Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Monólogo de Auschwitz
Por Maurice Echeverría - Guatemala, 3 de febrero de 2005
maurice@elperiodico.com.gt

¡Yo, que fui el súmmum mismo del mal y la destrucción!

Tengo poco más de sesenta años, y soy olvido. Todos hablan de mí, pero nadie en verdad me conoce, nadie se detiene a escuchar, a verdaderamenteescuchar el lamento sordo que inunda mis recintos, como antes lo hacía el gas. Mis crematorios están vivos: tienen nervios, huesos, salivas, recuerdos. Todo el tiempo tosiendo, vomitando sangre, como tuberculosos, mis muros están enfermos de nostalgia. Extrañan aquellos momentos de gloria: los oficiales de la SS, relucientes en su uniforme –sin una llaga, sin esas manchas silenciosas, judías–, dando órdenes y golpes.

Esas mismas manchas, ahora soy quien las tiene, las mismas manchas honradas, infectas… Se me apagó la risa (cuyo nombre científico es Zyklon B). Dicen que unos judíos escaparon: yo recuerdo haberlos matado a todos, pero aseguran que unos lograron sobrevivir a mi régimen de libertad, de salud, de trascendencia: espero que ellos también, y sus hijos, y los hijos de sus hijos, estén manchados, como yo. Merecido lo tienen. Por escupir en suelo sagrado, ¡en el suelo de la Fábrica! Hasta mí llegaban los largos trenes, como calendarios.

Pero ahora sólo vienen los buses de los turistas, atraídos a mí por una especie de morbo, como si yo fuese una ramera vieja. ¡Yo, antes un antiguo cuartel de la monarquía austro–húngara, tratado como una ramera decrépita! ¡Yo, que digerí a incontables cuerpos en mis entrañas de fuego! ¡Yo, que fui el súmmum mismo del mal y la destrucción! Escuché hace poco que un príncipe –pero no sé de qué imperio– se puso el antiguo uniforme… Me sentí tan feliz. Inclusive tuve… esperanza. Qué cosa rara es la esperanza. Un lamento sordo en mis alcobas deambula como un fantasma, como una oración, como un flotante alambre de púas…

Tomado de www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.