Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El placer de estar mal
Por Maurice Echeverría - Guatemala, 1 de diciembre de 2005
maurice@elperiodico.com.gt

Los argumentos son fáciles de inventar.

¿No puede decirse que somos prisioneros de ciertos conflictos? ¿Y no cabe decir que la razón por la cual no hemos establecido líneas de consenso respecto a ciertos temas es porque en el fondo no nos interesa resolverlos? Tales conflictos nos dan placer.

Nos gusta, por lo tanto, manosearlos (como manosearle los senos a una mujer muy vieja, ya en el vértice de la degradación) y también irritarlos (como irritar un panal de abejas con un palo). Es el caso tópico de los anticonceptivos. Oh, esa vieja mano de chimpancé, monárquica y amarilla, cubierta de arrugas/argumentos. Los argumentos son fáciles de inventar, pero no sirven de nada. No importa si son argumentos teológicos, o más bien económicos (las farmacéuticas): no sirven de nada. Párrafos para la gran novela (de caballerías) de la inercia. Sepulcros del sentido.
Estar conscientes de nuestros vejámenes no hace ninguna diferencia profunda y ni siquiera hablar de ellos (incluso desde el púlpito de Catedral) cambia en verdad la estructura del conflicto. Más bien lo refuerza.

Nada cambiará mientras sigamos usando las mismas tácticas de oposición, las mismas palabras, y sigamos siendo los mismos actores dando la misma sentencia, con la misma interfase axiológica, la misma diagramación de valores, delineando las mismas redes neuronales, enquistadas sempiternamente alrededor de lo Mismo.

Con reaccionar solamente nos limitamos a zanjar más hondo en lo que desde ya llamaremos la morbodialéctica, ese diálogo torpe, sucio, inoperante, paranoide, con el cual nos condenamos a seguir falsificando nuestra ilusión de “crítica democrática”. Sepulcros, ya lo dijimos. Nichos, esfínteres. Zonas erógenas discursivas que –y aquí la ironía del asunto– poco a poco van perdiendo su sensibilidad, hasta quedar completamente secas

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.