Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El Patético periodista Andrés Zepeda
Por Marcela Gereda - Madrid, 16 de enero de 2007
marcela.gereda@gmail.com

“Los espíritus libres no deben aprender como esclavos”.
Sigmud Freud

Hace algunos días leí un blog titulado como este mismo texto. En el mismo se criticaba al periodista Zepeda por sacar a la luz información sobre la Universidad Francisco Marroquín. Entre los diez distintos comentarios en los que diferentes marroquinistas defendían su institución, no encontré mucha variedad. Creo que se pueden sintetizar todos ellos en un solo: “la Universidad Francisco Marroquín, es libre y es muy meritoria por tener alumnos en el extranjero y logros académicos internacionales”. Además de decir que el Muro de Berlín cayó en 1991, los marroquinistas no hacen sino atacar a Zepeda.

Hablo desde mi experiencia de haber sido alumna en la Universidad Francisco Marroquín, en la Facultad de Odontología, y también desde mi amistad con varios profesores y alumnos de dicha institución. “La misión de la Universidad Francisco Marroquín es la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”.

¿Qué quiere decir esta misión para una sociedad tan desigual como la guatemalteca? ¿Sobre qué bases se funda esta doctrina?, ¿qué tipo de sociedad y sistema legitima esta doctrina? Cuando se menciona la difusión de principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres, ¿no se apuntará más bien a la propagación de ideologías neoliberales para la legitimación del sistema económico de una sociedad regida oligárquicamente, con el nombre de “sociedad de personas libres y responsables”?

Entre algunas de las premisas en los discursos pronunciados por Manuel Ayau y Armando de la Torre, sobre las que se fundamenta el neoliberalismo de la Universidad Francisco Marroquín, se encuentra esta: “La Universidad Francisco Marroquín tiene por sobre todas las cosas, la defensa, práctica e instrucción del Neoliberalismo”.

En términos del geógrafo David Harvey, el Neoliberalismo es una manera de entender y practicar el mundo, es una ideología empresarial. Tanto implícita como explícitamente, esta corriente de pensamiento dialoga con los miembros de un determinado colectivo de cómo éste debe de desenvolverse e interactuar dentro de la sociedad, una sociedad mercantilsita y regulada por el mercado.

Las doctrinas o ideologías de extensión promovedora de la UFM, son una cuestión completamente distinta en la teoría que en la praxis: en teoría, el mercado juega con reglas claras y tanto consumidor como productor son libres, sin embargo, en la práctica, no es el consumidor quien coloca las pautas, sino son los grupos de poder (egresados de la UFM) avalando sus propios intereses y protegiendo sus empresas y monopolios.

Sin lugar a duda, la UFM es elitista y poco moderna. Imparte una doctrina que no tiene rostro humano, ni es adaptable a la realidad social y económica desigual que caracteriza a Guatemala.

Las doctrinas en las que se fundamenta la ideología de la UFM convierten absolutamente todo en mercancía, bajo la idea de que las leyes del mercado son más inteligentes que las regulaciones del Estado. También desde un positivismo absurdo se proclama el mercado como sinónimo de progreso, sin importar cómo se instituya el mercado y bajo las reglas de qué y quién.

Estas doctrinas venden la idea del “libre mercado”, que de libre no tiene nada, pues éste no es precisamente competir con reglas claras e iguales, en diálogo, sino más bien en desigualdad, en un diálogo dotado de poder: un monólogo que lleva a los monopolios y privatizaciones. Así, las reglas del Mercado están pautadas por la oligarquía (la “iniciativa privada”), y esta institución funge como legitimadora de esas reglas. La Universidad Francisco Marroquín reproduce en los imaginarios de los alumnos ideas positivistas y prácticas proteccionistas heredades de la oligarquía guatemalteca.

Por otro lado, esta institución mantiene a sus alumnos alejados de la realidad de Guatemala. Alejados de los conflictos de su tiempo. Cuando, como señala el pedagogo brasileño, Paulo Frerire , el sistema educativo debiera operar como agente de transformador social. Más en una sociedad tan polarizada como la guatemalteca.

Cuando estudié ahí (1999) recuerdo los costos elevadísimos que pagábamos los alumnos, tanto de Medicina como de Odontología, para supuestamente recibir un buen producto a cambio. Un ejemplo de ello fueron los estudiantes de Medicina, quienes eran 35 en total. En un solo semestre dejaron un millón de quetzales entre cuotas mensuales y uso de laboratorio (el cual no utilizaban), porque fue el año de prácticas cuando asistían a los hospitales Rodolfo Robles, Roosevelt e IGSS. Cuando solicitaban a las autoridades de la universidad que compraran revistas de vanguardia en medicina, la respuesta siempre fue: “la Universidad no tiene dinero”.

Así es la UFM: reproduce ideologías que legitiman un sistema de desigualdad económica. Una institución que se autoproclama como libre sin permitir a sus alumnos la libertad del pensamiento. Una institución que uniformiza la razón crítica y reflexiva. Llama la atención que las respuestas de los marroquinistas son todas uniformes. Palabrería masificada, disfrazada de la ilusión de quien cree pensar por “cuenta propia”.

También la UFM es el reducto de la gente “cool”, la cual se traduce en una cultura específica. Es una manera determinada de ver y explicar la realidad. Ser “cool” requiere compartir códigos y hábitos, asistir a ciertos eventos sociales, compartir formas de vestir, consumo de determinados artículos y lugares, salones de belleza, el “gym”, la Iglesia y, sobre todo, compartir una visión concreta de qué es Guatemala. El individuo masificado adquiere un alma colectiva por la cual piensa y siente de distinta manera que si lo hiciese de manera individual. Los contenidos inconscientes influyen en lo orgánico y en la inteligencia; el inconsciente (colectivo y masificado) es mayor que el nivel consciente.

Es una visión que abarca desde administradores de empresa que parecen estilistas de salón de belleza, hasta “chefs”, diseñadores de interiores y otras profesiones para servir a la oligarquía y que en nada contribuyen a construir una sociedad más justa y libre.

Recuerdo cierta ocasión, en la que escuché a una ex alumna de la Marroquín decir: “pobres los niños de Irak, gracias a Dios que aquí nunca ha habido guerra”. Sobretodo me sorprendió que no me sorprendiera este comentario excluyente e ignorante. Hay aquí una crisis de identidad y pertenencia, ceguera y desconocimiento por el sufrimiento del pueblo. Apatía y poca capacidad explicativa: nula visibilidad de lo que acontece frente a nosotros, y por qué las cosas acontecen como acontecen.

No querer ver una realidad que se tiene en frente es en definitiva cegarnos a los hechos, responde a un interés específico de percibir y actuar sobre el mundo.

Los símbolos y códigos por los que optamos para ordenar y dar estructura a “la realidad” legitiman formas específicas en las que y por las que la gente vive sus vidas.

Por tanto, como argumenta el sociólogo y filósofo francés Michael Foucault, el racismo del estado y de las oligarquías legitima un sistema de dominación y continuidad del poder hegemónico. Es precisamente esto lo que hace la Universidad Francisco Marroquín.

Oscar Wilde proponía como ideal ético (y estético): poner espejos, molestar poniendo una sombra que nos refleja: una fotografía de la combustión social. Me parece que esto es en parte lo que Zepeda hace y por ello es un espejo que tanto molesta a los maroquinistas: por su reflejo.

El patético periodista Andrés Zepeda es una voz que se atreve a pensar y devolver el reflejo del espejo que tanto molesta. De pensar más allá de normas y reglas de conducta social. De ver desde lentes desde los que nadie se atreve a ver. Desde la libertad. Decir la palabra verdadera es transformar el mundo. Cosa que no hace la Universidad Francisco Marroquín.

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.