Los barrios marginales
Por Marcelo Colussi - Guatemala, 26 de noviembre de 2008
mmcolussi@gmail.com
En cualquier ciudad de Latinoamérica son comunes los asentamientos precarios. Con diversos nombres –favelas, villas miserias, barrios marginales– el fenómeno se repite: son un síntoma de los modelos económico-sociales en juego, al igual que otras manifestaciones que hacen al espectáculo urbano de la región: niños de la calle, ejércitos de vendedores ambulantes informales, barrios privilegiados amurallados, basura esparcida, transporte público malo.
Como todas estas formaciones sociales, son procesos complejos con un sinnúmero de causas. Nadie decide gustosamente ir a vivir a estos lugares; en todo caso, las condiciones lo fuerzan. Una vez ahí instalado, se torna muy difícil salir.
Marginalidad, mala calidad o falta de servicios básicos, violencia y delincuencia: estigmas todos que definen la situación de estas barriadas. Diversos motivos las alimentan: en general es la huída de población rural de su situación de pobreza crónica; a veces se escapa a guerras internas. Pero siempre es la desesperación.
En las urbanizaciones precarias la vulnerabilidad ante los desastres naturales es enorme, y de hecho así lo demuestra cada fenómeno que ocurre (son las casitas de cartón las primeras en desbarrancarse de los cerros ante un sismo o con lluvias torrenciales).
Aunque no hay datos categóricos, se estima que en algunas ciudades hasta una cuarta parte de su población vive en estos asentamientos. Los gobiernos dan diversas respuestas, con mayor o menor fortuna. De todos modos hay que señalar que más allá de la cuestión técnica en juego –planes de erradicación, provisión de servicios y mejoramiento de los asentamientos ya constituidos, etcétera– se trata siempre de acciones coyunturales, válidas e importantes sin dudas, pero que no pueden terminar con el problema de fondo.
Preguntar por qué se dan estas barriadas es como decir por qué hay niños de la calle, o por qué hay barrios con mansiones, fortificados y defendidos como castillos feudales. La pregunta orienta la respuesta: justamente porque la repartición de la riqueza es injusta, porque algunos pocos tienen tanto, grandes mayorías se ven excluidas no quedándole otra suerte que habitar casitas de cartón, sin servicios, donde la vida vale poco y la resignación es lo común. No es posible terminar con esta precariedad, en tanto no cambien en profundidad las políticas en curso.
Fuente: www.elperiodico.com.gt |