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No, no hubo «revolución de colores»
Por Marco Fonseca - Guatemala, 9 de marzo de 2016

Mi respuesta a la pieza de Mario Roberto Morales en elPeriódico de hoy es que no, no es cuestión de «conspiración y paranoia» lo que está detrás de la tesis de que lo que hubo en Guatemala en 2015 fue una supuesta «revolución de colores» y un «golpe blando». Lo que está detrás de ello es, creo yo, una aplicación errónea al caso Guatemala de la teoría de la «revolución de color» como la elaboró Gene Sharp (ver http://wp.me/p6sBvp-8g).

Estoy de acuerdo que el extremo centrismo de cierta gente estuvo perfectamente feliz con dejar la protesta al nivel de un moralismo vacío que no puede resultar en nada más que en la reproducción de lo hegemónico. Estoy de acuerdo que hubo grupos y centros de pensamiento que se plegaron a la idea de que lo que había que hacer es consolidar la democracia y el Estado de derecho y «aprovechar» la oportunidad para limpiar al Estado y el gobierno de lo que MRM llama «los impresentables». Estoy de acuerdo que hubo gente en la protesta ciudadana, sobre todo de clase media urbana, que entró en la misma desde el principio con un discurso que le hizo eco a las consignas del Cacif y sus aparatos ideológicos de pensamiento, pues eso es lo que es la consigna de limpiar la corrupción y transparentar al Estado.

Pero es peligroso, creo yo, afirmar en general que todos los colectivos y movimientos sociales que participaron en la protesta fueron igualmente manipulados por La Embajada. No podemos reducir la complejidad del Evento de 2015 a tal manipulación pues con ello trivializamos el trabajo y significado de colectivos como la Asamblea Social y Popular, la Marcha Indígena, Campesina y Popular, sin dejar de mencionar a colectivos como ‪#‎JusticiaYa‬, ‪#‎UsacEsPueblo‬, La Plaza y el CEUG. Es preciso afirmar que ninguno de estos colectivos fue un simple títere de la «promoción democrática» de Washington. Es preciso repetir que la posibilidad cuántica de la Refundación no fue una simple ilusión sino que fue el producto de una crisis de hegemonía mucho más profunda y que no tuvo nada que ver con «revolución de color» (ver 1 http://wp.me/p6sBvp-7V y 2 http://wp.me/p6sBvp-b8). De hecho, en los círculos en las cuales se habló de Refundación - desde la Asamblea y la Marcha Indígena, Campesina y Popular hasta La Plaza y otros colectivos que la articularon explícitamente - también constituyeron, si lo puedo poner en términos gramscianos, su propio sustento, autorización y validez. No es pues una simple «ilusión sin sustento» y no hay que abandonar esa idea al armario de la memoria o al closet de los ideales platónicos remotos.

Estoy de acuerdo, obviamente, que EE.UU. siempre ha sido un factor de poder permanente en la vida política nacional de Guatemala. Pero es peligroso pasar de ese reconocimiento al argumento de que la Guatemala bajo OPM y el PP equivalía de alguna manera a Ecuador, Bolivia y Venezuela. Un «impresentable» en el poder no es suficiente para una revolución de colores y un cambio de régimen. Se requiere muchísimo más de lo que estaba pasando en Guatemala. Y el hecho de que la protesta ciudadana no pasó del discurso de la anti-corrupción y la transparencia (coincidiendo así con el Cacif, etc.) al discurso abierto de la Refundación (ampliando así la demandas de abajo) no debe cegarnos a la novedad y el significado complejo del Evento de 2015 (ver http://wp.me/p6sBvp-a1). De nada le sirve a Washington promover un cambio de régimen en un país como Guatemala donde el régimen es funcional a las necesidades de Washington. En estos casos lo que hay que hacer es consolidarlo o, si las protestas ciudadanos amenaza con ponerlo en peligro de caer como de hecho fue el caso en Guatemala, restaurarlo. Y eso sí fue lo que pasó en Guatemala: Washington colaboró para ayudar a forjar, guiar y colocar en el poder a una restauración conservadora y reaccionaria.

La Refundación también requiere pensar con audacia (ver http://wp.me/p6sBvp-85).

Vamos patria hacia la ‪#‎RefundaciónYa‬

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