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Del «ideario liberal» a la Refundación desde abajo, democrática y rupturista
Por Marco Fonseca - Guatemala, 14 de mayo de 2016

MRM dice: «Numerosas organizaciones, grupos e individuos claman por “hacer algo” para cambiar su país. Pero no saben qué es ese “algo” ni cómo se lleva a la práctica.» (ver http://elperiodico.com.gt/?p=52166). ¿Y él sí?

Desde hace una década, sino más, MRM ha venido proponiendo un «ideario liberal» – como sucesor y, de hecho, «renovación» del ideario revolucionario del 44-54 pero también como sustituto del neoliberalismo cacifista de hoy – del siguiente modo:

«He repetido muchas veces que el eje político e ideológico para diseñar un interés nacional interclasista e interétnico a largo plazo, puede ser el ideario liberal (no el neoliberal), caracterizado por la libertad económica, que implica ausencia de prácticas monopolistas; por la igualdad de oportunidades (no de metas, porque esto lo decide la capacidad de cada cual), también conocida como justicia social; y por la libre competencia genuina, en la que quien ofrezca el mejor producto a mejor precio hegemonizará sin cortapisas el mercado. Esto implica democracia en lo político y, por supuesto, la tutela de un Estado pequeño pero fuerte en el cumplimiento de los principios de la libertad económica, la igualdad de oportunidades y la libre competencia.» (Fuente: http://goo.gl/iDvSIG).

Hay que leer claramente: «Esto implica democracia en lo político [pero no en lo económico] y, por supuesto, la tutela de un Estado pequeño [como lo demandan los neoliberales] pero fuerte en el cumplimiento de los principios de la libertad económica, la igualdad de oportunidades y la libre competencia [como precisamente lo demanda el cacifismo y el neoliberalismo hoy]. Que no resulte, pues, MRM diciendo que sus propias líneas tienen que ser bien entendidas como si estuviera planteando alguna versión del Estado de bienestar social o, ya no digamos, el Socialismo del Siglo XXI. No puede afirmar que lo que está hablando es de un empresariado competitivo pero sin el Cacif, es decir, un capitalismo nacionalmente controlado de pequeños empresarios sin los grandes monopolios del Cacif o de las transnacionales. Yo se, por supuesto, que es así como él defiende estos argumentos espurios. Pero lo que está planteando, como él mismo lo pone, es un capitalismo donde «quien ofrezca el mejor producto a mejor precio hegemonizará sin cortapisas el mercado» y por lógica pondrá fin a la competencia. Y esto no es nada más que una versión de cacifismo puro y desnudo, es decir, el ideal (en el sentido de la competencia perfecta de la que habla Hayek) que el Cacif tiene de sí mismo pero que no tiene reparos en usar precisamente para hegemonizar sin cortapisas al mercado (!).

Es interesante que un pensador como MRM que constantemente afirma que las protestas ciudadanas del 2015 fueron producto de la manipulación de Washington y constituyeron lo que él erróneamente califica, para el contexto de Guatemala, como una «revolución de colores» no se de cuenta que la idea de un ideario liberal pequeño burgués, una sociedad política dirigida por una figura tan hegemónicamente central de la sociedad civil como el pequeño empresario, todo dentro del marco de la «libre competencia», es precisamente parte de lo que Washington está desplegando a nivel global con sus políticas de «promoción democrática». Eso es lo que demuestran los estudios comprensivos sobre estas políticas hechos por académicos de talla internacional como Steve Derné quien habla de que un aspecto ideológico-político central de la globalización neoliberal es la creación de una «clase media transnacional»; William I. Robinson quien demuestra el vínculo que existe entre las políticas de asistencia para el desarrollo de Washington, la construcción de ONGs y la creación de un «empresariado social» así como económico que sirva de soporte a la democracia liberal poliárquica. Quizás la falta de conciencia sobre esto en el trabajo de MRM se deba a que Washington no solo promueve la democracia poliárquica de modo ideológico y así fácil de criticar y rechazar sino también de modo hegemónico, es decir, como una forma de pensamiento que aparece como resultado incluso del pensamiento crítico, tal y como es el caso del pensamiento de MRM. En otras palabras, hay más contenido hegemonizante en las propuestas que defiende MRM que en las protestas ciudadanas del 2015.

Pero el giro de MRM hacia el «ideario liberal», algo así com le ha pasado a otros intelectuales veteranos de la vieja izquierda, también me hace pensar en la necesidad de repetir la crítica de Marx a estas robinsonadas hegemonizantes como la articuló en la introducción a sus Grundrisse. Parafraseando las palabras de Marx podemos decir que el pequeño empresario solo y aislado o incluso como parte de su propia clase, similar al cazador o al pescador aislados con los que comienzan Smith y Ricardo o al «empresario honesto» que hoy defiende MRM, pertenecen realmente a las imagi­naciones desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas dieciochenas. Cualquier «contrato social» o «pacto social» que pueda surgir de estas robinsonadas hoy, contratos que ponen en relación y conexión a estos/as pequeños empresarios a través precisamente del contrato o de su constitución y los vuelve «sujetos por naturaleza independientes» pero también iluminados o adelantados en su visión de clase o ideología política reposa ya sea sobre un naturalismo ingenuo o un historicismo dogmático. Pero esto es sólo la apariencia, «y la apariencia puramente estética, de las grandes y pequeñas robinsonadas.» Hay mucho más. En realidad, como nos dice Marx, «se trata más bien de una anticipación o representación de la “sociedad civil” – sí, esa que hoy es la sociedad civil hegemónica del discurso neoliberal – que ya se preparaba – en la perspectiva de Marx – desde el siglo XVI y que en el siglo XVIII – ya no digamos en el nuestro – «marchaba a pasos de gigante hacia su madurez» (ver Introducción a los Grundrisse). Pues el pequeño burgués, el pequeño empresario, el «empresario honesto» es, en su propia subjetividad y por su propia condición histórica, el sujeto de la hegemonía y la normalización que hoy solo puede ocurrir bajo el comando de la globalización neoliberal.

La propuesta liberal de MRM, en varios de sus disfraces, es una propuesta que hemos sometido a crítica sin azúcar en varios de nuestros trabajos. Habiendo expresado algunos de esos mismos elementos en mi libro «Entre la comunidad y la república» (2004), hoy me doy cuenta perfecta de lo problemático que fueron esos planteamientos incluso para ese momento histórico. Aunque el empresario pequeño, honesto, trabajador, como líder y encarnación del ideario liberal, lo que en otras piezas MRM llama «el empresario ejemplar» (http://www.narrativayensayoguatemaltecos.com/?p=8174) aparece como un ideal cuya existencia habría pertenecido a procesos democrático-burgueses del pasado, lo que supuestamente fue la Revolución de Octubre en Guatemala, hoy es una propuesta que aunque suene como una crítica al neoliberalismo desnacionalizante, corrupto, extractivista y globalizador, como si fuera el proyecto que hay que construir para el futuro de Guatemala, es en realidad una propuesta equivocada que quiere reivindicar como principio ideológico, político y económico organizador lo que de hecho es solo un espantapájaros. Aunque MRM la presente y defienda como como una propuesta antitética al neoliberalismo de la UFM, la EdG y Fundesa argumentando que «el neoliberalismo no es liberal» (lo que es un error teórico e histórico que ignora la metamorfosis intrínseca a ciertas formas de liberalismo mismo) (http://goo.gl/r13V01), es una propuesta que sale de la cabeza de un intelectual que se cree en posesión de un criterio de verdad suprahistórico y que habla con la autoridad que le confiere el culto indebido a su personalidad. Aunque MRM la presente pues como una «renovación del ideario de octubre» (http://www.narrativayensayoguatemaltecos.com/?p=202), es en realidad la reproducción de un ideario que no sale de abajo sino de lo abstracto y lo puramente académico. Y no tiene ninguna conexión orgánica con las condiciones históricas del capitalismo periférico pero globalizado de Guatemala en el contexto de la crisis de hegemonía, soberanía y el cambio climático de hoy.

Me parece, pues, que MRM no ha leído las posiciones claras, concretas e históricas de los movimientos sociales mayoritarios en Guatemala que responden con toda claridad a los múltiples desafíos que hoy se le plantean a Guatemala. Son posiciones que se centran en torno – de modo general – al Buen Vivir y no tienen nada que ver con esa versión abstracta de «pequeño empresariado», con su liberalismo pequeño burgués o su «ideario liberal» tal y como MRM lo ha imaginado y planteado, que completaría o «renovaría» la inacabada revolución democrático-burguesa de Guatemala. Eso ya no se puede hacer ni siquiera con los Acuerdos de Paz. Esa es pues una agenda históricamente desfasada en tanto que se plantea poner a dicho «pequeño empresariado» con la clase obrera asalariada (entendida de modo ortodoxo) como el motor de la revolución democratice-burguesa «renovada».

Los movimientos sociales mayoritarios saben perfectamente bien lo que quieren y cómo ponerlo en práctica. La hoja de ruta es clara y está escrita en la pared. Creo que MRM tiene que sentarse, cómodamente, y leerla con cuidado en los documentos de la ASP, CODECA, Waqib’ Kej y CPO, entre otros. Y luego escribir.

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

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