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¿Qué pasó con el sandinismo?
Por Marco Fonseca - Guatemala, 8 de agosto de 2016

En principio no es políticamente saludable que liderazgos políticos de cualquier clase se perpetúen en el poder legítima o ilegítimamente.

La postulación de Ortega por tercera vez (en su segunda generación de mandato presidencial) y ahora con Murillo, su esposa y compañera de fórmula, implica para mi fundamentalmente una falla profunda dentro del sandinismo mismo. Y esto solamente hace empalidecer otros problemas que está experimentando el sistema político nicaragüense en el presente ciclo electoral.

Se trata, sobre todo, de una falla en la dinámica política contra-hegemónica y anti-caudillista que debería de estar operando, sin controles partidistas, desde abajo. Se trata así de una falla en los procesos participativos y horizontales que deberían definir la política de las bases, es decir, una falla de lo espontáneo y lo rizomático y, por tanto, una falla en los procesos de construcción de liderazgos nuevos y jóvenes desde abajo y en procesos de relevo generacional y político de los liderazgos establecidos. En su dinámica de poder más fundamental, entonces, parece que el sandinismo en el poder ha sido transformado por sus líderes en una cleptocracia tropical, donde las bases sirven para avalar decisiones hechas de modo centralista y de antemano entre un grupo selecto de poder, al estilo del régimen establecido por el mismo expresidente Arnoldo Alemán (se dice que Aleman se embolsó alrededor de $100 millones entre 1997 y 2002). El sandinismo ha sido convertido, como lo dice Dora María Tellez, en «la maquinaria política de una familia» (http://goo.gl/WBNLbm).

Claro, Ortega tuvo su momento histórico en los 80s aunque el mismo haya terminado en la desgraciada «piñata» de los bienes públicos nacionalizados por la revolución. Pero su retorno a la la política en 2007 con un sandinismo rosado y un «socialismo democrático», bajo la sombra larga de alegatos muy creíbles y bien sustentados de abuso sexual contra su propia hija Zoilamérica Narváez (su inmunidad como miembro de la asamblea lo salvó de un juicio), después de su propio «nacimiento de nuevo» como evangélico contra el aborto, después de años de dominar la legislatura nicaragüense como parte de un pacto oprobioso con Arnoldo Alemán y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), fue muy, muy cuestionable. Fue su manipulación de la ley electoral la que benefició el retorno de Ortega al poder en las elecciones del 2006. Y aunque Ortega haya resultado dándole apoyo importante a Venezuela y Bolivia, haya roto relaciones diplomáticas con Colombia a favor de Ecuador en 2008 y haya declarado su opción por ALBA en 2011, ello no lo exime de todos los problemas anteriores y muchos otros. Su proyecto del canal de Nicaragua construido y financiado por China es un desastre ambiental, ecológico y comunitario sin igual en la historia del país y las promesas de crecimiento económico, aumento a los ingresos del Estado y creación de empleos estables simplemente no son compensación suficiente.

En todo caso, líderes/as que se creen insustituibles o indispensables, de cualquier color u orientación ideológica, son líderes/as que han capturado al poder desde arriba y, con ello, hegemonizado al pueblo de abajo.

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