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La polisemia de la #Refundación
Por Marco Fonseca - Guatemala, 10 de mayo de 2016

Los términos claves de todo movimiento histórico contestador, desde movimientos de esclavos hasta campesinos, desde proletarios hasta piratas, desde indignadas hasta hacktivistas siempre han estado sujetos a la lucha ideológica, a los intentos de cooptación o apropiación y a los intentos del sabotaje. Lideres históricos de movimientos populares o revolucionarios han siempre tenido que luchar contra la apropiación y cooptación de sus términos por parte de grupos oscuros de poder o fuerzas políticas comprometidas con el reformismo superficial o la restauración del status quo. Marx se las tuvo que ver con quienes él llamó los «críticos críticos»; Lenin con quienes él llamó «los amigos del pueblo» y Gramsci con quienes él calificó de «jesuíticos». Algo similar ha ocurrido en procesos contemporáneos refundadores como los de Ecuador, Bolivia y Venezuela donde los/as enemigos/as de la Refundación adoptaron discursos refundadores precisamente para desactivar la Refundación desde abajo y restaurar el neoliberalismo y el dominio de la globalización. Esa es en efecto la naturaleza de las luchas ideológicas, discursivas y sobre todo contra-hegemónicas. Esto es parte del claroscuro de la restauración. De hecho, como Gramsci nos recuerda, es propio que se de la confusión lingüística e ideológica de los términos bajo disputa cuando estamos llevando a cabo una lucha de posiciones en un contexto de crisis de hegemonía y restauración conservadora. Como Gramsci lo pone:

Cuando estas crisis tienen lugar, la situación inmediata se vuelve delicada y peligrosa, porque el campo queda abierto a soluciones de fuerza, a la actividad de potencias oscuras representadas por los hombres providenciales o carismáticos. ¿Cómo se crean estas situaciones de oposición entre representantes y representados, que del terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral-parlamentario, organización periodística) se refleja en todo el organismo estatal, reforzando la posición relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de la alta finanza, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes de las fluctuaciones de la opinión pública? En cada país el proceso es distinto, si bien el contenido es el mismo.

De hecho, como Gramsci lo indica, el proceso es aún más delicado:

La crisis crea situaciones inmediatas peligrosas, porque los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo. La clase tradicional dirigente, que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reabsorbe el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor que la que poseen las bases subalternas; hace incluso sacrificios, se expone a un futuro oscuro con promesas demagógicas, pero conserva el poder, lo refuerza por el momento, y se sirve de él para aniquilar al adversario y dispersar a su personal de dirección, que no puede ser muy numeroso ni muy adiestrado.(Fuente: Gramsci, A. (1985). Cuadernos de Prisión. Volumen 5. México: Ediciones Era, pp. 52-53, §23).

Cuando «los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo» y la clase tradicional dirigente (que también incluye a ex-golpistas, ex-comandantes guerrilleros, ex-militares de algo rango, ex-políticos derrotados, etc.), con su personal adiestrado o domesticado, «cambian hombres y programas y reabsorbe el control que se le estaba escapando» es, precisamente, cuando el oportunismo y la cooptación ganan ventaja y sin una respuesta clara y contundente pueden resultar victoriosos. Eso es precisamente lo que está intentando hacer el Plan Serrano – con su grupo de colaboradores/as y hasta periodistas en Guatemala – (http://bit.ly/1T3qiwm) y lo que ahora se plantea hacer también el Plan Zamora (ver http://wp.me/p6sBvp-l4): se están moviendo de modo más rápido que la capacidad que tienen los movimientos sociales mayoritarios, los grupos subalternos y los colectivos ciudadanos urbanos que han ganado alguna claridad sobre el proyecto refundacional (aunque no son muchos y, dentro de los mismos, tampoco es mucha gente). Estos proyectos se presentan como proyectos de «salvación», «reconciliación» y, obviamente, «Refundación» precisamente porque esos son los términos que han surgido desde el interior mismo del abismo que se ha abierto con la crisis de hegemonía y soberanía del país y es en ese terreno ideológico y discursivo donde se está ahora dando una lucha importante tanto hegemónica como contra-hegemónica. Son gente que da la impresión de incluso «exponerse a un futuro oscuro con promesas demagógicas» con tal de aparecer como gente dedicada al bien común de Guatemala. Y nuestra reacción todavía es lenta aunque segura.

El término Refundación así como ha sido el caso de los términos revolución o reforma no es, pues, una excepción. Siempre hemos sabido que habrá gente sincera u oportunista, de todos colores, que van a someter los términos de la #Refundación, incluyendo el término mismo, a un proceso de interpretación que obviamente refleje sus intereses y valores, explícitos o implícitos. Eso no es raro. Lo raro sería renunciar a nuestro proyecto refundacional desde abajo, radicalmente democrático y rupturista porque ex-golpistas, ex-guerrilleros sectarios y ex-militares a la deriva quieren robarse el término para buscar su propia redención y «reconciliación». Lo raro sería rendirse antes de que empiece lo serio.

Hay que tener visión histórica y sabiduría política para responder a todos estos desafíos.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

www. albedrio.org


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