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Apocalypto II
Por Marcela Gereda - Madrid, 26 de enero de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Como bien dijo Whitehead, el proyecto que
sigue siendo central, tanto para los
estudiosos de la vida social humana como
para los científicos naturales, es la
inteligibilidad del mundo: “ordenar un
sistema de ideas generales coherente,
lógico y necesario en cuyos términos sea
posible interpretar cualquier elemento de
nuestra experiencia
”.

Wallerstein

 

Al igual que Wallerstein, Eric Wolf propone para estudiar la historia, la idea de una totalidad. Una suma que no puede ser segmentada: “Si por doquier encontramos conexiones, ¿por qué nos empeñamos en convertir fenómenos dinámicos e interconectados en cosas estáticas desconectadas?[1]

La historia se reinventa. Se reconfigura; son múltiples los acontecimientos que van hilando un suceso de otro. Lo que no podemos hacer es analizar los hechos aisladamente, ni desvincularlos de su contexto histórico.

Hace unos días recibí comentarios en los que se me indicaba que los mayas de hecho sí eran brutales y salvajes por practicar el sacrificio humano pues esto equivale a un desprecio por la vida. También se me señala que si somos capaces de justificar los sacrificios humanos, se puede de igual manera justificar las matanzas de Hitler en la II Guerra Mundial. O el racismo hacia los negros en Estados Unidos.

Vamos por partes: primero, los sacrificios humanos que practicaron los mayas no son equivalentes al "desprecio a la vida". Este es un juicio occidental, moderno y eurocéntrico.

El eurocentrismo es un culturalismo occidental que se presenta como universalismo en el sentido que propone a todos una solución a los desafíos de nuestro tiempo. Para el intelectual de origen egipcio S Amin (1989) el eurocentrismo no es la suma de prejuicios, equivocaciones e ignorancias de los occidentales con respecto a los demás. No es un etnocentrismo banal, sino que se trata de un fenómeno específicamente moderno cuyas raíces no van más allá del Renacimiento y cuya difusión se realizó en el siglo XIX. Constituye una dimensión de la cultura y la ideología del sistema mundo capitalista moderno.

Los sacrificios humanos de los mayas no implicaban el desprecio por la vida, esta es una idea de los Derechos Humanos. Una ideología moderna, derivada de los derechos del hombre propuesta por intelectuales iluministas.

Los mesoamericanos en cambio, no hacían sacrificios porque despreciaran la vida sino porque la valoraban como lo máximo, por eso era la ofrenda mayor a los dioses.

Claro que la civilización maya, además de practicar los sacrificios humanos, fue elitista y clasista. Y claro que hay evidencia de amurallamientos y actividad bélica. El problema es centrarse sólo en esto y recargarlo de un “salvajismo” heredado de las ideas positivistas de la Ilustración, en la que se creía que la evolución humana se daba en escalas lineales.

Fue en esta línea positivista (sospechadamente parecida a lo que Occidente pensaba sobre sí mismo) en la que se “ordenó” la diversidad humana, es decir a las culturas y sociedades no occidentales se les calificó sucesivamente como primitivas, exóticas, atrasadas, etc. Siempre vistas por oposición a los conceptos que Occidente había utilizado para definirse a sí mismo, justificando así su superioridad y legitimando su posición de dominio sobre las demás culturas y sociedades.

Es decir que el concepto de “salvajismo” es ilustrado, moderno y eurocéntrico, así como también los derechos humanos, el respeto a la vida (además de cristiano).

Además, el encuentro de Europa con el resto del mundo, no siempre se interpretó como un “otro salvaje”, pues también supuso en algunos casos, el reconocimiento del alto grado civilizatorio por parte de los europeos del siglo XVI, que llamó la atención a los conquistadores como Cortés o a los misioneros como Fray Bernardino de Sahagún. Sin embargo esto fue perdiéndose en los siglos siguientes por el efecto combinado del trágico declive demográfico y la desestructuración cultural, social y política que los europeos de aquella época acometieron intencionalmente.

Claro que las sequías, hambrunas, y las guerras forman parte de las múltiples causas del colapso maya. Y esto no es nada nuevo: en la cuarta parte del Popol Vuh, se habla del período de dominaciones y guerras por el poder. El problema es sólo tomar una de esas causas y exagerarla, dotarla de significación occidental y moral eurocéntrica, y venderla llena de morbo a un público morboso que legitima el poder “bueno occidental”, frente al “salvajismo mesoamericano”.

Segundo, tanto lo que hizo Hitler, como el racismo hacia los negros en Estados Unidos, son anti-valores heredados de la Ilustración. El hecho de que lo que hizo el régimen nazi con sus propios ciudadanos hubiera tenido una respuesta tan pasiva por parte de las democracias liberales de Occidente formó parte de tal conciencia y dio origen a la promesa de "nunca más": esta ideología de marcar un límite de hasta dónde debe llegar la brutalidad humana.

De alguna manera la definición de los derechos humanos fundamentales equivalió a especificar dichos límites universales de la supremacía territorial; con lo que se reveló el sentido de culpabilidad de Occidente, posterior a 1945.

Es necesario comprender que ha habido civilizaciones anteriores a la nuestra, en las que la comprensión y explicación de la realidad era distinta, ni mejor, ni peor, simplemente diferente de la forma de pensar, sentir y vivir la vida de hoy.

Por ejemplo, la venganza era un valor positivo para los romanos. Una moral exquisita, un deber-hacer que se traducía a un deber-ser.

Por último, no se puede condenar los sacrificios humanos precolombinos sin conocer la religiosidad de la época. Y tampoco se puede negar que existieron los sacrificios (como hacen muchos mayas de hoy, esgrimiendo esto como razón por la que se niegan a ver la película o proponen prohibir su exhibición).

Es difícil hablar de la manera de explicar, interpretar, pensar, sentir y vivir la vida de una sociedad precolombina, pero merece la pena buscar la inteligibilidad del mundo, para interpretar nuestra escasa experiencia y huella en el mismo.

[1] Wolf, Eric, “Europa y la Gente sin Historia.”. 1989.

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