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“Trabajo sexual: Hay más compañeras independientes que las que dependen de un hombre”
Por Marcelo Colussi - Guatemala, 8 de octubre de 2019
mmcolussi@gmail.com

Adriana, Keyla y Ángela son tres integrantes de la agrupación OMES (Organización Mujeres en Superación) y de SITRASEXGUA (Sindicato Nacional de Trabajadoras Sexuales Autónomas de Guatemala). Desde estas instituciones trabajan arduamente por la dignificación de las trabajadoras sexuales de Guatemala, en combinación con instancias similares de otros países latinoamericanos. Su labor es incansable, con lo cual lograron importantes avances en la vida de muchas mujeres que ejercen este trabajo en el país, con grandes avances en lo gremial, en la toma de conciencia, en la organización.

Conversamos con ellas para tener una visión más amplia y detallada de la problemática.

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Pregunta: ¿Cómo está el campo del trabajo sexual en Guatemala en la actualidad?

Respuesta: Ha habido grandes cambios últimamente. Por ejemplo: el tema de las llamadas “pre-pago” lo abordamos desde una mirada abolicionista. Desde un punto de vista feminista se trata del poder decidir de la mujer. A las que habitualmente se les llama pre-pago son mujeres que tienen otras actividades en su vida, además del trabajo sexual, y que por las connotaciones casi denigrantes que tiene el llamarse “trabajadoras sexuales” en nuestra sociedad, utilizan la expresión “pre-pago”, dando a entender que ellas son de otra categoría social.

En general son mujeres que tienen más estudio que las trabajadoras sexuales comunes; pueden tener estudios universitarios, por ejemplo. Algunas, incluso, son graduadas universitarias.

Hoy día muchas mujeres ofrecen trabajo sexual por internet, a veces cobrando con tarjeta de crédito. Dan a conocer sus servicios en páginas de internet así como se ofrece hoy cualquier servicio. No solo trabajo sexual propiamente dicho se puede encontrar ahí, sino baile con poca ropa, damas de compañía, etc. El tema del trabajo sexual es muy amplio, hay de todo. Por ejemplo se encuentran mujeres, trans, escorts, bisexuales. Hay para todos los gustos y requerimientos de los clientes.

Pregunta: Todo esto, ¿está manejado por mafias que utilizan a las mujeres, o es un trabajo independiente de ellas?

Respuesta: En general son compañeras independientes que se promocionan a sí mismas. Utilizan todos los medios que hoy te brinda internet; se promocionan con fotos, algún video, ponen sus números de teléfono, contactos en whatsapp. En fin, hacen todo un trabajo promocional muy bien hecho, lo mismo que se puede hacer con cualquier servicio que ofrece una empresa. Lo que el cliente pida, se le complace: tríos, orgías, activo, pasivo, etc. “Muchacha joven, hermosa, adicta al sexo, multiorgásmica, poses, puro placer”…, así son las promociones.

Hoy día ya se ven menos las mafias que manejan la vida de las chicas; ellas mismas se promocionan. Incluso algunas tienen apartamento donde atender a los clientes, o lugares que consiguen, sin necesidad de depender de una red que las maneja. Hoy día hay más mujeres independientes que aquellas manejadas por un chulo, por un varón que las tiene casi esclavizadas.

Antes eso era lo más común: un tipo que las tenía controladas, y no solo por trabajadora sexual, sino como mujer, así como se ve con cualquier mujer trabajadora que depende de un varón que la controla, que la sojuzga. El hombre sigue imponiéndose a la mujer, en cualquier campo. Eso está cambiando, pero aún queda mucho por hacer.

En el trabajo sexual aquí en Guatemala la mayoría de las compañeras que están en esa ocupación trabajan solas, por su cuenta, no dependen de nadie a quien le tienen que rendir cuenta. Por supuesto que sigue habiendo explotación. Por ejemplo las mujeres de lo que se conoce como La Línea, una llamada zona roja donde hay pandillas que controlan el sector. Allí, aunque ya no hay tanto hombre cobrándole y controlando a las compañeras, pues ya se independizaron en muy buena medida, están las maras que le cobran extorsión.

Además, las condiciones de vida de toda la gente que habita en La Línea son francamente inhumanas, indignas. Los cuartos donde ejercen su trabajo las trabajadoras sexuales, allí en La Línea, son horribles. Pero esas condiciones de insalubridad son similares para todos los habitantes del sector. Eso es una muestra de cómo vive mucha gente en nuestro país, independientemente del trabajo que tengan.

Pero como una buena noticia podríamos decir que “chulos”, o “padrotes”, es decir, el tipo que vive de la trabajadora sexual que lo mantiene, casi no se ve ya hoy día. Eso está cambiando mucho.

Pregunta: Se puede decir, entonces, que ha habido importantes transformaciones en todo esto. ¿Podríamos decir que en este ámbito también se está dando una liberación femenina?

Respuesta: Sí, por supuesto. Ya las mujeres han abierto los ojos y se están independizando. En muchas ocasiones antes, ese hombre que las controlaba y les sacaba el dinero que cobraban, era el propio marido. O a veces otro hombre cercano: el hermano, el mismo padre, alguien de la familia. Lo que sí se ve mucho hoy día, con motivo de la explosión del uso del internet y las redes sociales, son los abusos, los engaños que se hace con mujeres, especialmente las más jovencitas.

Es fácil engañar y meter en problemas a una joven a través de internet, y eso pasa mucho lamentablemente. Todo eso, porque el cuerpo de la mujer todavía está desvalorizado, aún sigue siendo visto como objeto, incluso por muchas mujeres también, que sin saberlo repiten los modelos dominantes. Pero estas ideas de valorización femenina han calado hondo con las trabajadoras sexuales, pues ahora ya se dan a respetar más.

Hay más compañeras independientes que aquellas que van a un puesto de trabajo y dependen de un hombre. La muchacha que se para en la equina en minifalda está en vías de extinción. Antes lo común era una mujer parada en la vía pública, o en determinadas casas cerradas como clubes nocturnos, cantinas, etc. Hoy la oferta es distinta: además de lo que se encuentra en internet hay saunas, casa de masajes para hombres; ya ninguna, o muy pocas compañeras están supeditadas a un varón que las controla, les retiene el pasaporte si son extranjeras, las golpea, las abusa. La explotación laboral con las mujeres extranjeras era enorme. Eso, ahora está cambiando.

Pero esto no quiere decir que no siga habiendo trata de personas, fundamentalmente niñas y adolescentes. A muchas las traen engañadas desde otros países del área, de Honduras, El Salvador, Nicaragua, o las traen a la fuerza, y la explotación laboral que sigue es tremenda. Pero las trabajadoras sexuales cada vez están más conscientes, y una ayuda a abrirle los ojos a otra, y vamos ganando espacio entre todas.

Por eso hoy se ven, cada vez más, mujeres que trabajan por internet, porque eso es más seguro, más discreto, menos problemático. Ya no se depende de alguien que te manda, es una ocupación independiente.

Pregunta: Seguramente el trabajo gremial que hacen ustedes, con esa fuerte preocupación por lo sanitario y el control de cada mujer que labora en esto, ha ido cambiando el perfil de la trabajadora sexual. Como dijeron recién: la muchacha que se para en la equina en minifalda está en vías de extinción.

Respuesta: Sí, sin dudas. Nosotras, las mujeres, todas, también las trabajadoras sexuales, estamos haciendo un cambio en los modelos sociales, culturales. El feminismo también nos ha llegado, la teoría de género y una nueva conciencia nos llegaron, y a partir de eso hemos hecho grandes cambios. Por eso ahora es distinto el perfil de la trabajadora sexual típica. Eso ya casi no existe. Era común identificarla tradicionalmente con una mujer proveniente de un hogar desintegrado, golpeada, abusada, falta de proyecto en la vida.

Todo eso ha ido cambiando. Hoy, hablar de trabajo sexual, es hablar de un foro permanente, en discusión, en debate. Ya no es lo denigrante que era en un tiempo. Hoy día lo enfocamos desde distintas miradas, donde cuenta lo gremial, lo laboral, lo familiar. No tiene por qué tener el peso de un estigma, hay que terminar de discriminar a la mujer que ejerce ese trabajo, que en definitiva es una ocupación más.

Por eso mismo hay que tratar a la mujer que se dedica al trabajo sexual como a cualquier otro ser humano, sin distinción. Es una trabajadora, y punto. Entre nosotras ya jamás nos tratamos de “prostituta”, ni siquiera de “trabajadora sexual”. Simplemente: “compañera”.

En este último tiempo nos hemos movido mucho como movimiento sindical. Trabajamos desde la organización OMES: Organización Mujeres en Superación, que es una ONG, y desde el sindicato: SITRASEXGUA, Sindicato Nacional de Trabajadoras Sexuales Autónomas de Guatemala, que existe formalmente desde junio del 2016. Pensamos que si queríamos reivindicarnos como trabajadoras, tenemos que formar un sindicato; y así lo hicimos. Somos el segundo sindicato de trabajadoras sexuales de Latinoamérica, después de Colombia.

Pregunta: En otros países ¿también hay organización sindical de trabajadoras sexuales?

Respuesta: Hasta donde sabemos, hay en Nicaragua, y hay otro en Uruguay. Pero ahí lo organizó el gobierno, a partir del presidente Pepe Mujica. En Colombia y en Guatemala lo hicimos nosotras mismas, las mujeres trabajadoras. Por otro lado, según un estudio reciente al que tuvimos acceso, en Europa y en Estados Unidos no hay sindicatos de este tipo.

Aquí lo importante es que surgió de la necesidad y organización desde las propias mujeres trabajadoras. Nosotras impulsamos varias reivindicaciones y apoyamos la despenalización, por ejemplo, del aborto, del matrimonio homosexual, de la marihuana. Todo eso es muy importante. Hay que regularizar muchas cosas en Guatemala, que de hecho se hacen, pero al ser ilegales, se hacen en malas condiciones, con consecuencias no deseables.

Pedimos regularizar el trabajo sexual, y no solo desde el aspecto de la salud, sino desde el Ministerio de Trabajo como una cuestión laboral. Como cualquier trabajador o trabajadora, pedimos condiciones dignas para ejercer nuestra ocupación. Por ejemplo, a partir del seguimiento epidemiológico que hacemos con compañeras que se dedican al trabajo sexual, el índice de prevalencia del VIH-SIDA a nivel nacional en compañeras es menor al de las mujeres amas de casa. Tenemos un valor inferior al 1%. Eso es un logro de nuestro trabajo sindical.

En definitiva: hay que terminar de quitarle el estigma a esto que hacemos nosotras, el trabajo sexual. Somos trabajadoras, y como tales, merecemos condiciones dignas para trabajar.


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