Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Un libro extraordinario
Por Margarita Carrera - Guatemala, 23 de agosto de 2007

Xenofobia, limpieza de sangre y sumisión son las claves propias de las familias de “linaje”. ¿Hasta qué punto fueron responsables del genocidio durante la guerra sucia?

Guatemala: linaje y racismo, de Marta Elena Casaús Arzú, editado magníficamente por F&G editores, acaba de salir a luz.

339 páginas lo conforman, con una bibliografía extensísima, incluido un índice de nombres y cuadros específicos, que lo hace más impecable, además del talento con que ha sido escrito y la valentía de Marta Elena al desvelarnos un mundo hasta ahora poco trabajado por los historiadores guatemaltecos.

En el capítulo I: Introducción al estudio de las redes familiares como estructuras de poder de larga duración en Centroamérica, se esboza el contenido del libro que gira alrededor de aquellas familias de “linaje” que han dirigido la historia de Guatemala y Centroamérica desde la época de la Conquista.

Tales familias fueron las que, junto a la religión, dirigieron las reglas que nos han venido gobernando: “(...) la importancia que cobran las redes familiares a lo largo de la historia de América Latina y, sobre todo, su vigencia en el presente, para la comprensión e interpretación de la estructura social y del poder de las sociedades americanas, se produce principalmente allí donde existe una presencia de población indígena (...)”. De tal forma que se debe tener en cuenta la importancia que tienen los indígenas que fueron y continúan siendo explotados.

¿Cuál es la razón por la que estas familias se han convertido en núcleos de poder y dominación en Centroamericana? La respuesta está en la España misma, en donde la familia, con sus redes sociales, conformaba, durante la Conquista y la época de la Colonia, las estructuras sociales de poder.

Así, las primeras encomiendas repartidas -1524 y 1530- recayeron en gobernadores y lugartenientes de Pedro de Alvarado, dando lugar a una sociedad cerrada en la que la tierra y el poder se concentraba en los primeros conquistadores y colonos españoles de Santiago de Guatemala. Porque, desde el inicio de la Conquista, la obtención de encomiendas, repartición de indios y títulos de hidalguía se concentraba en descendientes de los conquistadores: “(...) los peninsulares y funcionarios de la Corona parecían los más apropiados para alcanzar este objetivo y borrar con ello cualquier signo de mestizaje o impureza de sangre (...)”.

Me parece oportuno recordar que, una vez expulsados los árabes y los judíos de España, en 1492, los españoles vigilaban drásticamente la “pureza de sangre”; esto es, no tener sangre mora o judía.

Ya en América, lo que a los españoles y a sus descendientes preocupaba era no relacionarse con mestizos o indígenas, considerados de raza inferior. De ahí el interés del conquistador en obtener el título de hijodalgo, que garantizaba la pureza de sangre. “Su deseo de autoafirmarse como español o como descendiente de la nobleza española, no sólo por el interés de un título y una encomienda, sino por la necesidad de diferenciarse del indígena y del mestizo”.

Los valores principales que se tomaban en cuenta eran la honra, el ser buen cristiano y el “linaje”. La pureza de sangre justificará los privilegios de los peninsulares y criollos frente a los indios y mestizos. Lipschutz habla de “pigmentocracia” o “espectro de colores”. Lo mismo que el nazismo en su búsqueda y exaltación de la raza aria.

Las familias de “linaje” reproducirán la ideología racista y los valores propios de la sociedad colonial hasta nuestros días. “(...) allí en donde el Estado se encoge o pierde fuerza, las redes familiares amplían su influencia y ocupan el lugar del Estado, y viceversa”. Si es así, me pregunto: ¿Hasta qué punto estas familias no fueron responsables -lo mismo que los militares- del genocidio durante la guerra sucia? C. M. Vilas, opina: Casaús “no sólo nos dice quiénes son ‘los que mandan’; también nos dice qué piensan(...)”. Una obra indispensable para el sociólogo y el politólogo.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.