Conocer nuestra historia
Por Margarita Carrera - Guatemala, 20 de noviembre de 2008
Me parecen excelentes las columnas que A. Kaltschmitt escribió bajo el título “¿Legalizar las drogas?”, porque gran parte de la criminalidad en Guatemala desaparecería si éstas se legalizan. Cada uno de los puntos que expone tiene validez indiscutible. Para hacer reflexionar a los legisladores, quienes deberían emitir una ley que despenalice la droga. Además, esta despenalización sería el peor golpe que puedan recibir los narcotraficantes. Y no solo en Guatemala.
Deseo, también, aludir al editorial de Prensa Libre (13/11/08) “Importancia de conocer la historia”, en el cual se hace hincapié sobre la necesidad que tiene el pueblo guatemalteco de conocer su historia. Se habla de cómo la historia “ha sido expulsada de los programas de educación”, algo verdaderamente imperdonable, ya que por ello carecemos “de una identidad nacional”. Y, cabalmente, el 13 de noviembre de 1960, esto es hace 48 años, dio inicio la guerra sucia, que duró 36 años.
Si los guatemaltecos nacieron mucho después de estos acontecimientos, esto no es excusa para dejar de estudiar la historia reciente o antigua. Pero se tiene razón al decir que la ignorancia se da, sobre todo, en aquellas generaciones que nacieron en épocas distantes al conflicto armado.
¿Hubo guerra en Guatemala? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? Los jóvenes que tienen la oportunidad de estudiar miran hacia adelante y nadie se ocupa de enseñarles acerca del conflicto armado, del enfrentamiento entre la guerrilla y el Ejército, el último al servicio de los despotismos militares.
Claro que con todo y que la guerrilla cometió asesinatos y crímenes de lesa humanidad, éstos no son comparables con los llevados a cabo por el Ejército. Casi nadie estudia o lee Guatemala, nunca más o Guatemala, memoria del silencio, libros que debieran ser obligatorios en los centros educativos.
Al referirme a los jóvenes guatemaltecos, no tomo en cuenta a aquellos indígenas o ladinos hundidos en tal pobreza y miseria que no pueden asistir a la escuela.
Las preguntas que nos hacemos son: ¿De dónde los espantosos linchamientos? Los constantes asesinatos, ¿provienen solo del narcotráfico? ¿Quiénes enseñaron a cometer tantas barbaries? La respuesta nos la da la historia reciente, a partir de 1960 hasta 1996. Los pueblos indígenas que sufrieron masacres y genocidio lo recuerdan, porque sus padres y abuelos sufrieron en carne propia las atrocidades. Sin embargo, parte de la solución está a mano, pero ni se habla de ella: obligar a maestros y estudiantes a leer los documentos mencionados; hacer conciencia de que los males tienen un origen histórico.
Parte del Prólogo del resumen de Guatemala, memoria del silencio (CEH) expone: “(…) Guatemala ha tenido hermosas y dignas épocas desde el inicio de la cultura maya milenaria hasta nuestros tiempos; su nombre ha sido glorificado por su ciencia, sus obras, su arte, su cultura, por hombres y mujeres ilustres y humildes, honrados y de paz, por el premio Nobel de Literatura y por el premio Nobel de la Paz.
Sin embargo, en Guatemala se han escrito páginas de vergüenza e infamia, ignominia y terror, de dolor y de llanto, como producto del enfrentamiento armado entre hermanos.
Por más de 34 años, los guatemaltecos vivieron bajo la sombra del miedo, la muerte y la desaparición como amenazas cotidianas para el ciudadano común. La CEH fue establecida mediante el Acuerdo de Oslo, del 23 de junio de 1994, para esclarecer con toda objetividad, equidad e imparcialidad las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimientos a la población, vinculados con el enfrentamiento armado.
La Comisión no fue instituida para juzgar, pues para esto deben funcionar los tribunales de justicia, sino para esclarecer la historia de lo acontecido durante la guerra fratricida (…)”. Sin embargo, los tribunales guatemaltecos no han actuado hasta ahora, como sí lo han hecho en Argentina y Chile, por ejemplo.
Fuente: www.prensalibre.com.gt |