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Los fundamentos de la Refundación
Por Marco Fonseca - Guatemala, 4 de junio de 2016

Uno de los fundamentos de la teoría y política de la Refundación viene del trabajo de Gramsci. En este sentido preciso, entonces, no se trata de una idea nueva o de cuño liberal. En manos de Gramsci es una «revolución dentro de la revolución», una «revolución contra El Capital», una revolución «moral e intelectual» contra la ortodoxia pero también el dogmatismo. Eso es lo que he visto, con mucho detenimiento, en el capítulo sexto de mi libro «Gramsci’s Critique of Civil Society. Towards a New Concept of Hegemony». Pero también es algo que he sustentado en otros trabajos un tanto extensos, tanto en términos teóricos como históricos, basándome no en una discusión metafísica sino en en las experiencias refundadoras de Ecuador, Bolivia y Venezuela en los últimos diez años (ver http://wp.me/p6sBvp-6; http://wp.me/p6sBvp-81). Es algo que también ha sido adoptado y adaptado para Guatemala en propuestas refundacionales hechas por la Asamblea Social y Popular (ASP) (ver http://goo.gl/QyuiAy), la Convergencia Waqib Kej (ver http://wp.me/p2EL0a-AN; http://goo.gl/9fYFFm), el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) (ver http://wp.me/p7j5Au-b), el Consejo del Pueblo Maya (CPO) (ver https://goo.gl/VqTUc3) y otras organizaciones. Finalmente es algo que también ha surgido del trabajo de teóricos/as comprometidos/as con las mayorías sociales tanto indígenas como no indígenas y que han tenido participación directa en los procesos refundacionales de Sudamérica (ver, entre muchos otros, http://goo.gl/ZgmbCO; http://goo.gl/y7juS6; http://goo.gl/rpNDvu). No es pues un argumentito casual que no toma en cuenta las experiencias históricas o las objeciones teóricas o políticas que usualmente se yerguen contra esta idea aunque en Guatemala preferimos quedarnos en la metafísica de la Refundación con el objeto de no empuñar la piocha y la pala del trabajo moral e intelectual así como político y constitucional (ver http://wp.me/p6sBvp-k1) que la misma requiere y que ya está siendo avanzado por la gente de abajo y sin necesidad de quienes nos creemos «intelectuales».

En efecto, desde Gramsci hasta Boaventura de Sousa Santos, la idea de la Refundación es, en su esencia, una crítica a cualquier forma de esencialismo incluyendo esencialismos étnicos en los que, en algunos casos, se fundamenta el argumento de la «fundación» incluso por gente que una vez habló más coherentemente de Refundación pero que hoy, con los insumos de algunos elementos aislados y contradictorios de la teoría poscolonial no reconocida y con el deseo de diferenciarse y purificarse ideológicamente hoy enarbolan la bandera de la «fundación» (ver por ejemplo http://www.alainet.org/es/node/163090 y como contraste esto http://goo.gl/B4hGSX). La idea de la Refundación es también una crítica a los esencialismos de género (en los que se fundamenta la idea liberal del patriarcado como algo separado y aislado de otras condiciones sociales diferencialmente opresoras) o de clase (en los que se fundamenta el argumento del vanguardismo obrero y de una futura «dictadura del proletariado» pero solo cuando se den las condiciones históricas adecuadas). En la tradición gramsciana lo democrático y lo nacional, lo étnico y lo nacional así como lo de clase y lo de género, se vuelve algo radicalmente plural, rizomático, autónomo, constituyente y popular. No es que estas distintas formas de opresión o reinvidicación pierdan su vitalidad o legitimidad sino que el centro de la totalidad social no puede reducirse a una de ellas. No hay espacio aquí pues para argumentos que tornan el colonialismo, el patriarcado o la dominación burguesa como el elemento «sobredeterminante» del proceso político y construcción del poder constituyente como un todo. No hay espacio aquí para los argumentos que hablan de plurinacionalidad pero lo hacen en base a esencialismos de uno u otro tipo. Aunque Gramsci, por supuesto y de acuerdo con el pensamiento crítico más reciente, acepta el carácter protagónico de «el pueblo», la gente «de abajo», los grupos subalternos, el constitucionalismo rupturista nos plantea la necesidad de aceptar sin reservas el pluralismo que caracteriza a los movimientos sociales mayoritarios.

La objeción de clase, la que dice que «El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía» y que, por lo tanto, reivindica lo que Gramsci llamó la estrategia del 48, es decir, la guerra frontal de movimientos y la «revolución permanente» que surge de esa experiencia en el siglo XIX, no solo se queda corta sino que es equivocada. El modelo de Estado como simple guardián de los intereses de una u otra clase dominante está hoy obsoleto. Y por ello precisamente es que Gramsci y gente crítica en esa tradición tuvieron que inventar toda una serie de conceptos complejos, desde Estado integral y orgánico hasta «guerra de posiciones» y contra-hegemonía, no solo para dar cuenta de las nuevas dinámicas político-culturales de la dominación en el siglo XX sino también para desarrollar estrategias viables que nos puedan llevar a una posible revolución. Bajo las condiciones del capitalismo globalizado contemporáneo, incluyendo el capitalismo extractivista de Guatemala, pero también bajo las condiciones de su reproducción cultural ampliada, incluso en esferas públicas monopolizadas como las de Guatemala, es IMPOSIBLE hablar de «revolución» en los viejos términos leninistas sin tomar en cuenta no solo el carácter rizomático y plural de los de abajo sino también el carácter cooptador, normalizador y restaurador de lo hegemónico. De allí que Gramsci nos desafía a criticar a la «sociedad civil», es decir, los mecanismos, instituciones y estrategias, ya no digamos el «sentido común» y el «consentimiento», que operan como mecanismos tanto mediadores como legitimadores encargados de normalizar, cooptar o restaurar un régimen que entra en crisis hegemónica como ha ocurrido en Guatemala. En este contexto, por tanto, los viejos términos que la izquierda ha empleado por años sobre lo que es la ruta y la naturaleza de la toma del poder y cambiar el poder, ya no digamos sobre lo que es el Estado, tienen que ser redefinidos radicalmente. Y, como lo demuestro en mi libro sobre Gramsci, los términos clásicos de Lenin sobre el Estado, el partido, la hegemonía, la revolución, etc, son hoy mas que insuficientes para permitirnos construir lo que Gramsci llama el «Principe Moderno», es decir, al actor dual y dialéctico, tanto rizomático y autónomo como disciplinado y nacional-popular, de la Refundación. Esto está explorado en mi pieza publicada por el IPNUSAC sobre el Partido de la Refundación así como en mi pieza, también publicada por el IPNUSAC, titulada ¿Qué hacer? Ideas gramscianas para una coyuntura de restauración. Los fundamentos básicos de una propuesta constitucional rupturista para la Refundación como una opción del Buen Vivir en Guatemala (ver parte I aquí https://goo.gl/UmdZQS) así como las propuestas electorales que deben llevarnos a ese fin ya están elaboradas (ver http://wp.me/p6sBvp-hi).

Finalmente, la objeción de que el carácter polisémico del término Refundación es precisamente el que debe llevarnos a buscar mejores términos me parece, sencillamente, derrotista (ver http://wp.me/p6sBvp-lb). Hoy más que nunca, cuando la vieja clase política mezclada con ex-militares y ex-guerrilleros quieren cooptar la idea de Refundación; hoy más que nunca, cuando los movimientos sociales mayoritarios y pobres de Guatemala son quienes ellos mismos nos interpelan a pensar la Refundacion y la construcción de un Estado plurinacional, democrático y postneoliberal de modo rupturista es cuando hay que reclamar y reivindicar un término que da voz clara a las luchas del día de tal modo que otros términos, desde «fundación» hasta revolución, no pueden hacerlo. En este sentido, como dice Gramsci, hay que retornar al pueblo y caminar con el mismo sin esencialismos pero un compromiso radical con las mayorías sociales.

 

Vamos patria hacia la #RefundaciónYa desde abajo, democrática y rupturista

Marco Fonseca es Doctor en Filosofía Política y Estudios Latinoamericanos por parte de la York University. Actualmente es instructor en el Departamento de Estudios Internacionales de Glendon College, York University.

www. albedrio.org


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