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AEU: una cloaca pestilente. Saludamos a los estudiantes que la refutan
Por María del Carmen Culajay - Guatemala, 4 de octubre de 2016
mculajay621@gmail.com

"Aquí [en El Mezquital] estaba uno famoso que le decían El Ballena, todo tatuado. Él andaba con los de la AEU, y fue él quien le dio organización a todos los patojos. Pertenecía a la Mara 18."

Testimonio de un joven de El Mezquital

Alguna vez el Capitán Martínez Piloña, en una presentación pública en el marco de actividades por los Acuerdos de Paz, dijo con total soltura: "Durante la guerra el Ejército tenía tres objetivos estratégicos: el Triángulo Ixil, los Cuchumatanes y la Universidad de San Carlos". Evidentemente, los objetivos se cumplieron.

La Universidad de San Carlos fue criminalmente castigada. Cantidades industriales de estudiantes y profesores fueron muertos o desaparecidos; y los que pudieron salvarse de esa caza de brujas, tuvieron que marchar al exilio. La consecuencia de todo ello fue una universidad domesticada.

Hoy, a 20 años de terminada la guerra (que no es lo mismo que decir "construida la paz"), la universidad pública sigue mortalmente golpeada. El discurso neoliberal y privatista le ha calado hondo.

De hecho, el 50% de los estudiantes universitarios del país concurre a la más de una docena de universidades privadas que ofrecen sus servicios (muchas de ellas más parecidas a un colegito de secundaria que a un centro de estudios superiores). La universidad (pública o privada) pasó a ser abiertamente la instancia que otorga títulos para "ascender socialmente", para "salir de pobres". Aquello que consagra la Constitución Política de la República en su Artículo 82: la Universidad de San Carlos "Promoverá por todos los medios a su alcance la investigación en todas las esferas del saber humano y cooperará al estudio y solución de los problemas nacionales", ha quedado en la historia. Si alguna vez hubo compromiso social por parte de la casa de altos estudios, la estrategia militar se encargó de acallarlo.

En el medio de ese panorama, con profunda derechización y entrada triunfal del neoliberalismo, el Alma Mater pasó a ser un botín de guerra de mafias políticas que pasaron a disputársela. Consecuentemente, también el movimiento estudiantil fue derechizándose y retrocediendo en su compromiso social. La ideología de izquierda que años atrás poblaba la universidad, desapareció. Pero que quede claro: no desapareció por arte de magia. ¡¡Desapareció por las muertes, torturas y secuestros de que fue víctima!! Los ríos de sangre que corrieron permitieron llegar a la actual Asociación de Estudiantes Universitarios -AEU-.

Esta agrupación, gloriosa en su tiempo, formada por los más comprometidos y críticos estudiantes que se tomaron en serio aquello indicado por el referido Artículo constitucional, al igual que toda la universidad pública fue copada por la más repugnante y conservadora expresión de la derecha. Ya el Informe REMHI de la Iglesia Católica lo evidenciaba años atrás: "En el mes de agosto de 1989 varios dirigentes estudiantiles de la AEU fueron secuestrados y desaparecidos o asesinados en la ciudad de Guatemala. Los intentos de reorganizar el movimiento estudiantil, que estaba prácticamente desarticulado, se vieron así nuevamente golpeados por la acción contrainsurgente. Las sospechas iniciales de infiltración por parte de la inteligencia militar (EMP) se vieron posteriormente confirmadas por varios testimonios. (...) Se invitó a un grupo de estudiantes que se habían contactado para viajar a México, a un Encuentro de Estudiantes que se organizaba en Puebla. Contactaron a Willy Ligorría, que era presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho (...). Ligorría fue posteriormente investigado por un estudiante quien informó sobre sus fuertes vínculos con una 'mara' de la zona 18, cuyos miembros andaban armados; siempre se sospechó que estas maras habían sido formadas por el ejército".[1]

Desaparecida la combativa AEU de otros tiempos, quienes la coparon fueron jóvenes que, en realidad, no son estudiantes. Son estudiantes crónicos (las actuales autoridades de la Asociación llevan 16 años en la dirección), o son infiltrados, jóvenes de maras.

Las autoridades universitarias lo saben, y no solo lo permiten, sino que se aprovechan de la situación y los apoyan. La AEU es una fuerza de choque favorable al Consejo Superior. Por lo pronto, recibe alrededor de medio millón de quetzales al año, manejan armas de fuego, amenazan de muerte a quienes se le oponen, son los principales distribuidores de drogas en el campus, tienen absoluta impunidad para hacer lo que quieran. Son esos usurpadores los responsables de los criminales actos de los bautizos que tienen lugar año con año al inicio del ciclo académico, y unos borrachos empedernidos que han transformado la legendaria Huelga de Dolores en un bochornoso espectáculo decadente.

El estudiantado en su conjunto no les reconoce como sus representantes pero no hay reacción en su contra. Sin embargo, ahora sí hubo reacción. Un grupo de estudiantes de seis unidades académicas desconocieron a la actual AEU. Eso es una bocanada de aire fresco, de esperanza. No todo está perdido.

La crisis está instalada. No sabemos cómo podrá seguir esto, pero lo menos que podemos hacer es saludar eufóricos esta medida, llamando al desconocimiento de estos criminales fascistas que se han adueñado de una heroica y legendaria organización como la AEU, exigiendo su inmediata remoción y el llamado a elecciones limpias para nuevas autoridades estudiantiles.

"Podrán cortar todas las flores pero no detendrán la primavera", como dijo Pablo Neruda. La infección purulenta puede (¡y debe!) ser removida.

[1] Proyecto REMHI, ODHAG, Guatemala, 1998.

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