo a llamar “horrores” de la mentalidad guatemalteca.

En reuniones de diversa índole, a veces es imposible permanecer callado cuando se atacan aquellos principios que fundamentan los derechos humanos. Sin embargo, vale la pena tener el valor de opinar.

Más de algún guatemalteco podría reflexionar sobre estos temas y convertirse en un ser más humano.

Fuente: www.prensalibre.com


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