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Alaíde Foppa
Por Marta Sandoval - Juan Solís- Guatemala, 19 de diciembre de 2005

El día que Alaíde no regresó a casa

Marta Sandoval/elperiodico

Hoy hace 25 años desapareció Alaíde Foppa, poeta, feminista y precursora de los derechos de las mujeres.

Alaíde Foppa regresó a Guatemala sumamente af ligida. Su vida ya no era la misma. Juan Pablo, su hijo menor, había fallecido hacía poco en un enfrentamiento con el Ejército. De sus tres hijos guerrilleros, había perdido al primero. Poco tiempo después, su esposo, Alfonso Solórzano, murió en México, atropellado por un automóvil. Alaíde empezó a llenarse de silencio.

Era 1980, y Lucas García estaba en el poder cuando Alaíde se encontraba de nuevo en Guatemala, el país por el que habían luchado sus hijos, su esposo y ella misma, incansablemente. La recibió un cielo nublado y gris. Visitó a su madre, Julia Falla, y a su lado trató de sobreponerse al duelo.

Una tarde Julia, la hija mayor de Alaíde, respondió una llamada que se sumaba a los muchos golpes que había recibido en ese año; era su abuela, que le contaba que Alaíde había salido con el chofer y aún no regresaba, estaba sumamente preocupada. Ahora se sabe que un auto de la G2 se interpuso en su camino, los secuestró y sus nombres se sumaron a la lista de desaparecidos.

Las protestas y reclamos para que apareciera con vida llegaron de todas partes: gritos y pancartas frente a la Embajada de Estados Unidos y el Palacio Nacional. Simone de Bouver y Susan Sontag enviaron cartas al Gobierno de Guatemala pidiendo que la encontraran. Pero no lo hicieron, y hoy se cumplen 25 años de aquel día.

Meses antes de su desaparición, Alaíde se multiplicaba entre la redacción de la revista Fem, las clases en la universidad y la cabina de radio donde transmitía El foro de la mujer, r un programa que se había convertido en un espacio de denuncia, en el que campesinas guatemaltecas contaban cómo los militares llegaban a sus comunidades, mataban a sus hijos y las violaban para obligarlas a confesar dónde estaban los guerrilleros. La última campesina indígena que conversó con Alaíde fue Rigoberta Menchú.

Alaíde se había caracterizado por su lucha feminista. Su hija Laura cuenta que su madre ya sabía que iban tras sus pasos. “Primero secuestraron a una amiga de ella, tres días antes, pensando que era ella. Mi mamá lo supo. Mi hermano se jugó la vida para avisarle, para decirle que por favor se aislara, porque ya sabían que algo había pasado. Ella lo supo y, a pesar de eso, tomó la decisión de ir a dejar una carta o un dinero que le habían encomendado. Cuando yo fui a dejarla al aeropuerto, iba como niña, emocionada, me dijo: ‘Yo voy a llevar una carta, voy a ser correo del movimiento insurgente’.

Así salió a México”. Alaíde es “mujer de gracia y de dulzura, Alaíde es feroz consigo misma. Se exige siempre, se acicatea, sangra sus ijares, todas las causas valen más que ella misma”, dijo Elena Poniatowska. “Nadie comprende cómo Alaíde se da tiempo para abarcar los cuatro intereses de su vida, los cuatro pilares que la sostienen: la crítica de arte, el feminismo, la poesía (límpida, clara, como ella misma), la docencia y la vida académica. Por si esto fuera poco, Alaíde todavía se entrega a la traducción simultánea del italiano al español o viceversa para redondear su presupuesto”, comentó.

POETA, FEMINISTA

Alaíde Foppa nació en Barcelona en 1914, de padre argentino y madre guatemalteca. Vivió mucho tiempo en Italia y Argentina. Llegó a Guatemala en el 44.

“Llegué en vísperas de la revolución democrática; viví en pocos meses ese estado de angustia y opresión. Fue la primera vez que sentí a la gente, el miedo, la angustia, la enorme injusticia social, la pobreza, la explotación del indio. Para mí fue impactante. Comprendí que de alguna manera yo tenía que participar de todo aquello... Aunque había vivido la Segunda Guerra en Europa, como extranjera no podía participar. Como mi padre era diplomático, me decía siempre: “¡Tú no te metas!”. En Guatemala fue diferente. Estuve allí el 20 de octubre de 1944 cuando estalló la revuelta popular democrática. Hubo bombazos. Oía pasar las balas muy cerca, cosa que no había vivido en Europa. Esta vez no quise quedarme al margen. Fui a ofrecer mis servicios al hospital y la primera noche me la pasé metiendo enfermos debajo de las camas porque bombardearon el edificio. Allí vi los primeros muertos de mi vida. Comprendí qué tan alejada había vivido de la realidad latinoamericana...”

Se casó con el guatemalteco Alfonso Solórzano, autor del Código de Trabajo de Guatemala, con quien tuvo cinco hijos. En 1954 salió con su familia al exilio y se instaló definitivamente en México. En ese país fundó la revista Femen 1975, una publica- m ción que llegó a cobrar gran importancia en el medio. Poniatowska cuenta que “ Fem encabezaba siempre causas justas, defendía injusticias y desamparos, optaba por las más débiles y discriminadas: los grandes sectores de mujeres explotadas y marginadas”.

Fue catedrática de la UNAM, en donde además fundó la cátedra de Sociología de la Mujer. Encabezó la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión (AIMUR). En 1972 inició las transmisiones de El Foro de la Mujer, por Radio Diversidad de México. Publicó poesía y crítica de arte. Sobresalen sus poemariosLa Sin Ventura, Los dedos de mi mano, Aunque es de noche, Guirnalda de Primavera, Elogio de mi cuerpo, Las palabras y el tiempo. Tradujo al español El ave Fénix, de Paul Eluard, y la Poesía de Miguel Ángel (el escultor renacentista).

Fuente: www.elperiodico.com.gt

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Foppa, aún sin justicia

A 25 años de la desaparición de la poeta y feminista Alaíde Foppa, los culpables siguen impunes. Su hijo denuncia falta de voluntad política.

Alaíde Foppa, fundadora de la Revista Fem

Juan Solís/El Universal

A 25 años de la desaparición de la poeta, crítica de arte, traductora y feminista Alaíde Foppa, secuestrada en la ciudad de Guatemala el 19 de diciembre de 1980, los culpables del crimen permanecen impunes.

Sin embargo, la posibilidad de que se haga justicia está latente y depende de la voluntad política de las autoridades de España, México y Panamá, país este último en el que, según informes, se encuentra Donaldo Álvarez Ruiz, ministro de Interior de Guatemala en 1980 y responsable directo del secuestro y la desaparición de Foppa.

Así lo plantea Julio Solórzano, hijo mayor de Alaíde Foppa, quien junto con su hermana, Silvia Solórzano, presentó el caso de la desaparición de su madre ante el Juzgado Central de Institución número uno de la Audiencia Nacional de España, en enero de 2000.

Producto de esa querella es la orden de aprehensión que desde España se dictó contra Donaldo Álvarez, quien fue localizado en 2004 por la Fundación Rigoberta Menchú en Tlalnepantla, estado de México.

Aunque existía la orden de aprehensión por parte de un juez mexicano, necesaria para que pudiera actuar la Interpol, en diciembre de ese año Álvarez escapó de la justicia mexicana. Ahora está en Panamá.

"Es muy frustrante que haya escapado -asegura Solórzano en entrevista-. Es muy fácil sospechar, en el peor de los casos, de complicidades, y en el menos peor, de negligencia."

El caso está abierto y la captura del responsable depende "de la voluntad política, que en estos casos se demuestra con hechos. Mientras no lo detengan, no hay voluntad política."

Para Solórzano no ha habido voluntad política por parte "del gobierno panameño, español y en gran medida del mexicano. Donaldo Álvarez ha estado viajando entre Panamá y México con documentos mexicanos falsificados."

La madre

Alaíde Foppa nació en Barcelona, en 1914. De madre guatemalteca y padre argentino, Foppa vivió primero en Argentina, luego en Italia, donde estudió la secundaria. En Bélgica realizó el bachillerato y regresó a Roma para estudiar letras e historia del arte.

Llegó a Guatemala poco antes de la revolución democrática de 1944. Estuvo presente el 20 de octubre de ese año cuando estalló la revuelta popular. Pasó esa noche como voluntaria en el hospital, metiendo a los enfermos debajo de las camas debido a que el edificio había sido bombardeado.

En 1944 se casó con Alfonso Solórzano, terrateniente guatemalteco que había estudiado derecho en Alemania y que colaboró en los dos gobiernos democráticos del país centroamericano (Juan José Arévalo 1945-1951, y Jacobo Arbenz 1951-1954), antes del nuevo golpe militar ocurrido a mediados de los años 50.

Alaíde, su esposo y sus cinco hijos, Julio, Mario, Silvia, Laura y Juan Pablo, se refugiaron en México. Foppa se desempeñó como catedrática de la UNAM y traductora, entre otras actividades.

En 1976, junto con Margarita García Flores, decidió publicar la Fem, primera revista feminista de América Latina, en cuya fundación colaboraron, entre otras, Lourdes Arizpe, Marta Lamas y Elena Poniatowska.

Cuatro años antes, había iniciado en Radio UNAM el programa "Foro de la mujer", que se convirtió en un espacio de debate, información y denuncia para las mujeres mexicanas.

"Alaíde siempre tuvo la habilidad de combinar una enorme cantidad de actividades como intelectual, académica, poetisa, crítica de arte y feminista, con su vida familiar" -recuerda Solórzano.

"Yo fui el mayor y realmente conviví poco con la familia. Pasé muchos años en internados. Fue una familia que se movió mucho y muy pronto cada uno de los integrantes agarró su camino. La recuerdo como una madre cariñosa y ocupada, muy estimulante en cuanto al interés por las artes y la condición humana."

Cuenta Solórzano que su padre adoptivo, Alfonso (es hijo de Juan José Arévalo), era una persona de fuerte militancia. Su posición política, combinada con el humanismo de Alaíde, fomentó en los hijos un compromiso con las causas sociales y un gusto por las artes.

Tres de los hijos de Alaíde: Juan Pablo, Mario y Silvia, se incorporaron a la guerrilla guatemalteca. Los dos primeros murieron.

"Una madre que ve a sus hijos involucrados en una guerra sufre angustia. A ella le tocó. El primero en morir fue Juan Pablo. Unas semanas después Alfonso Solórzano fue atropellado en la avenida Insurgentes, en condiciones que nunca se aclararon. Luego vino el secuestro y desaparición de Alaíde, y a los pocos meses murió Mario en Guatemala."

La impunidad

"Al momento de la desaparición tratamos por todos los medios de rescatarla con vida -recuerda Solórzano-. Mi hermana Laura fue a la ONU, a Nueva York. Yo fui a Francia donde estuve con Julio Cortázar en el senado de París."

En México, el canciller Jorge Castañeda, padre del primer secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Vicente Fox, integró una comisión con Juan José Bremmer, Leopoldo Zea, Jorge Carpizo, Gastón García Cantú y Socorro Díaz para ir a Guatemala.

Antes de partir, el canciller recibió un telegrama por parte de las autoridades guatemaltecas en el que se decía que el gobierno atendería a la delegación, pero también se le advertía que debido al deseo desestabilizador del "comunismo internacional", los miembros de la delegación podrían salir dañados.

Una vez que la muerte de Alaíde fue confirmada por testigos que presenciaron la tortura a la que fue sometida en la casa del prófugo Donaldo Álvarez, la esperanza se disipó.

La detención de César Augusto Pinochet, en Londres, por Delitos contra la Humanidad abrió una posibilidad de justicia, de que la impunidad no fuera total.

Para asuntos legales, Alaíde Foppa sigue siendo una persona secuestrada y desaparecida; para sus amigos y compañeros, una mujer inigualable, y para su hijo, la persona que "para citar uno de sus poemas, dejó sembrada en mí una semilla muy grande de amor".

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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Alaíde Foppa, fundadora de la Revista Fem

Juan solís/ El Universal


Lourdes Arizpe y Marta Lamas, fundadoras de Fem , con Alaíde Foppa, evocan a la luchadora social.

Lourdes Arizpe, antropóloga

Debí haber conocido a Alaíde Foppa en 1974, porque era profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Entré a varias de sus clases por mero interés.

Era una maestra muy buena, con una cultura muy amplia. Si no mal recuerdo, Margarita García Flores y Alaíde, en un viaje, platicaron sobre la necesidad de una revista, y nos invitaron a varias jóvenes a fundar Fem.

La publicación tuvo varios méritos: ser una revista hecha por mujeres para reflexionar sobre ellas y como empresa de mujeres.

Alaíde Foppa era una mujer muy refinada. Recuerdo que en la primera reunión de Fem nos sirvió té en una tacitas de porcelana muy delicadas. Era una gran dama y como tal tenía don de gentes.

Trabajé en Fem desde 1975 a mediados de los 80. Cuando la desaparición de Alaíde yo estaba en Málaga y al oír la noticia salí a la playa totalmente desamparada. Su legado es que, como mujer de una clase privilegiada, reconoció las terribles condiciones de vida de los indígenas. Comprometerse con esta causa le costó la vida.

Marta Lamas, antropóloga

Conocí a Alaíde en 1976, cuando ella, con Margarita García, decidió hacer una revista feminista. Yo conocía a Margarita y me llevó a una reunión a la casa de Alaíde, quien se sacó un poco de onda porque no le habían avisado.

A la hora de las reuniones encontramos que nos entendíamos muy bien y se desarrolló entre nosotras una relación muy fuerte. Fem fue la primera revista de México y América Latina.

Las reuniones eran una mezcla de juntas de intelectuales y de amigas cotorras. Hablábamos del número y de la vida amorosa de cada una. Fuimos conociendo la vida íntima de cada una. Las que tenían marido nos platicaban sus broncas. Era una mezcla de trabajo intelectual muy riguroso con chisme y apapacho.

Fem vino a llenar una necesidad. Había un movimiento feminista de cinco o seis años y el nivel de calidad y rigor de la revista cubrió una necesidad de información y de formación.

El año en que matan a su hijo, Juan Pablo, y se muere su marido, dejó esa forma de vivir tan cómoda y burguesa que tenía para comprometerse más con la causa política. Vende su casa y se cambia a un departamento más pequeño. Yo la ayudé a empacar y a seleccionar qué se llevaba y qué dejaba. Ese último año, antes de su desaparición, fue muy importante para ella y lo tengo muy presente.

Fuente: www.eluniversal.com.mx


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