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Palabras de monseñor Ramazzini
Por Margarita Carrera - Guatemala, 21 de junio de 2007

Monseñor Ramazzini; “Nuestro compromiso pastoral está en contribuir a un orden justo en la sociedad, colaborando en la creación de estructuras justas”.

Dentro de los documentos que gentilmente me envió el arzobispo metropolitano de Guatemala, Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, cabe destacar la participación -en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil- de monseñor Álvaro Ramazzini Imeri, obispo de San Marcos, presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

Y cabe destacarla porque hay en sus palabras una continuación del espíritu de monseñor Juan José Gerardi, del cual siempre me he declarado fiel devota. La intervención de monseñor Ramazzini lleva el título de “Expectativas y esperanzas de la Iglesia en Guatemala”.

Empieza recordando cómo Guatemala se hundió durante más de 30 años a causa del enfrentamiento armado interno, que dejó más de 200 mil personas muertas o desaparecidas, de acuerdo con la obra “Guatemala, memoria del silencio”, tomo V, pág. 21,1.

Tal es el origen de “la actual cultura de la muerte y de la violencia que cobra víctimas inocentes día tras día: del año 2001 al año 2005: 23 mil 450 asesinatos, que han quedado en la impunidad total”. Como dramático ejemplo, la muerte de un hermano marista salvadoreño, Enrique Alberto Olano Merino.

Continúa hablando de cómo Guatemala “es también uno de los 10 países de mayor desigualdad económica y social en el mundo entero: el quinto país con el más alto índice de desnutrición infantil crónica entre los niños de 1 a 5 años de edad” y, de los 12 millones de habitantes que tiene Guatemala, el 60 por ciento es indígena, con su propia cultura, lengua, cosmovisión y religión.

Después de hacer alusión a la multitud de “sectas” evangélicas y a la escasez de sacerdotes católicos, se refiere al empobrecimiento creciente en América Central, y señala como causa fundamental “la desigualdad en la distribución de la riqueza”.

Cita al Santo Padre, quien dice “que la globalización comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en el valor supremo... La economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales”.

A lo que Ramazzini agrega que ésta “es la situación de la destrucción de los recursos naturales y del irrespeto al hábitat natural de las poblaciones, de las actividades extractivas de metales como el oro o la plata, de actividades económicas en que la persona humana queda en segundo o tercer lugar delante de las ganancias”.

Se refiere, asimismo, a la distancia entre pobres y ricos y a la idolatría del placer y del dinero, así como a “la opción preferencial por los pobres” expresada por el Papa, haciendo hincapié en que “nuestro compromiso pastoral está en contribuir a un orden justo en la sociedad colaborando en la creación de estructuras justas”.

Ramazzini observa que el Papa envió a la canciller alemana Angela Merckel una carta para recordarle el compromiso del grupo de los ocho países más ricos del mundo de erradicar la pobreza. “Si el sucesor de Pedro toma estas iniciativas, ¿podremos nosotros quedarnos atrás? ¿Cómo podemos lograr ser abogados de la justicia y de los pobres...?”.

Luego ve en las migraciones otra consecuencia de la pobreza y, por último, defiende a los indígenas del continente: está de acuerdo en que quieran afianzar su identidad y reivindicar sus derechos frente a las consecuencias que trae consigo el liberalismo económico. Respeta -como Gerardi- su perspectiva religiosa integral, que involucra a Dios en todas las cosas.

Fuente: www.prensalibre.com


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