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Crímenes sin castigo
Por Margarita Carrera - Guatemala, 27 de septiembre de 2007

CEH: “El Estado entero, con todos sus mecanismos y agentes, ha estado involucrado”.

En medio de la algarabía de los candidatos para presidente, parecen olvidarse los crímenes cometidos durante la guerra sucia. Como si los criminales hubiesen caído en el olvido, aunque no en el perdón. Se advierte que, tanto en el Remhi como en la CEH, la mayor parte de los testimonios difícilmente va más allá de 1970.

Se concentran, sobre todo, en los años más crueles: de 1980 a 1983. Asimismo, únicamente parece culparse al Ejército y a la guerrilla, dejando fuera a aquellos civiles que también han estado involucrados en desapariciones, asesinatos y masacres.

En 1954 se produjo la caída de Árbenz. Desde entonces, y con el surgimiento del anticomunismo, se crearon los “escuadrones de la muerte” contra los sospechosos de ser comunistas.

Aunque no hay que olvidar los secuestros y crímenes cometidos por guerrilleros y comunistas, lo cierto es que, desde 1954, empezó el enfrentamiento entre quienes defendían sus riquezas y quienes luchaban por la justicia social.

No en vano la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH) advierte: “Si bien en el enfrentamiento armado aparecen como actores visibles el Ejército y la insurgencia, la investigación histórica realizada por la CEH ha puesto en evidencia la responsabilidad y participación, bajo diferentes formas, de los grupos del poder económico, los partidos políticos y los diversos sectores de la sociedad civil.

El Estado entero, con todos sus mecanismos y agentes, ha estado involucrado. Reducir el enfrentamiento a una lógica de dos actores no explicaría la génesis, desarrollo y perpetuación de la violencia (...)”. Violencia que se perpetúa en la actualidad.

Y, sin duda, una de las razones por la que esta violencia persiste hoy en día es la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, dentro de los cuales están no únicamente los señalados por la premio Nobel Rigoberta Menchú.

El doctor Carlos Castro-Furlán publicó, en un campo pagado de elPeriódico, ciertas interrogantes y aseveraciones al respecto: “¿Quiénes fueron los responsables de los asesinatos masivos de líderes obreros y agrarios en Izabal y Tiquisate, recién estrenado el gobierno de Castillo Armas?

¿Quiénes integraron el Comité de Defensa contra el Comunismo de aquella época? (...) ¿Quién reivindica la memoria de los estudiantes universitarios asesinados en la 11 calle y 6a. avenida, en 1956, o frente a la antigua Facultad de Derecho en marzo y abril de 1962? (...) ¿Qué empresarios y terratenientes, unidos con qué militares, fundaron la organización paramilitar La Mano Blanca? ¿No es esta organización el origen de lo que hoy llaman ‘crimen organizado’?”

Se pregunta, asimismo, quiénes mataron a Mijangos, López Larrave, Fuentes Mohr y Colom Argueta; quiénes perpetraron masacres como la de Panzós. Aunque Castro-Furlán trata de rescatar la figura de Ríos Montt cuando se pregunta: “¿Cómo pudo ser Ríos Montt candidato de la izquierda democrática en 1974?, y ¿cómo pudo Ríos Montt cometer tantas atrocidades en tan sólo año y medio que duró su gobierno, al extremo de convertirlo en el icono de nuestras iras con respecto del pasado; es decir, 42 años de represión anticomunista?”

Claro que Ríos Montt no es el único genocida. Antes de él, con él y después de él, ha habido múltiples autores intelectuales y materiales de masacres, desapariciones y asesinatos. Lo penoso es que esta violencia, en lugar de ser combatida, es exaltada por algunos partidos políticos.

Una y otra vez insisto en recordar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra sucia. Por ello, cito constantemente textos tomados del Remhi y de la CEH. Cuando el Estado de Guatemala entregó este último, se acordó que lo escrito por la CEH fuera leído, de manera obligatoria, en todos los centros de educación; algo que se no se ha cumplido, lo cual afecta a las nuevas generaciones, que crecen en la ignorancia absoluta sobre la cruel historia patria. Una forma fácil de enterarse sobre la guerra sucia es poner como libro de texto En la mirilla del jaguar. Biografía novelada de monseñor Gerardi, escrito por mí y que continúa dentro de los libros más vendidos.

Fuente: www.prensalibre.com


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