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Violencia ancestral
Por Margarita Carrera - Guatemala, 13 de diciembre de 2007

La infibulación, práctica horrenda, una de las peores torturas concebida por la mente humana.

El 25 de noviembre se celebró el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. En casi todo el mundo, como en Guatemala, se realizaron diferentes actividades dirigidas a sensibilizar a los seres humanos sobre esta problemática.

La mujer, que crece bajo el machismo, el peor de los látigos que atenta contra sus derechos, se ve hundida en el menosprecio, que más adelante la lleva a la inseguridad y a la poca estimación de sí misma.

Algo que podrá repercutir en su mente durante el resto de su vida. Lo peor, algo que transmitirá a sus propias hijas, haciéndolas creer que ellas también valen menos que los hijos varones.

No en vano, durante mi niñez -época en que la mujer era víctima de un machismo más exacerbado que el de hoy en día- yo quería ser varón. ¿Por qué mis hermanos sí estudiaban y yo no? Le preguntaba a mi madre. Porque ellos son varones. Tuve, pues, que acudir a la Escuela Nocturna de Farmacia en los años 40, mientras mis dos hermanos iban al colegio y, luego, a la universidad.

La primera violencia que sufre la mujer es el ninguneo. Ignorarla por el simple hecho de ser mujer, no reconocer sus méritos en las diferentes áreas del saber y del quehacer, implican violencia oculta, recelo, encono contra ella.

Pero esta clase de violencia se ha venido practicando en todas las civilizaciones del mundo. En unas más que en otras. Póngase como ejemplo la tortura a la que someten a las niñas en el mundo islámico, con el fin de suprimir sus naturales deseos sexuales.

Se trata de la infibulación, práctica horrenda, una de las peores torturas concebida por la mente humana, en la que se amputa, de manera grosera y dolorosa, el órgano sexual femenino. Tortura que, por fin, en el 2007, ha prohibido en su totalidad el Gobierno de Egipto.

Pero, ¿hasta qué punto no se seguirá practicando clandestinamente en este mismo país por mentes fanáticas que le tienen pánico a la sexualidad femenina? ¿Y qué decir de los otros pueblos islámicos? Veintiséis millones de mujeres mutiladas sexualmente hay en la actualidad en el mundo.

Y en este mismo momento no sabemos cuántas miles están padeciendo este suplicio atroz. Una especie de práctica satánica a la que asiste la familia. Por eso no solo pienso en la mujer guatemalteca, sino en las mujeres del mundo entero.

A favor de ellas hemos de luchar todos los seres humanos conscientes. Mujeres que han de ocultar su cabellera y hasta su rostro y el cuerpo entero. Mujeres que, muchas veces, luchan por conservar tales tradiciones, porque piensan que les proporciona identidad. ¿Cómo cambiar tal mentalidad? ¿Cómo entrenarlas para ser libres y sanas dentro de una sociedad fundamentalista que las condena desde el momento en que nacen?

Parece que no hay religión que no menosprecie, en una u otra forma, a la mujer. Aun en la Europa misma y otros países desarrollados. Siempre el simple hecho de ser mujer te lleva a luchar, no digo tres sino cien veces más que el varón, para que reconozcan tu trabajo, sea éste el que fuere. Puede que por eso valgan algo mis memorias, Sumario del recuerdo.

Una revelación que es, al mismo tiempo, rebelión. Ese narrar sufrimientos abrumadores. Esa constante humillación y autohumillación. A manera de novela.

Una novela en donde lo que se narra no es invención. ¿Es que, acaso, sólo lo que se imagina o inventa entra en el género novelesco? De todas formas, un testimonio de lo que sufre una mujer en toda época y lugar. Por ello, la educación de la mujer es algo fundamental para el desarrollo de un país.

Que tenga conciencia de lo que vale como ser humano, de sus propias capacidades y talento, de sus necesidades prístinas, de sus derechos, de su no claudicación en la lucha, de su fe en sí misma, más allá de toda mezquindad y regateo. Y darse cuenta de que el siglo XXI se asoma como el siglo en que la mujer podrá ser quien quiera ser. Un siglo en el que se lucha por la no violencia contra la mujer, y por sus derechos inalienables.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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