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La exquisita y distinguida "gente bien"
Por Marcela Gereda - Madrid, 2 de abril de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Hace unos días asistí a una reunión de estudiantes chapines en Madrid. El encuentro no fue sino un claro recordatorio del discurso y divulgación del neoliberalismo inamovible que con tanto fervor defienden a capa y escudo los ex estudiantes de administración de empresas de la Universidad Francisco Marroquín, que han venido a hacer su "MBA" (Master in business administration) a Madrid, por un lado, y por otro, comprobar la nociva diseminación de una forma de pensar altamente conservadora y la reedición hegemónica de la oligarquía y sus "juventudes" autoritarias.

Además de repetir desenfrenadamente las ideas masificadas del discurso de Manuel Ayau, estos "jóvenes" no toman distancia de sus posiciones, sino mas bien trasladan sus imaginarios excluyentes y prepotentes sobre qué y quién es Guatemala por un lado, y, por otro, se entienden a sí mismos como "gente bien".

Me sorprendió escuchar a uno de los estudiantes chapines en Madrid diciendo: "espero que sólo venga "gente bien". Al preguntarle a este muchacho qué entendía el por "gente bien" me respondió decididamente: "o sea gente normal, gente como uno pues".

Escuchando sus conversaciones y observando sus actitudes, constato que la denominada "gente como uno" (GCU) es fiel a la ideología empresarial y cree que es producto de una sociedad mercantilista que debe ser regulada por el mercado. Van por el mundo reproduciendo doctrinas que legitiman un sistema de desigualdad económica en una atada y uniformizada palabrería en vez de la posibilidad de la razón crítica y reflexiva.

La GCU se traduce también en una manera determinada de ver y explicar a Guatemala, a los demás y también explicarse a ellos mismos: tener el "exquisito" y "refinado" gusto europeo (sea eso lo que fuere), sentirse criollos, compartir códigos, conductas, tener un "MBA" (tan necesarios para la podredumbre guatemalteca), compartir formas de vestir, de consumir determinadas mercancías y lugares y desde luego la puesta en práctica del neoliberalismo dogmático. La "gente bien" o "gente como uno" copia el acento castellano, y con pocos meses de estar en Madrid imitan lo que ellos consideran como exquisito y distinguido, por esto, hay en ellos una crisis de identidad y pertenencia, ceguera y desconocimiento de lo que pasa en Guatemala.

Sus conversaciones esconden actitudes racistas y elitistas, típicas de los criollos. Por ejemplo, y para sacarme conversación me dicen: "Marcela, deberías hacerte novia de un español para mejorar la raza".

La "gente bien" acarrea con ellos este prejuicio racial y de clase para dar legitimidad a la "blancura" y "criollez", como señala el antropólogo Jorge González Ponciano: "en Guatemala, el advenimiento de la modernidad capitalista trajo consigo un culto a la blancura que sustituyó al mestizaje como movilizador hegemónico. La negación abierta de lo indígena y la activa inculcación de los mitos sobre la supremacía blanca a través de los periódicos durante todo el siglo XIX y XX, hizo que los autoidentificados como ladinos negaran su condición mestiza y adoptaran los prejuicios y estereotipos que vivifican a todos los no blancos".

La blancura para estos discípulos de Manuel Ayau y cachorros de presa de la Universidad Francisco Marroquín, no está restringida a una condición fenotípica, ni tampoco es solamente sinónimo de ser europeo, estadounidense, criollo, blanco o ladino, más bien el culto a la blancura que ellos hacen supone el poder de decidir e imponer los criterios que humanizan a los hombres y a las mujeres en el planeta. Esos criterios establecen que el ser humano es equivalente de moderno, individualista, racional, urbano, alfabeto, rico, dueño de propiedad privada, consumista, cristiano y anticomunista.

La "gente bien" siente profunda admiración hacia las mercancías, modas y estilos de vida europea, y rechazo hacia lo guatemalteco, exacerbando actitudes de superioridad frente lo no blanco, frente a lo no criollo, sin lugar a duda estas peculiares manifestaciones de chauvinismo nacionalista de los administradores de empresa de la "mito Marroquín" (digo mito pues además de ser incapaces de reflexionar por si mismos, son solo hábiles para repetir frases hechas, cuyo contenido de verdad se desmiente inmediatamente tras una reflexión seria) reflejan las contradicciones irresueltas de la identidad de la elite guatemalteca.

La "gente bien" es un caso ejemplar de la coexistencia del discurso neoliberal y el universo simbólico de creencias, valores y actitudes europeas parecidas a las de una "casta divina" que no siente obligación política o económica alguna hacia las castas menos favorecidas de la sociedad-como bien lo señala González Ponciano.

La "gente bien" o "gente como uno" son un ejemplo más de la conciencia clasista y racista de nuestra más distinguida y exquisita sociedad guatemalteca, que sólo repensarla me rompe cualquier esquina de la primavera de Madrid.

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