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La adrenalina al anochecer
Por Miriam de León Escobar - Estocolmo, 14 de marzo de 2005

Subir a un autobús urbano a las siete y treinta de la noche se convierte en una aventura... parece que todos temen que su camioneta sea parte de los noticieros del día siguiente.

El punto de partida era la parada de la 7a. avenida con vía 3 y ruta 2, zona 4, frente al Super 24. Esa noche jugaba la Selección Nacional de Futbol contra Honduras; se veía a la gente caminar aprisa en busca de transporte para llegar cuanto antes a sus casas. Los taxis por rutina se detenían para ofrecer sus servicios, aunque probablemente lo hacían en respuesta al temor visible en mi rostro.

"A la gran, ya no vino el bus", le gritó nerviosamente una jovencita a su compañero de espera y luego siguió, "ojalá que venga luego porque si no, tendremos que caminar, y está de la gran diabla".

Se acercaron otras personas, en grupos de dos y tres, poniendo en práctica aquel refrán: "La unión hace la fuerza", muy juntos y solidarios.

La noche cayó de repente, y las calles empezaron a vaciarse; detrás de una de las vallas publicitarias apareció una muchachita sucia, pidiendo limosna. "Regalame un quetzal, dame un quetzal pues", dijo subiendo la voz, y con actitud algo violenta se dirigió a una señora que a su vez le respondió: "No te doy nada, trabajá". Entonces la muchachita le gritó; "!Cuidate pues, porque por garra te van a asaltar¡". Como picada por una serpiente la mujer alzó la mano mostrando algo dentro del puño, al mismo tiempo que exclamaba: "Si alguien intenta hacerme algo le rayo la cara con las llaves o le saco un ojo, siempre vengo preparada", y siguió, "la verdad aquí a uno no le queda más que defenderse de los maleantes".

Los gritos de los "brochas", continuaron durante mucho rato: "¡terminal, Barrio San Antonio, zona seiiis...!", "¡Muni, Placita y Parque Centraaal...¡", "¡Parroquia y Calle Martíii¡", "¡Parque Colón, Gerona...!" Por fin me decidí y paré una camioneta 101. Cuando la gente vio la cámara se puso nerviosa, especialmente un hombre que se cubrió el rostro con el gorro gris de su chumpa y se agachó, luego se dio vuelta y en tono imperativo le gritó a otro que iba más atrás, "¡tapate, que no te vean y no te dejés tomar fotos!".

A todos se les veía preocupados, miraban de un lado a otro, a la expectativa de cualquier cosa que pudiera ocurrir. Entre los pasajeros iba un pequeño niño con un morralito lleno de limones para vender, algunas parejas de novios abrazados y sentados muy juntos, señoras con sus bebés en brazos, comerciantes, oficinistas, estudiantes, todos juntas, en un mismo trayecto, con miedo. Fue un viaje lleno de adrenalina, en espera, siempre en espera a lo que pueda suceder...

LAS CAMIONETAS

Al anochecer, cuando ya es muy "tarde" ( más de las 19:30 horas) el precio sube a Q1.50 y Q2.

Fuente: de www.sigloxxi.com


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