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Tolerancia cero
Por Margarita Carrera - Guatemala, 15 de noviembre de 2007

“Mano dura” significa la criminalización de la pobreza que agobia a Latinoamérica.

En una época muy oportuna (antes de la elección final para presidente de Guatemala), F&G editores sacó a luz el número 2 de sus Cuadernos del presente imperfecto, con un trabajo de Bernardo Kliksberg sobre “Los mitos y realidades sobre la criminalidad en América Latina”.

En éste, el autor expone teorías sobre cómo enfrentar la criminalidad. Punto sobresaliente: considerar el problema policial como algo que se puede resolver con “mano dura”, creyendo que es la manera más eficaz para combatir la delincuencia. “Mano dura” también lleva la denominación de “tolerancia cero”, más fácilmente reconocible bajo la imagen de la “ventana rota”: castigar con la mayor severidad las pequeñas infracciones, pues al hacerlo se evitan delitos mayores.

En otras palabras, entablar una guerra en contra de los más débiles, los sin techo, la mendicidad. En semejantes casos, tal actitud policíaca se dirige frecuentemente contra migrantes y minorías étnicas.

De tal modo que la “tolerancia cero” no es sino una “intolerancia selectiva”, extremadamente discriminatoria contra determinados grupos de personas y en ciertas zonas específicas. La principal crítica sería: “¿Dónde está la ‘tolerancia cero’ de los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal y las infracciones contra la salud y la seguridad?”.

Pensando específicamente en Guatemala, ¿cómo descubrir y castigar a los personajes poderosos que dirigen el crimen organizado? ¿Cuándo se llevará a juicio a genocidas y torturadores de la guerra sucia?

En los países latinoamericanos, observa Kliksberg, abunda la miseria. Al mismo tiempo, quienes pertenecen al cuerpo de policías tienen magros salarios, carecen de estudios y de entrenamiento; fácilmente convertibles en “policías malditos”, corruptos, que pueden ser gobernados por grupos ilegales ocultos. Caso específico: el asesinato de los tres diputados salvadoreños y su chofer y, luego, el asesinato de los cuatro policías asesinos que, bajo órdenes superiores, habían cometido el crimen.

Otro peligro de la “intolerancia selectiva” o “tolerancia cero” es la “limpieza social”. El ejemplo que pone Kliksberg es el sistemático exterminio de niños de la calle en Río de Janeiro, Tegucigalpa, Bogotá y otras ciudades latinoamericanas.

La excusa para semejante infamia es que pueden transformarse en criminales. Lo mismo que suprimir las “razas inferiores”, práctica cometida por el nazismo. “La limpieza social es en realidad un eufemismo para ocultar este genocidio hitleriano cotidiano”.

La “mano dura” se aplicó “entre otros países en El Salvador, Honduras y Guatemala, diferenciando a Nicaragua que aplicó un enfoque muy diferente”. El encarcelamiento de las maras tampoco disminuyó la criminalidad. Todo lo contrario; en las mismas cárceles, las pandillas se fortalecieron más y se han venido matando entre sí.

Si la “mano dura” no funciona, como demuestra este politólogo argentino, es necesario responder con otras medidas más eficaces: en Nicaragua, en lugar de endurecimientos legales, se intensificó una relación activa entre la Policía y la comunidad y la apertura de oportunidades de trabajo y de desarrollo artístico y vocacional en las cárceles.

Surgieron comités de prevención del delito entre el Gobierno, los medios, el sector privado y miembros de las maras, dirigidos a ofrecer oportunidades a quienes dejan las pandillas.

Ejemplo: el Día de la Independencia del 2004, la policía utilizó a 800 jóvenes que habían pertenecido a maras para ayudar a mantener el orden.

El fenómeno de las pandillas se produce principalmente en países latinoamericanos en los cuales la pobreza va de 40 a 60 por ciento de la población. Estos porcentajes se registran en El Salvador, Honduras y Guatemala. Allí la “mano dura” viene siendo la “criminalización de la pobreza”. Lo que se ha de estudiar es cómo solucionar la pobreza; en mi opinión, algo que compete a un Estado fortalecido que tenga los recursos necesarios para atender salud, educación y vivienda.

Fuente: www.prensalibre.com


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