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¿Qué hacemos con la basura del feriado?
Por Margarita Castillo - Guatemala, 14 de abril de 2007

La Semana Santa, período de vacaciones para muchas personas, implica entre otras cosas el desplazamiento de grupos humanos hacia lugares turísticos, algunos de ellos abarrotados a más no poder, aún y a pesar de no contar con adecuados servicios públicos y privados. Otras personas acompañan expresiones religiosas, tales como las procesiones, mientras que algunos aprovechan el asueto para descansar.

La Semana Santa bien puede ser tipificada como una expresión de la cultura, recordemos que buena cantidad de los llamados “pasos” de las procesiones son sacados de lugares donde han permanecido guardados por un año, bajo la vigilancia de los párrocos. Cierta imaginería (santos, ángeles y otros) ha sido colocada a resguardo, despiezados, lo cual implica armarlos y luego vestirlos de gran gala, con túnicas bordadas para el efecto. Los “armistas” saben que las andas y los santos no vienen con manual de instrucciones y que rearmarlos tiene que ver con lo que han aprendido de sus padres y su propia práctica. A ello acompaña la tan celebrada elaboración de alfombras, para las que se utilizan miles de flores, frutas, aserrines de colores y otros aditivos. Siendo así, el asunto es toda una tradición que congrega a fieles y mirones.

Quienes son religiosos devotos seguramente disfrutan el ceremonial y la fiesta, sin embargo, los desperdicios y residuos que dejan a su paso las procesiones no pueden ser motivo de celebración y no es que éste sea el lado perverso de una manifestación cultural, es el lado perverso de la falta de educación y de conciencia sobre la responsabilidad que todos y cada uno tenemos con la limpieza pública. Además de ser un problema higiénico; la basura es un desperdicio de materias primas y energía al no ser reciclada y, en consecuencia, aprovechada. Hay que tomar en cuenta que siendo un asunto de higiene pública se dedica buena parte de los presupuestos municipales a su colecta. No hay que olvidar que con la basura proliferan los insectos, roedores y microorganismos patógenos, y si a ello se le agrega el inadecuado sistema de gestión de las basuras, esto deviene en un deterioro y depreciación del entorno debido a la contaminación del aire, del agua y del suelo.

Al finalizar las cortas vacaciones de la Semana Santa y producirse el regreso de quienes han visitado los sitios de turismo, a sus hogares, bien puede aplastarnos el desconsuelo, la desolación y la profunda pena. Avenidas y calles, playas y espacios abiertos, parques y áreas verdes, se ven plagados y desbordados de basura, se le tira para que otros la recojan. Los servicios municipales locales y el capitalino, hacen esfuerzos por recoger los desechos que no sólo se han acumulado sino que son mucho más que los habituales.

Sin embargo, con gran facilidad muchos vecinos lanzan a las calles basura, aún y a pesar de estar prohibido y penado por ordenanzas municipales, con el argumento de que no hay recipientes para depositarla y cuando hay, que les queda muy lejos para ir a dejarla. Pedirle a un ciudadano que tire la basura en los lugares destinados para el efecto y que además lo haga separando los residuos orgánicos de los inorgánicos, es tarea casi imposible y en esto también se mide esa falta de conciencia y de formación e información ciudadana.

Tal como lo he expresado líneas arriba, la Semana Santa es una fiesta de expresión cultural, pero resulta que el tema de la basura y los residuos también lo es. Todas las actividades que desarrollamos los seres humanos producen residuos, la diferencia está en la cantidad y la naturaleza de los mismos, en función de su origen. Así se habla de residuos sólidos urbanos, RSU, referidos a la basura que se produce a diario en las casas, tiendas, oficinas, mercados, restaurantes, calles y avenidas etc. Otros residuos, llamados tóxicos o peligros, RTP, son los que produce la industria y algunos que se utilizan en las casas a niveles permitidos, por ejemplo, pinturas, lejías, aerosoles, solventes, baterías y otros. Finalmente se habla de residuos no tóxicos, los que se producen en algunas actividades industriales o de construcción, los cuales no han sido sometidos a tratamientos químicos, como los escombros.

Algunos datos dan cuenta de que en países desarrollados una persona puede producir, como media, poco más de dos libras de basura por día, mientras que en los países en desarrollo podría ser la mitad, ventaja que debería ser aprovechada. En el año 2000, México ocupaba el 10º lugar y EEUU el 1º en producción de basura.

Alguna información es importante para tomarla en cuenta en la casa, por ejemplo el aceite usado no debe ser vertido en los desagües, pues llega a las plantas purificadoras de agua y afecta su funcionamiento. Cuando usted separa el vidrio de otra basura, también contribuye a una preclasificación del material y a que no dañen sus manos los “guajeros” que viven en los basureros recogiendo los desechos y clasificándolos para su venta. El tema de la basura también tiene su lado humano, medicamentos próximos a vencer o caducados, pueden ser llevados a las farmacias para su tratamiento adecuado o bien para que puedan ser donados a clínicas o centros de salud, en el caso de los que no serán utilizados.

El tema de la basura y los desechos debe ser un asunto de política pública y de responsabilidad ciudadana, nuestra bella ciudad y nosotros mismos merecemos vivir en un entorno limpio. En adelante cuando pensemos en basura fijemos la atención menos en lo inservible, sin valor y desechable y más mucho más en su potencial como materia prima y energía, siempre y cuando sepamos aprovecharlo, tal vez así nos queden más ganas de separar los desechos orgánicos de los inorgánicos y ninguna gana de tirarlos a la calle y estemos convencidos que celebrar no debe darse a costa de destruir el ambiente.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1179


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