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Susto de Rico y De la Grange
Por Margarita Carrera - Guatemala, 5 de julio de 2007

Lima Estrada: “Oficiales en el Ejército me involucraron en esto (...) y que, por cierto, son cobaneros”.

Menudo susto les ha ocasionado a Maite Rico y Bertrand de la Grange el libro de Francisco Goldman ¿Quién mató al Obispo? Autopsia de un crimen político. Sobre todo, porque Goldman no es cualquier periodista o escritor.

Se trata de un escritor de prestigio que, con su primera novela, La larga noche de los pollos blancos, obtuvo el primer lugar de la Academia Nacional de Artes y Letras de Estados Unidos como mejor ópera prima. Una segunda novela, Marinero raso, está dentro de las cien mejores obras de ficción del siglo XX en EE.UU.

Además, sus reportajes son publicados en las revistas más prestigiosas de ese mundo literario.

En fin, todo un personaje que no tiene necesidad de venderse. Y no es que yo esté interesada en seguirles la pista a los asesinos de monseñor Gerardi.

No, a mí me apasiona y sigue apasionando más la vida y obra de este santo varón que nos dejó un testimonio que nadie puede borrar, el Remhi: Guatemala, nunca más, por el cual fue muerto vilmente.

Según lo escrito por Rico y de la Grange (“Más delirios sobre el caso Gerardi”, elPeriódico, 20/6/07), éstos parece que no leyeron la entrevista que Claudia Méndez Arriaza le hizo al coronel Byron Lima Estrada en elPeriódico, el 13 de mayo de 2001.

En ésta, el militar en mención envió mensajes en los que involucraba a otros militares: “Oficiales del Ejército me involucraron en esto, óigame, porque quiero dar datos: no me pregunte nombres, porque me referiré a coroneles que están de alta y que, por cierto, son cobaneros (...). No digo sus nombres, porque les tenga miedo, pero los señalo y les mando este mensaje: ¿Por qué se metieron en este problema?”.

Cuando se le pregunta “a qué y a quiénes se refiere”, el coronel responde: “¿Usted quiere que le dé nombres? Ya le dije que éste es un mensaje para los oficiales cobaneros, y ellos lo van a entender.

Sus nombres están en el apócrifo por el que yo estoy aquí”. (En agosto de 1998, cuatro meses después del crimen, circuló un documento anónimo, firmado supuestamente por un grupo de oficiales del Ejército, que denunciaba que el asesinato de monseñor Gerardi fue ejecutado por agentes del Ejército. Entre los señalados, figuraba el coronel Lima Estrada).

Continúa Lima Estrada: “Esos oficiales fueron los que dieron datos e información del coronel Lima, sin saber el alcance que iba a tener este problema (...); buscaban posición en el nuevo ejército, en el ejército de la posguerra. Ahora sé que la conciencia les remuerde, porque participaron sin saber hasta dónde llegaría este problema. Les estoy mandando a decir que ya sé que dieron esta información”.

Cuando Claudia le pregunta si los acusa de traición, Lima Estrada responde: “(...) Agarre el apócrifo, y ¡vea los nombres! Ellos mismos se autocolocaron. Sus nombres están, como el mío, pero sólo yo estoy aquí y ellos no”.

Entonces, Claudia Méndez le pregunta: “...si otros oficiales hubieran caído en este problema y usted estuviera libre, ¿los apoyaría?”. La respuesta es clara: “No cayeron, porque no entraron al proceso. Tuvieron cuidado. Los mismos que hicieron el tamal, tuvieron cuidado de no meterlos en el proceso”. Luego, reitera: “...Nos metieron aquí, me refiero otra vez a los cobaneros, a esos oficiales”. A la pregunta de por qué, responde: “Porque ellos eran poderosos en esa época (...); los han ido desplazando, ya no están en los mismos lugares (...) porque el Ejército no es ciego, no es sordo, no es manco y no es mudo”.

Como ven, Rico y De la Grange, Lima Estrada no menciona para nada a Rubén Chanax, por lo que no pueden hablar de más delirios de este testigo, como alegan estos dos periodistas extranjeros que se dicen jugar “en las grandes ligas”. (¡Dichosotes!).

Fuente: www.prensalibre.com


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