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A propósito del artículo “Memoria de un cadáver rentable” de Mario Roberto Morales
Por Mario Domingo - Guatemala, 9 de mayo de 2007

No es la primera vez que Mario Roberto Morales aborda el tema del Caso Gerardi, desde un particular punto de vista y muy apegado a la “información” que le ha proveído el libro „¿Quién mató al Obispo?“ que al parecer se ha convertido para él en una especie texto sagrado en el que cree a pie juntillas.

En forma muy oficiosa apunta a la presunta inocencia de los militares que ya han sido condenados por su participación en el crimen (en todas las instancias judiciales), y por ello no sorprende que, en forma categórica, afirme que Monseñor Gerardi murió producto de golpes de piedra, patadas y “mordidas de perro”, además de aventurar la aseveración de que Monseñor Gerardi y el sacerdote Efraín Hernández eran enemigos, sin ningún fundamento para ello.

Quizá el espíritu hipercrítico de este columnista le esté llevando al borde de la miopía, y por lo tanto le invitamos a que, para tener un mejor juicio respecto a este tema, se acerque a la sede de la la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado en donde con sumo gusto le estaremos presentando documentos, fotografías y otros medios de prueba interesantes, no con el objeto de incidir en su opinión, sino para que se forme un mejor juicio al respecto.

Es insidioso afirmar, como lo hace, que Monseñor Gerardi valía más muerto que vivo. Ninguna muerte tiene mayor valor sobre la vida. Además, su afirmación de que la ODHAG tramitó una “millonada” para esclarecer el crimen no es nueva, pues ya durante la gestión de Otto Ardón Medina se pretendió practicar una auditoría a esta oficina, la que no se llevó a cabo pese al reto público de que la llevara a cabo. Los juicios que vierte para mantener su particular punto de vista no son precipitados, y sí con evidente mala fe.

Y si duda de la participación de los condenados en el crimen, le invitamos a consultar los memoriales de apelación y los recursos de casación presentados por ellos, en donde en forma clara y expresa en unos casos, y en forma tácita, en otros, dos de ellos aceptaron su participación en el crimen. Eso es lo que cuenta, y no lo que puede decir un libelo fabricado para proveerle una defensa pública, pero con información falsa, que ha buscado distorsionar la verdad en este caso.

El escritor Gabriel García Márquez, con los recursos lapidarios que le caracterizan, ha dicho que en materia de reportaje, una mentira echa a perder toda la obra, mientras que en ficción, un hecho verdadero la fortalece. ¿Piensa seguir creyendo en la ficción, Don Mario? ¿O se atreve a confrontar los hechos buscando verificarlos? De usted depende si se precia de escribir con objetividad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 270407 - Sección de cartas de lectores


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