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Apocalypto
Por Marcela Gereda - Madrid, 22 de enero de 2007
marcela.gereda@gmail.com

“Que no haya uno, ni dos entre nosotros que se quede atrás.
Así hablaron cuando celebraron consejo.
Y armáronse todos los pueblos”
Popol Vuh, cap.III

Vengo de ver la película de Mel Gibson que tanta polémica ha suscitado entre la población guatemalteca. Quince millones de espectadores en las taquillas de Estados Unidos al estreno. Ritmo de idioma maya yucateco y Garra de Jaguar haciéndose presente en las pantallas de Barcelona como de Japón. De Finlandia como de Londres.

Se ha tildado a la producción de “racista”. Precedida a esta acusación, Apocalypto es el intento de Mel Gibson por recrear la cultura Maya en su colapso. En esta superproducción que tiene un supuesto fundamento en el libro sagrado quiché Popol Vuh encontramos una fatal banalización de la civilización Maya; haciendo de lo sagrado algo brutal y salvaje. Personajes planos y maniqueos: los jerarcas como los “malos” y las tribus como “los buenos”.

Las imágenes oscilan entre cabezas rodando sobre el Gran Jaguar, corazones palpitantes, terrenos cundidos de cadáveres de esclavos decapitados. La cacería de un jabalí la cacería humana, y un largo como sangriento etcétera.

Crueldad y violencia. Pasión y barbarie. Odio y ferocidad es lo más profundo que alcanzó ver el lente de Gibson. A pesar de que en una entrevista que le hicieron recientemente a Mel Gibson, dijo: “quien quiera hacer una crítica a la película, deberá de investigar primero”. Una contradicción: es él el primero en no haberse dado a la tarea de investigar.

Cuando digo investigar, me refiero a una producción como la que logró, por poner un ejemplo, el director francés Jean Jeaques Annaud en El nombre de la rosa. Más de cuatrocientos monasterios visitados. Agotamiento de la literatura histórica sobre el medioevo. Y búsqueda de miles de referencias filosóficas, literarias e históricas para hacer una producción cuidadosa y de altura con encantamiento y mística, da por resultado una atinada adaptación de la novela de Umberto Eco, y a ciertos aspectos de una época de la historia de la humanidad.

Apocalypto en cambio en una evidente descontextualización, ridiculización y prsotitución de lo que pudo provocar el colapso de la civilización Maya.

Está descontextualizada, primero, porque los hechos del período posclásico de los Mayas no pueden ser juzgados ni con la moral occidental, ni el tiempo de hoy. Más que perversos y crueles –como lo eran intrínsicamente además de utilizar a esclavos cautivos para construir los grandes templos y ciudades - los sacrificios humanos eran un ritual. Una ofrenda a los dioses. A pesar de que es un motivo frecuente en el arte y las inscripciones el sacrificio ritual por decapitación, este fue descrito como acto de “creación” (cosa a la que Gibson no hace referencia). Señala el arqueólogo de la Universidad de Harvard David Stuart: “El sacrificio de prisioneros recreaba el complejo de mitos que permitía el establecimiento de un orden cósmico y fue clave en la ideología de los señoríos mayas”. Un ejemplo de ellos son los murales de cautivos en Bonampak, Chiapas.

Segundo, ridiculización por hacer de lo solemne algo banal, grotesco y nauseabundo. Por la lisura y poca profundidad de los personajes. Nada queda de fuerzas cósmicas. Deidades o ciclos vitales presentes en manuscritos, códices y murales. Si tanto quería retratar la sangre, Gibson pudo quizás haber dado al público el simbolismo de la sangre en los rituales. Nada cercano a esto, da a entender que el sacrificio humano era un circo romano y no un ritual sagrado y solemne para los dioses.

Tercero, prostitución porque es un lente que no profundiza más que en lo que interesa para hacer una producción que venda. Un lente que no sabe traer una luz cálida, no sabe captar el conocimiento astronómico, la concepción del tiempo, la relación con la Tierra, los mitos de Creación. Solo sabe el lente centrarse en un cansado cuanto repulsivo Deja Vu, en el que se sabe quién va a matar a quién.

Una de las principales fuentes para conocer el pensamiento de los Mayas, es el Popol Vuh, el cual tiene un estilo ritual y solemne. Repleto de simbolismo y evocaciones ceremoniales. Lenguaje poético que a cerca de quienes tengan ojos para ver y corazón para imaginar a un mundo cargado de mitos y significantes. Mundos mágicos como lo es la manera de ver y estar en el mundo del pueblo Maya-quiché.

Del Popol Vuh, puede derivarse todo un pensamiento mágico-religioso, con sentido poético donde la violencia, el odio y la ferocidad no es una parte esencial de la manera en que los mayas entendían y explicaban realidad.

Es lamentable que este director no se haya dejado seducir por la Cultura o la literatura Maya, sí tan sólo Gibson hubiera buscado “civilización maya” en google, a lo mejor, algo le hubiera cautivado. Hubiera dado al mundo una versión más redonda del colapso Maya.

En un período de la historia donde hay importantes y exhaustivos estudios arqueológicos y antropológicos es lamentable que el director haya hecho una extracción tan plana de la Cultura Maya. Un retrato pobre y somero.

Hay que tomar esta producción mal dirigida como lo que es: otra película más de acción, esas que con tanto fervor consume hoy el mundo. La película en si no dice nada. No deja nada. Lo que habría que plantearnos es quizás qué dice esta producción del mundo que hoy habitamos.

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