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Duelo en letras y periodismo
Por Margarita Carrera - Guatemala, 4 de octubre de 2007

Un hombre cuya vida y obra han de ser valoradas y reconocidas.

Alfonso Enrique Barrientos acaba de realizar su último viaje. A pesar de que desde hace algún tiempo era víctima de una cruel enfermedad, su familia, amigos y colegas estamos dolidos por la pérdida de un hombre, que además de excelente escritor y periodista, tenía un corazón excepcional: generoso, discreto, humilde, sencillo.

Un ser cuya vida ha de ser valorada tanto como su obra. Un ejemplo de integridad. Él, que siempre escribía y exaltaba a todos los escritores y artistas guatemaltecos, jamás alardeaba de su propia labor. Cuando uno quería referirse a su obra, inmediatamente cambiaba de tema y resultaba alabando al otro.

Dentro de los seres humanos que he conocido en el transcurso de mi larga vida, puedo asegurar que difícilmente he encontrado a alguien tan profundamente humano, tan profundamente bueno, tan cabal, tan honrado, tan sensible y bondadoso, tan excelente esposo y padre, amigo generoso, amante de todo lo bueno y bello; incapaz de una crítica alevosa en contra de nadie.

En el año 2000 había ingresado como miembro de número en la Academia Guatemalteca de la Lengua. Entonces pronunció un excelente discurso: “Aproximaciones al ensayo”. ¡Mucho antes debió de haber ingresado, de acuerdo con sus grandes dotes como escritor! Culpamos todos de olvido, ¡tan acostumbrados estábamos a que él se ocupara siempre de nosotros.

Sin embargo, la labor de Barrientos no sólo como narrador, sino como dramaturgo, crítico, ensayista y periodista, es destacada y cumple una función de primera categoría dentro de la literatura centroamericana. Amigo íntimo de Otto-Raúl González (quien también nos acaba de abandonar), merece un lugar privilegiado dentro del panorama de la literatura guatemalteca.

Un homenaje especial de parte de la Academia Guatemalteca de la Lengua y de los diversos círculos de escritores y asociaciones culturales sería justo. No hacerlo, es signo de ingratitud.

Salvémonos a nosotros, valorando como se merece a este gran literato y periodista, a este gran hombre. Habría sido excelente que en vida recibiera más galardones de los que justamente ganó.

Barrientos era miembro de la Generación del 40, que establece continuidad con la del 20 por su protesta en contra de los regímenes dictatoriales encabezados por Estrada Cabrera y Ubico.

Asimismo, por su ideología de izquierda tuvo que vivir en el exilio. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su obra periodística se halla dispersa en periódicos: El Excélsior, de México; El Imparcial, de Guatemala, y fundamentalmente, en el diario La Hora, donde durante años dirigió el suplemento cultural.

Dentro de su narrativa es notable su obra El hombre y otros cuentos, pero también sobresalen Nat Brown, El hueso, Natalia Zetina y Aventuras navideñas; todos, cuentos de antología.

Entre los connotados escritores que se ocuparon de su obra destacan José Humberto Hernández Cobos, Rafael Heliodoro Valle y Luz Méndez de la Vega. Heliodoro Valle señala cómo Barrientos ha resucitado a Gómez Carrillo en un excelente libro sobre este autor.

He de confesar que, cuando pude leer esta obra titulada Enrique Gómez Carrillo, en su edición de 1994 de la Tipografía Nacional, quedé altamente impresionada. Al empezarla a leer, ya no la pude soltar hasta el final.

Sus páginas me cautivaron al remontarme más allá de mi época; tuve la sensación de revivir aquella era dorada en que Gómez Carrillo se paseaba por las calles de París y entraba noche a noche en los cafés.

Reviví sus bohemias, plenas de literatura y vino. Amanecí a su lado, sentí de cerca a Oscar Wilde, a Rubén Darío. Conocí de cerca a Mata Hari y me pareció tener una amistad no despreciable con el “Príncipe de los Cronistas”.

Estuve con él en sus viajes y, sobre todo, intuí su dolor oculto en su paladar dionisíaco. Todo ello, gracias a Alfonso Enrique.

Mucho se ha escrito sobre Barrientos, pero no es suficiente. Este gran hombre merece que se hagan mayores estudios sobre su vasta obra y personalidad. Un ser cuya vida y obra han de ser valoradas y reconocidas.

Fuente: www.prensalibre.com


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