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Tras 10 años de los Acuerdos de Paz... Las mujeres seguimos luchando
Por María Dolores Marroquín - Guatemala, 5 de marzo de 2007
mateocreelman@gmail.com

Las organizaciones sociales nos ganamos un premio con tanto documento y propuesta presentada. Pero lo neto es que eso sirvió para legitimar a los gobiernos sin que lográramos obtener acuerdos vinculantes.

¿Cuánto se escribió y cuánto se cumplió? Una pregunta tan simple como ésta podría ser respondida con tratados, informes técnicos y financieros que den cuenta de los grandes avances para la población.

Aunque existen voluminosos documentos que reportan en cifras la inversión social de los últimos años, lo cierto es que, para mucha gente, los Acuerdos de Paz pasaron a ser "recuerdos de paz". Lo observamos en la represión y opresión que contra las mujeres siguen reproduciéndose en las escuelas, los medios de comunicación, las religiones y normas bíblicas. En tanta pobreza alrededor, a pesar de las largas jornadas de su trabajo. En los salarios y el maltrato indigno que ellas sufren, pese a que dan lo mejor de sí mismas.

Podría parecer decepcionante, pero la verdad es que esto no es producto de los Acuerdos sino de la descomposición generada durante tantos gobiernos militares, la represión y la falta de comprensión de que las propuestas de la población no son necedades, que la gente pide pan porque tiene hambre, no porque quiera tirarlo y sólo pedirlo para joder.

Sin embargo, y como se dice en el Sector de Mujeres, "a pesar de todo... seguimos en la lucha". Por esto la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG) y el Sector de Mujeres, instancias que representan al movimiento de mujeres en el Consejo Nacional de los Acuerdos de Paz, realizaron a finales del año pasado un encuentro con organizaciones de mujeres de todo el país, para hacer un balance sobre lo que han significado estos 10 años. Se presentaron ponencias que dieron lugar a la discusión y parece haber mucha más madurez en los análisis realizados.

Una coincidencia fue la falta de cohesión de la sociedad civil durante este proceso. Los "sectores" nos fuimos cada cual a ver cómo librábamos las batallas por nuestras propuestas y necesidades, mientras el gobierno, con una sola estrategia, nos mangoneaba como quería. Tuvimos entre dos y cinco años de debates, formulación de propuestas, construcción de iniciativas de leyes y políticas públicas. Las organizaciones sociales nos ganamos un premio con tanto documento y propuesta presentada.

Pero lo neto es que eso sirvió para legitimar a los gobiernos sin que lográramos obtener algunos acuerdos vinculantes.

Lo que sí nos dejó este proceso es madurez; eso espero, por lo menos, porque tanto elaborar, tanto negociar, tanto llegar a acuerdos, algo debió enseñarnos, aunque sea cómo no hacer las cosas.

La atomización del movimiento de mujeres, el aislamiento de las diferentes fuerzas sociales dentro del movimiento popular y la falta de una estrategia común en ambos espacios sólo nos debilitan.

Uno de los retos que tenemos enfrente es la unidad, que no significa -entiéndase- que las mujeres dejaremos nuestras propuestas y reivindicaciones con tal de andar en paz. Al contrario, la unidad debe partir de que nos reconozcamos como iguales (aun dentro de nuestra diversidad) y como sujetas y sujetos, de ser consideradas como tales en cualquier propuesta de nación o de desarrollo nacional que impulsemos.

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