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Rigoberta Menchú
Por Margarita Carrera - Guatemala, 6 de septiembre de 2007

Votar por ella pone a prueba las identidades del revolucionario, del mestizo de izquierda, de los ciudadanos mayas.

Dos mujeres insólitas por su valentía, talento y honradez son Rigoberta y Nineth. Por ello, no dudaré en votar por Encuentro por Guatemala (EG). Ninguno de los otros candidatos para la Presidencia tiene la capacidad de visualizar una patria nueva, diferente, que rompa con los moldes racistas, machistas, militaristas.

En el foro transmitido por CNN y Canal 3, de la multitud de candidatos presidenciales, fueron admitidos únicamente cinco: cuatro varones y una mujer. Una mujer excepcional desde todos los puntos de vista: Rigoberta Menchú.

Mientras la mayoría hablaba de lo mismo: incrementar el Ejército y Policía, y dos insistían en la pena de muerte y “dedo” o “mano dura”, Rigoberta se centraba en la realidad del pueblo guatemalteco, y recordaba el tenebroso pasado cuando se impuso la bota militar y se cometieron las peores violaciones a los derechos humanos: “Guatemala ha vivido 40 años bajo gobiernos de mano dura, y esto ha dejado un país empobrecido y violento que permite el robo de niños para darlos en adopción”.

Al hablar sobre el papel de la mujer, afirma que sólo su partido tiene mujeres al frente. Cuando hablaba de un país incluyente y de paz, decidió dar su agradecimiento en idioma k’iche’. Lo más extraordinario y sorprendente fue que, por primera vez en la historia de Guatemala, se presentaba como candidata presidencial una mujer que, además, es indígena y no responde a la alta oligarquía que, a través de los militares, nos ha venido gobernando desde épocas inmemoriales.

Y ahí estaba Menchú, en medio de cuatro varones, con un aplomo y seguridad en sí misma admirables: “El ejemplo de mi participación en política es para representar a las mujeres que no tienen beneficio en la sociedad”. Frente a las campañas millonarias -sobre todo del Partido Patriota-, el pueblo guatemalteco debería preguntarse de dónde sale tanto dinero. Esas temibles vallas publicitarias en donde aparece la oscura amenaza de la “mano dura” nos recuerdan un pasado militarista infame.

En vano he buscado vallas en donde aparezca Rigoberta; tampoco carteles repartidos por todas partes. En cuanto al rechazo a “la mano dura”, sólo Álvaro Colom y Rigoberta Menchú insistieron en el peligro que ésta significaba.

Me pregunto quiénes y cuántos guatemaltecos vieron este foro presidencial previo a elecciones.

Me pregunto si no hubiera sido mejor que los candidatos, en lugar de gastar tanto dinero, ayudaran a aquella niñez que sufre de desnutrición crónica. Algo que ningún país desarrollado puede comprender al ver las inmensas riquezas de Guatemala, repartidas en unas cuantas familias criollas -o de linaje- y algunas familias de militares y ladinos que se han empezado a enriquecer con la mano de obra barata que pagan a sus trabajadores.

Nadie preguntó sobre la desnutrición que llora sangre. Ese tema, mejor no mencionarlo, mejor ignorarlo, mejor no ver las fotos de madres, niños y niñas esqueléticas y con síntomas de desnutrición.

Tampoco se habló sobre la necesidad de fortalecer al Estado, cada vez más debilitado a causa de la política neoliberal que cunde como plaga maligna en el mundo entero, pero sobre todo, en los países totalmente subdesarrollados, cuyos ciudadanos, para huir de la miseria, deciden alcanzar “el sueño americano”, que más bien es “la pesadilla americana”, sobre todo en esta época de Bush, cuando los republicanos han adquirido mayor poder.

Me uno a la voz de Torres-Rivas: Rigoberta, cualquiera sea su postura ideológica, significa “una ruptura fundamental en la historia de la política racista y colonial. No se ha dicho de manera apropiada lo que expresa la figura de Rigoberta Menchú en el juego electoral, y sobre todo en este 2007, en el que participan como nunca antes en la contienda, por lo menos siete figuras de la alta burguesía empresarial guatemalteca (...)”.

Fuente: www.prensalibre.com


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