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Señores bajo los árboles
Por Margarita Carrera - Guatemala, 30 de agosto de 2007

Las masacres cometidas por el Ejército y por la guerrilla son ficcionales en el libro, pero verdaderas en el pasado reciente.

Hoy, 30 de agosto, Mario Roberto Morales está recibiendo el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, 2007. Al mismo tiempo, su libro, Señores bajo los árboles sale a luz, editado por Editorial Cultura.

Morales aclara que no le importa “que el libro no fuera ni testimonio, ni novela (...). Es un libro de ficción basado en hechos que ocurrieron en Guatemala. Las masacres cometidas por el Ejército y por la guerrilla son ficcionales en el libro, pero verdaderas en la realidad factual del pasado reciente.

Es obvio que tanto la izquierda como la derecha tradicionales estén disgustadas con un libro que las evidencia como responsables de las masacres indígenas(...)”. En este sentido, lo siento emparentado con mi obra En la mirilla del jaguar.

Biografía novelada de monseñor Gerardi, editada por Fondo de Cultura Económica -que ya lleva la segunda edición-. Aunque yo sí me baso en hechos y personas reales, tomados de extensa documentación de los escritos de Gerardi y sobre Gerardi, pero ante todo, del Remhi: Guatemala, nunca más.

Hechos y personas que me permito novelar, aunque todo lo que está en letra cursiva es reproducción exacta y verídica de los documentos. (¿Se dignará Morales leer mi obra, a pesar de ser yo mujer?)

Sea como sea, me permito rendir a Morales un homenaje, al copiar textualmente uno de los pasajes más desgarradores de Señores bajo los árboles -respeto la letra cursiva que utiliza-: Ahí, mientras encañonaban a los hombres, los soldados desnudaron a las indias y las violaron, uno por uno fueron pasando sobre ellas, ahí bajo los árboles, a la vera del camino, mientras los hombres miraban.

Así contó la gente... Dijeron que las que tenían niños tiernos los dejaban botados entre los rebozos mientras eran violadas. Después de esta violación, que fue como de cien mujeres, los soldados comenzaron a torturar a los hombres, les cortaron la cara, los castraron a algunos, les quitaron los dedos de los pies con cuchillo, y esos gritos se oían hasta el pueblo...

Después dejaron a todos botados ahí y unos soldados trajeron varios garrafones de gasolina, los vaciaron encima de las gentes y les prendieron fuego. Murieron doscientas veinticinco personas ahí, y en las aldeas a muchos los dejaron vivos, y también fueron muchos los que pudieron tirarse al barranco y vivir: de milagro se salvaron algunos bailadores del Baile del Tun o Rabinal Achí, y por eso se sigue bailando año con año, aunque los dueños del baile a veces no quieren sacarlo a la calle porque dicen que es peligroso... En fin, sólo eso es lo que pasó en Rabinal en tiempos de Ríos Montt. Nada más...”. Página 81 del libro en mención.

En mi obra En la mirilla del jaguar, trascribo textualmente pasajes tomados del Rehmi. He aquí algunos: Le habían arrancado la lengua, tenía vendados con venda ancha o esparadrapo ancho los ojos, y tenía hoyos por donde quiera... en las costillas, como que tenía quebrado un brazo.

Lo dejaron irreconocible sólo porque yo conviví muchos años con él, y yo le sabía algunas cicatrices y vi que él era. Y también llevaba una foto reciente de cuerpo entero y le dije yo al médico forense que él era mi esposo. Entonces, sí, me dijo él, él era su esposo, sí se lo puede llevar. (Remhi, tomo Y, pág. 8).

Sobre las Patrullas de Autodefensa Civil, creadas por el Ejército, Morales describe la forma en que indígenas de diversas edades eran obligados a ejercer el patrullaje. En el capítulo VII de mi libro, trascribo: En aquel tiempo eran obligados a patrullar hasta los niños. Mi hijo decía: mamá yo quiero salir de la patrulla, porque no quiero salir con esa gente a patrullar porque me puede matar la guerrilla, porque cuando fui a patrullar la primera vez, vi doce muertos (después lo mataron).

(Remhi, tomo I, p. 90). Regresando a M. R. Morales, en su prólogo, Oralitura y testinovela, escribe: “No es difícil inferir de todo esto que la testinovela es una forma de oralitura; es decir, de oralidad escrita, valga la tremenda contradicción”.

Fuente: www.prensalibre.com


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