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Managua salsa City: devórame otra vez!
Por Marcela Gereda - Madrid, 8 de marzo de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Hace algunos días no ha había leído nada de Franz Galich. Leí lo que algunos literatos y periodistas guatemaltecos escribieron tras su muerte del pasado 5 de febrero. Avergonzada por no conocer nada de su obra, me dispuse a hacerlo alternándolo con café, desvelo y mis tareas de lecturas sobre teoría poscolonial y subalternidad. Entre Guha y Spivak. Said y Foucault se me coló por todos los poros y desde su Amatitlán Managua Salsa City: Devórame otra vez!

Galich en un barajo atípico, anti-solemne y fluidamente humorístico, presenta y construye a Pancho Rana y a La Guajira en una narrativa que habla de múltiples acontecimientos: la reflexión para pensar la periferia desde la periferia.

Desde un consistente uso del lenguaje coloquial Galich invita al lector a conocer y sentir estrepitosamente una noche en la Managua Salsa City . Es imposible no vivir esta novela. Inevitable no adentrarse en los personajes, sentir desde sus poros para ver desde sus ojos.

Es un tipo de etnografía [1], la cual ofrece una amplia panorámica de un imaginario y un contexto social específico (como metáfora de otros imaginarios y contextos centroamericanos) en el que se retrata la voz de actores sociales, música, caos, cocaína, francotiradores, bocinas, marihuana, juergas y bares como parte de la violenta dinámica social urbana.

Esta novela dialoga con nuestra generación por tener un enorme valor para perfilar la cultura, lenguaje y la memoria centroamericana, en el sentido que desde ella se puede rastrear la evolución de la memoria colectiva y el lado oscuro del encendido trópico centroamericano.

Como malabarista Galich juega y explora su ciudad: sale y entra como quiere y por donde quiere. Al lector no le queda sino sumergirse con el, apostarle al Toyota Tercel de Pancho Rana para recorrer las calles de Managua junto a La Guajira para llegar a la hora exacta: “A las seis en punto de la tarde, Dios le quita el fuego a Managua y le deja la mano libre al diablo”

Sin duda, es un escritor que vivió a profundidad su obra, en la que se advierten varios grados de significación. En pocas páginas, Galich logra comunicar mucho: desde esta práctica ética y estética transmite al lector de manera sugerente un sabor local, la exploración de la caótica y siniestra vida urbana, la recuperación del lenguaje popular y una visón del mundo violenta y heredada, dada por las circunstancias económicas que a cada cual le ha tocado vivir.

De estas páginas se desprende que Galich además de vivir agudamente, amó y escribió también intensamente y que de ello se produjo una simbiosis en su obra. En un solo frasco logró combinar estas esencias para entregar al lector lo que escuchó, sintió, observó y vivió en formato de novela. Como Rulfo, Galich escucha al pueblo y le devuelve con humor e imaginación la voz.

Es esto lo que debería de formar parte del currículo académico de estudios básicos en los países centroamericanos, pues habla de nuestra identidad. De lo que debe ser nuestra memoria colectiva. Es una forma concreta de literatura para comprender la relación texto-contexto, para comprender nuestros imaginarios, nuestra identidad cultural y nuestra evolución ideológica y social como centroamericanos.

Como la noche anterior, leo sobre subalternidad, juro que a través de Gramsci y sus conceptos, podré ser libre y emancipar también a los demás. Mientras, debajo de una pila de libros, me observa y consume Managua Salsa City, se dispone a perseguirme en cada esquina, desde ahí chiflar para recorrer a toda velocidad de nuevo nuestro caótico y violento trópico centroamericano.


[1] Etnografía es el método utilizado por los antropólogos para describir un fenómeno social. Es el análisis antropológico como forma de conocimiento. Hacer etnografía es establecer relaciones, seleccionar informantes, trazar mapas del área, llevar un diario, etc. (Geertz, 1973:21)

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